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hace 9 horas

Las otras afugias de los maestros

Entre las principales causas de sus consultas e incapacidades médicas en Bogotá está la combinación entre ansiedad y depresión, así como las afecciones a la voz y osteomusculares.

Los maestros no solo sufren por plata. El sueldo bajo, claro, es un factor de preocupación, como lo mostraron las recientes marchas y el paro que duró dos semanas en el que exigieron nivelación salarial. Hay, sin embargo, circunstancias propias de su oficio que los llevan a pedir incapacidad o a internarse en clínicas psiquiátricas.
 
En el día del maestro, que se celebra hoy en Colombia, veamos el caso de Mauricio*, profesor diagnosticado desde el año pasado con “trastorno mixto de ansiedad y depresión”. Uno lo ve a sus 30 años y no da una impresión diferente a la de un bogotano promedio que camina las calles, monta en Transmilenio y se toma una limonada en un centro comercial. Todo normal hasta que cuenta que lo incapacitaron entre mediados de marzo y mediados de mayo. Prácticamente no ha dado clases este semestre. “Es estrés asociado al trabajo”, puntualiza. “Todo comenzó con dolor de cabeza, insomnio, dolor de espalda. Creí que eran síntomas normales de agotamiento típico del trabajo, pero pasé muchos días sin dormir. A lo último sentía desgano de ir al trabajo y a las clases de la maestría que estoy haciendo”.
 
Su familia notó el cambio y lo impulsó a consultar a un médico, que le explicó que la suya era una situación delicada, nada normal, como pensaba el profesor. El doctor incluso pidió internarlo cuatro días en una clínica psiquiátrica con el fin de que su cuerpo se compensara.
 
Las causas, para Mauricio, son varias. Trabaja en un megacolegio de 3.000 estudiantes en Bosa, a donde llega desde su casa en Engativá tras un recorrido de una hora en bus. Allí dicta tres bloques de clase al día, cada uno a grupos de 40 estudiantes de grados sexto y séptimo. “A eso se suma cierta frustración porque el esfuerzo no se ve recompensado, y obviamente está el factor salarial porque la remuneración no representa un incentivo para uno como profesional”, agrega. La carga, incluidos los trabajos y lecturas de su maestría, se le volvió difícil de soportar.
 
Tres compañeros suyos viven dificultades similares. Para un colegio en el que trabaja un centenar de profesores los cuatro son una inmensa minoría, pero las cifras generales le preocupan al gremio. En Bogotá hay 35.300 docentes y 1.700 administrativos. La Asociación Distrital de Educadores, que los agrupa en Bogotá a los profesores sindicalizados, dio a conocer en marzo pasado un balance de las condiciones de salud del magisterio en la capital entre julio y diciembre de 2014, que concluye: “Hubo 5.096 consultas para medicina laboral y las principales causas: trastorno mixto ansiedad/depresión, estrés laboral, disfonía y problemas músculo-esqueléticos”.
 
Y agrega: “En total se reportaron 2.636 casos de pérdida laboral por problemas de salud, 2.144 mujeres y 482 hombres. Muchos de estos fueron retirados con pensión de invalidez, ya sea por enfermedad laboral o por enfermedad común; otros casos iniciaron sus procesos de pensión con las incapacidades. En cuanto a incapacidades, hubo 19.335, siendo septiembre el mes con mayor número”.
 
La Secretaría de Educación también maneja sus estadísticas y tiene a cargo la política pública de bienestar, que comenzó a aplicar desde comienzos del año pasado basada en una encuesta. Olga Beatriz Gutiérrez, subsecretaria de gestión institucional, explica que los datos que tienen se basan en información de incapacidades suministrada por Medicol, la EPS a la que están afiliados los maestros. Las enfermedades articulares representaron un 28% de las incapacidades; las virales, 9%; las infecciones respiratorias; 9%, y las afecciones de la voz, 9%. En general, los reportes de este año muestran una tendencia a la baja.
 
Conocer ese panorama le permitió al Distrito diseñar una estrategia en materia de salud con ejes psicosociales y de prevención física y mental. “Hacemos jornadas con circuitos de ejercicios y de reflexión que permiten prevenir el estrés”, puntualiza Gutiérrez. En prevención mental, por ejemplo, las acciones se materializan en conferencias y trabajos en grupo. Unos 7.800 docentes se han beneficiado de estas. Este año, cerca de 16.000 profesores han asistido a charlas con conferencistas nacionales e internacionales. También se realizan talleres para intervenir a los docentes que tiene las afecciones osteomusculares más graves, y para el manejo de voz. Igualmente, hay enfoque de género, pues el 70% de docentes de los colegios públicos de Bogotá son mujeres.
 
Mauricio dice que en la Secretaría lo invitaron a un par de charlas con colegas que pasaban por situaciones parecidas. Sin embargo, al tiempo que hace lo posible para recuperarse, tramita un traslado para que, al menos, lo ubiquen en un colegio cercano a su casa. Aunque el cambio podría ser más drástico: “Si el ejercicio de la docencia me vuelve mi salud mental una nada, tocará mirar otras opciones”.
 
*Nombre cambiado para proteger la intimidad de la fuente.
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