¿Cómo persuadir a los colados?

Las sanciones económicas se suman a un conjunto de medidas que el Distrito y la ciudadanía han aplicado sin mucho éxito. Dos expertos piden dejar las reacciones coyunturales y fortalecer la cultura ciudadana.

Cerca de 60 mil personas se cuelan a diario en las estaciones de Transmilenio. /Gustavo Torrijos

El relato de Yurani Cárdenas despertó esta semana a Bogotá. Ella es la mujer que perdió a su esposo, Iván Darío Pérez, cuando un bus de Transmilenio los atropelló en la avenida Caracas a las 7:42 de la mañana del pasado viernes. Ambos cruzaron la calle para colarse en la estación Consuelo, en la calle 51 Sur, pero no alcanzaron su meta y un articulado se lo llevó a él por delante. “Él me empujó por amor, por tener un hijo, para que no me arrollara el bus”, les dijo Cárdenas a los medios. El sábado la tragedia se trasladó a la carrera 30, cerca del estadio El Campín. Leonardo Lozano, hincha de Santa Fe, se lanzó a la calzada y tampoco pudo llegar a la estación porque un articulado lo arrolló. De nuevo, entonces, el Distrito ha lanzado medidas para evitar las imprudencias y mejorar la seguridad dentro del sistema. ¿Qué esperar?

Desde ayer se tocará el bolsillo de los colados. La Alcaldía los sancionará con $107.000, basada, de acuerdo con Sergio París, gerente de Transmilenio, en la prohibición que contempla el Código de Tránsito para peatones que crucen por los carriles del sistema. Esta medida entró a regir junto con un plan piloto de seguridad que, aunque se centrará en la prevención y atención de hurtos y riñas por medio del aumento del pie de fuerza de la Policía, a su vez incrementará los gestores de convivencia y de seguridad de las secretarías de Gobierno y de Movilidad. Es decir, más presencia institucional en las estaciones.

Esto se suma a que a finales de marzo comenzaron a operar las puertas anticolados en la estación de la calle 57 con avenida Caracas y días después la administración instaló barreras en el límite de los carriles que pasan por la estación Marly (calles 49 a 51), para evitar que los imprudentes siquiera piensen en cruzar la calzada. Ya se decidió que habrá puertas especiales en las estaciones de las calles 45 y 63.

Y el recuento puede ir más atrás. Hace cerca de un mes la Policía puso a los colados, como forma de sanción social, a escribir planas con la frase: “Por amor propio no me cuelo en Transmilenio”. El colectivo Amor por Bogotá apeló a una sanción estridente: el pasado 14 de abril invitó a los ciudadanos a pitar cada vez que vieran a alguien que emprendiera carrera para meterse a las estaciones “de gratis”. Desde el año pasado, además, cursa en el Concejo un proyecto de Javier Palacio, concejal del Partido de la U, para crear un grupo especial integrado por policías y funcionarios de Transmilenio que controle la situación, además de imponer sanciones por medio de trabajo comunitario y asistencia a charlas sobre cultura ciudadana.

Podríamos ir más atrás, pero lo cierto es que las cifras oficiales dan cuenta de al menos 60.000 usuarios que a diario montan en los buses, pero no pagan. Esto representa pérdidas por cerca de $20.000 millones al año. Poco o nada parece convencerlos. Yurani Cárdenas, la mujer que perdió a su esposo, invitó a no perder la vida por $1.800, sentencia que también es el eslogan de la campaña que la administración comenzó después de la imprudencia fatal de ella y su compañero.

Parece que, de entrada, una ventaja para ello son los subsidios que reciben las personas de bajos recursos para pagar menos. Sin embargo, Carmenza Saldías, experta en planificación y exsecretaria de Planeación de Bogotá, critica esa política porque “los subsidios hacen creer que las cosas son gratis, y lo que es gratis no se valora”. Agrega que, por un lado, “el deterioro del servicio desanima el buen comportamiento” y, por otro, los infractores no hacen una evaluación objetiva del costo-beneficio de colarse: “valoran más tumbar el sistema y violar las reglas que preservar la vida y ser buenos ciudadanos”. Por eso pide que las acciones sean menos coyunturales.

Henry Murraín, director ejecutivo de Corpovisionarios, invita a pensar el problema más allá de lo económico, pues a quienes transgreden la norma no sólo los mueve la necesidad de ahorrarse unos pesos. “También es algo estético”, declara. “El que transgrede se siente bien porque es admirado por otros. Por eso esto se seguiría presentando así pusieran el pasaje gratis”. Considera que las medidas de corte represivo para evitarles el ingreso a los usuarios “son muestra de que no fue posible persuadir a los ciudadanos de que se comporten bajo normas básicas de convivencia”. Su propuesta es apostar por la promoción de la cultura ciudadana, no como campañas de comunicación, sino como trabajo de campo en el que los promotores se contacten con los usuarios por medio de actividades como los juegos para que adquieran consciencia de la necesidad de no arriesgar su vida y cumplir las normas.

Yurani, a quien los médicos le intervinieron la muñeca derecha, fracturada, y espera una cirugía de reconstrucción de tejidos en un brazo, pide en medio de su drama que quien piense en colarse opte, más bien, por pedirle prestado a un amigo, a sus padres, a personas cercanas o incluso a extraños: “Sé que no les van a negar un pasaje”. A la Alcaldía le queda la obligación de promover, de la mano de la ciudadanía y con métodos efectivos, el cumplimiento de las normas en el sistema que administra, para ver si algún día logra persuadir a los colados.

 

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