Opinión: ETB: ¿“Un par de zapatos viejos”?

El presidente de la ETB, Jorge Castellanos, la definió en 2016 como “un par de zapatos viejos” y así inició el cuarto intento de venta en veinte años.

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En cabildo abierto, promovido en febrero de 2017, se contradijo tal sentencia: se demostró que en veinte años le transfirió al Distrito $2,75 billones; que agregaba el 33 % del valor de las telecomunicaciones de Bogotá; que era un conglomerado empresarial TIC, más que una simple empresa de teléfonos; que millón y medio de abonados en telefonía fija no eran un pesado fardo, sino que creaban fortalezas para internet de banda ancha.

Además,  que muchas compañías TIC en el mundo eran estatales; que si se entregaba ETB a firmas dominantes del mercado se afectaría el bienestar del consumidor; que privatizarla era renunciar a una política pública de comunicaciones hacia el desarrollo, y se exhortó a potenciarla, ya que los indicadores comerciales, administrativos y financieros estaban tan deteriorados que sugerían el montaje de dañinas acciones deliberadas.  

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No fue suficiente el cabildo. Peñalosa siguió la ruta de la subasta. Sin embargo, en noviembre de 2018, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca paró el proceso al dar la razón a sindicatos y concejales, encabezados por Manuel Sarmiento, que dijeron que el Concejo no podía autorizar la venta en el Plan de Desarrollo sino que requería trámite aparte. 

Para esa fecha Castellanos, contrario a lo dicho, anunciaba que la ETB “con Ebitda acumulado anual de $395.000 millones, con margen del 36 %, se ubica en la parte superior de los registros de la industria”, y que “mantiene un flujo de caja operativo con saldo positivo de $194.000 millones”. Es decir, el potencial empezaba a concretarse. Hace tres meses, el alcalde Peñalosa decidió desistir de la transacción, lo cual tumbó la acción en la Bolsa amarrada como estaba a la expectativa de la almoneda.

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A contramano, los resultados de la empresa para 2018 y el primer trimestre de 2019 continúan en terreno positivo. Los activos cayeron de $4,6 billones de 2016 a $4 billones en 2018 y los pasivos bajaron de $2,3 billones a $2,09 billones, pero las pérdidas netas pasaron de -$254.686 millones en 2016 y de -$129.566 en 2017 a utilidades netas por $40.704 millones al cierre de 2018. Para el primer trimestre de 2019 la tendencia persiste: el margen de Ebitda subió hasta el 39 % y no hubo pérdidas.

Lo más destacable es que 1 de cada 5 pesos de ingreso, cubriendo 344.000 clientes —que son el triple de los de hace cuatro años—, proviene del sistema de fibra óptica —cuya inversión inicial, financiada por US$300 millones hecha mediante un crédito en Wall Street, caracterizado por las calificadoras como de “elementos especulativos y riesgo sustancial”— comienza a madurar y el 56 % de los usuarios de banda ancha están conectados a él en una participación de ETB del 30 % del mercado total en esa modalidad de internet y, además, registra relevante consolidación en el segmento empresarial y de Gobierno, de los cuales viene el 40 % de sus entradas.

Aún hay mucho por hacer —sobre todo en áreas como televisión y telefonía móvil— y queda el peso de las excesivas obligaciones financieras contraídas, pero el cambio en las tendencias de ETB alienta a los defensores de este patrimonio público y refuta a quienes la descartaron como “zapatos viejos”. 

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Aurelio Suárez Montoya/ @AurelioSuarez

Bogotá

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