Perversas y eficaces

La función de los medios es informar, no influir en cómo los ciudadanos expresan su voto.

Para eso están las columnas editoriales, que claramente señalan que son espacios de opinión. Cuando en los medios se expresan por fuera de los espacios claramente señalados como de opinión, preferencias a favor de uno u otro candidato, se manipula la libertad, que es el sustrato fundamental de los regímenes que se precian de respetarla.

Las encuestas tienen importancia. Son utilizadas en estudios de mercado para medir las reacciones de los consumidores frente a determinado producto. Pero usarlas como instrumento para determinar el voto libre es violar los principios de la igualdad y racionalidad que son base de la modernidad en la elección de los gobernantes.

Viene ocurriendo en Colombia que las encuestas definen la cantidad o calidad que los medios dedican a los aspirantes a cargos públicos. Todos sabemos que esa manera de medir la opinión adolece de serios defectos, porque finalmente muestran, a pesar de que hayan sido aplicadas con honestidad, algunas preferencias difusas de ciertos votantes potenciales. A todos nos constan las enormes equivocaciones en que los encuestadores han incurrido en el pasado reciente, sin que a la firma responsable nada le cueste. Sin embargo, los medios prestan más atención a los ranquins en las encuestas que a las condiciones personales o las propuestas de los candidatos, hasta el punto de que las invitaciones a participar en ciertos eventos o foros dependen de la figuración en los sondeos, de la misma manera que tal ranquin determina la cantidad de espacios que los medios conceden a los aspirantes.

Las encuestas y la presencia en medios, que obviamente pueden ser influidas por los gerentes de las firmas que las hacen y por los directores de éstos, son una manera perversa, pero eficaz de manipular la intención de los votantes.

Las encuestas deberían ser utilizadas exclusivamente para definir estrategias de campaña y jamás ser publicadas. Hace falta una legislación clara y drástica en tal sentido.

Para los efectos de distorsionar la pureza del sufragio, es igual comprar votos u obtener dineros non sanctos para financiar campañas, que gestionar influencias de encuestadores o medios. Todos sabemos que la cantidad y la calidad de difusión que muchos medios brindan a los distintos candidatos dependen de la generosidad de la chequera de los interesados.

Qué bueno sería, ahora que estamos en la cruzada contra la corrupción, que comprendiéramos que corrupción no es solamente el aprovechamiento indebido de los dineros de los contribuyentes, sino todo acto que, de una manera u otra, influye en la libre manifestación de la voluntad de los electores.

*Excandidato a la Alcaldía de Bogotá por el Partido Conservador.

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