Condena en primera instancia

Paso a paso: así se resolvió el crimen de universitaria baleada cerca de Transmilenio

Casi año y medio tardaron las autoridades en reconstruir los hechos que derivaron en la muerte de Daniela García Rincón, una estudiante de 22 años que fue baleada por un delincuente al salir de la estación 21 Ángeles. Hoy el agresor fue condenado a pagar 35 años de cárcel.

Días después del ataque, con murales, amigos de Daniela le rindieron homenaje. Marcharon desde la Shaio hasta la estación 21 ángeles, donde pintaron murales en su honor.

Han pasado 15 meses desde que, en la noche del 18 de abril de 2017, Daniela García Rincón fue herida de gravedad a la salida de la estación 21 Ángeles de Transmilenio, en el noroccidente de Bogotá. Hacia las 11:00 p.m., un sujeto que intentaba despojarla de sus pertenecías le disparó en la cabeza y emprendió la huida. Después de permanecer en coma durante ocho meses, la universitaria, de 22 años, falleció en noviembre de 2017. Su agresor, quien estuvo prófugo de la justicia hasta enero pasado, fue condenado este jueves a 35 años de prisión por homicidio agravado.

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El agresor, identificado como Lenis Fernando Mendoza, ha insistido desde el momento de su captura que no tuvo ninguna participación en el crimen. Sin embargo, en juicio, las autoridades lograron reconstruir los hechos, recopilar pruebas, analizar al menos ocho cámaras de seguridad y recoger testimonios de la noche en la que Daniela fue atacada.

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El día del homicidio

Según la investigación, en la noche de ese martes, la joven salió de la empresa de diseño donde hacía sus prácticas profesionales con rumbo a su casa, en la localidad de Suba. Tomó un bus de Transmilenio –como de costumbre– y en el trayecto, sobre la estación Shaio y cuando eran las 9:30 p.m., se encontró por casualidad con una amiga cercana. Ambas dieron una vuelta por el sector para conversar.

El encuentro duró alrededor de una hora y sobre las 10:30 p.m., la amiga de Daniela la acompañó nuevamente a la estación Shaio para que siguiera con su trayecto hasta la estación 21 Ángeles. A los pocos minutos su amiga le escribió para saber cómo iba y si ya había llegado. Nunca obtuvo respuesta.

Sobre las 11:00 p.m., luego de que Daniela descendiera de la estación y mientras caminaba bajo el puente peatonal –aprovechando que no había personas alrededor y en medio de la oscuridad– fue abordada por un sujeto de chaqueta negra, quien para las autoridades era Lenis Fernando Mendoza. Él habría intentado robarla y, al no lograr su cometido, le disparó en la cabeza y se dio a la fuga con rumbo a una parte alta de Suba. 

Con lo que no contaba el atacante era que había testigos que alcanzaron a escuchar la detonación. Uno, era un usuario de Transmilenio que recién había salido de la estación y que caminaba por el lugar. Otro, un señor de avanzada edad que también se percató. Ambos coincidieron en la descripción de lo ocurrido, pues observaron que del sitio huyó corriendo un sujeto que vestía de negro, mientras Daniela yacía malherida.

A los 10 minutos, llegó a la zona una patrulla policial que trasladó a la joven al Hospital de Suba, luego a la Clínica Shaio y finalmente, fue internada en la Clínica Remeo, donde fue inducida en coma hasta fallecer en la mañana del domingo 5 de noviembre.

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Tras la pista del hombre de la chaqueta negra

Las circunstancias del homicidio plantearon un gran desafío para los investigadores: era de noche, no había testigos que, con precisión, detallaran lo ocurrido y la única pista era que un sujeto, de chaqueta negra, había salido a correr tras la detonación. Daniela apareció con todas sus pertenencias, por lo que, en un primer momento, no se creyó que podría tratarse de un robo. En su momento, sus familiares y allegados negaron también que se trató de un problema personal.

Para tratar de reconstruir los hechos, se optó entonces por analizar ocho videos de cámaras de seguridad en inmediaciones de la estación 21 Ángeles. Se logró determinar la presencia de un sujeto y se reconstruyeron uno a uno sus pasos: cómo huyó; cómo permaneció escondido en la parte alta del sector por al menos 20 minutos; sus características y facciones corporales.

Tras el análisis de las imágenes, el siguiente paso fue entrevistar a la comunidad del sector y buscar quién lo identificara. Dos testimonios coincidieron en que Lenis Fernando Mendoza era el principal sospechoso: su expareja y otra de las víctimas de su prontuario delincuencial, quien incluso fue accedida sexualmente por él. Por tal antecedente, Mendoza había sido condenado pero cobijado con detención domiciliaria.

Por un lado, la expareja del agresor –con quien compartió cuatro años de relación sentimental– detalló que se trataba de un delincuente que operaba desde tiempo atrás en el sector y que había empezado a robar, desde muy joven, armado con cuchillos. Por el otro, la joven que fue víctima de abuso explicó cómo, en circunstancias similares a las de Daniela, fue abordada, intimidada, asaltada y accedida por Lenis Fernando Mendoza.

“Como fue demostrado en el juicio, el acusado tenía azotado el sector que rodea la estación 21 Ángeles por su actuar delincuencial, dirigido específicamente contra mujeres a quienes, de manera cobarde, abordaba, asaltaba, atentaba (incluso contra su libertad sexual) y hasta segaba la vida, como en este caso”, aseguró el juez 14 penal de conocimiento durante la lectura del fallo condenatorio.

Los argumentos contra Mendoza

Aunque Lenis Fernando Mendoza ha insistido en que no tuvo participación alguna en el crimen de Daniela, las autoridades lograron determinar su responsabilidad. Con la valoración de cada una de las pruebas, el juez 14 penal desestimó la defensa del agresor, quien aseguró, entre otras, que el testimonio de su expareja no podía ser tenido en cuenta porque lo habría rendido como retaliación y en venganza por su relación. También, que era complejo que las dos testigos llegaran a reconocerlo con tal precisión a través de videos.

En respuesta, el togado dijo: “¿Será que la mujer con la que sostuvo una relación sentimental no reconoce a su exnovio al observarlo en un video por su apariencia física, forma de caminar, ademanes y demás características? ¿O la otra mujer, que fue víctima de un atentado contra su libertad sexual y patrimonio económico (quien además lo había visto en el barrio porque residían allí y era el hijo de una vecina), tampoco puede afirmar de quién se trata? La respuesta es evidente”.

Para el juez, fueron una serie de indicios los que permitieron demostrar su participación en el homicidio de Daniela. El primero, que Mendoza sí estuvo en el lugar de los hechos: “Un testigo lo observó en el sector en una actitud que para nada es casual o desprevenida, pues no caminaba en condiciones normales, como cualquier otro peatón. Por el contrario, esa actitud generó suspicacia y fue corroborada posteriormente”. En segundo lugar, el factor oportunidad, dado que a la hora en que pasaron los hechos la zona no era concurrida, la víctima transitaba sola y el agresor “se sintió superior, por el hecho de ser un hombre y estar armado”.

Otra de las consideraciones fue precisamente que Mendoza portaba un arma de fuego y que, pese a haber causado una lesión de gravedad, resolvió huir y dejar a su víctima malherida. El prontuario del agresor también fue tenido en cuenta: tenía antecedentes por hurto, operaba frecuentemente en el sector que rodea la estación 21 Ángeles y sus delitos estaban especialmente dirigidos contra mujeres.

(Lea: Carta abierta de amiga de Daniela García, víctima de ataque cerca de Transmilenio)

El juez, quien fue el mismo que condenó a 18 años de cárcel al exalcalde Samuel Moreno, insistió en que lo ocurrido ameritaba una sanción ejemplarizante y concluyó: “No puede pasar desapercibida la intensidad del dolo, esto es, la voluntad y conciencia con la cual realizó el delito, pues el procesado –con el fin de cumplir su cometido– no le importó agredirla. Muy seguramente se aprovechó de su condición dominante, como hombre y portador de un arma. Así, acabó con la vida de una mujer sola, desprotegida, que estaba empezando su vida y ‘ad portas’ de ser una profesional. Es evidente el total desapego, desvalor e irrespeto a la vida ajena”.

“Se hizo justicia”

Tras conocer que Lenis Fernando Mendoza pagará 35 años de cárcel por el crimen de Daniela García Rincón, sus familiares, en medio de lágrimas, celebraron el fallo y aseguraron que hubo justicia. Sin embargo, admitieron que ninguna condena podrá devolverles a Daniela.

“Esta condena me da tranquilidad, agradezco a la justicia colombiana: hubo justicia y se hizo justicia. Una persona de estas no debería estar nunca en las calles, atentando contra las mujeres indefensas a quienes ha violado y agredido. Es un peligro para la sociedad. Me da tranquilidad este fallo, pero no va a revivir a mi hija. Este hombre le arrebató su vida. Era una mujer con mucho futuro, con muchas ilusiones”, manifestó la madre de la joven al final de la audiencia condenatoria.

A su turno, Mendoza anunció que va a apelar la condena, proferida en primera instancia, y de paso, le notificó al juez que cambiará de abogado, pues declaró sentirse “mal defendido”. El hombre tiene ahora cinco días para sustentar por escrito las razones de la apelación.

 

jgonzalez@elespectador.com