Petro, el beligerante

El discurso combativo del alcalde viene tomando vuelo. Álvaro Uribe, el contralor distrital Diego Ardila, el candidato Francisco Santos y el procurador Alejandro Ordóñez sus más recientes fijaciones.

 La columna de opinión que el alcalde de Bogotá Gustavo Petro publicó el pasado fin de semana en el periódico El País de España (ver: La Arremetida de Petro) recordó su faceta más política, llena de calificativos y acusaciones. En ella defendió su administración de sus opositores y no dudó en calificarlos como los “sectores poderosos insertados en lo político y económico, propietarios de los medios de comunicación, acostumbrados a imponer su voluntad desde comienzos de la República, a enriquecerse con lo público, que han manejado el país como su hacienda personal”.

El tono beligerante de Petro viene tomando vuelo. Quizás el mayor ejemplo de esto se dio la semana pasada cuando tomó el micrófono y dio un discurso que recordó sus tiempos como Senador de la República en la oposición. El 26 de junio, durante el Foro de Descriminalización del Consumo de Drogas, dio una intervención que a cualquiera extrañaría viniendo de un alcalde en ejercicio mas no, dirían otros, de uno como Petro.

Para Petro el Estado en Colombia decidió considerar anormales a los consumidores de sustancias psicoactivas, mientras consideró dentro del cuerpo de normales a los narcotraficantes sin mayores análisis. “De una manera u otra lo que sucedió en Colombia es algo parecido a los falsos positivos, mal llamados así por la prensa.

Cuando un presidente de Colombia, que ya no es presidente sino Senador recibe a las mamás de los muchachos que fueron asesinados y presentados como éxitos en la guerra y sale después a decir que las mamás le dijeron que esos muchachos eran delincuentes, lo está justificando. Subliminalmente, el poder estaba diciendo: ‘si los matan no importa, porque eran delincuentes, es decir, la delincuencia es un grupo de anormales sobre el cual puede suceder todo tipo de violaciones de derecho que incluye la ausencia del derecho a la vida”, aseguró el alcalde refiriéndose al escándalo de las ejecuciones extrajudiciales de jóvenes por parte del Ejército que se conoció durante la administración del expresidente Uribe.

Petro ahondó en el tema y fue más allá al preguntar: “¿Cómo se le presenta al mundo, a la humanidad, que el poder permitió que miles de muchachos fueran sacados de sus barrios, muchos incluso porque estaban consumiendo sustancias psicoactivas, llevados a otros lugares del país, vestidos como guerrilleros y presentados como bajas de la guerrilla para decir que se estaba ganando una guerra y que estábamos ante el éxito de la seguridad democrática, democrática con un delito de lesa humanidad como el asesinato por parte de funcionarios del Estado, es decir, del poder, de miles de jóvenes”.

Su intervención contra Uribe, a quien nunca mencionó con nombre propio, terminó en estos términos: “En cualquier sociedad decente, es decir donde la política se hubiera construido con valores democráticos, ese expresidente debería estar preso. Pero no está preso, porque el poder en Colombia considera que ese expresidente es normal”. Como era de esperarse, el comentario generó la indignación de los más cercanos uribistas como el congresista Alfredo Rangel: “Acusa de calumnia a demócratas mientras él mismo oculta sus delitos. El (ex) presidente Uribe hizo una gestión a favor de la seguridad de los colombianos. Si Petro tiene alguna acusación que formalizar, debería hacerlo ante la justicia y no estar difamando”, dijo Rangel y lo calificó de “terrorista moral”, que oculta “su fracaso y su desprestigio”.

En cambio, Petro cree que “lo que es anormal” es lo que dice él, porque no hace parte de ese “poder tradicional” que ha gobernado el país. Un poder que tampoco dudó en señalar está ligado al narcotráfico. “Es decir, el que traza la línea de qué es normal y qué es anormal en Colombia tiene fuertes vínculos con uno de los mayores negocios del mundo, construidos sobre la prohibición de las drogas, que es el narcotráfico colombiano”.

De esa forma, Petro explica que la política vigente de drogas solo busque criminalizar el consumo. “Los narcotraficantes no están en el Bronx o San Cristóbal. Se han paseado por las brigadas, por el Congreso, por los despachos de la Presidencia de la República (…) El narcotráfico está detrás de la guerra, está detrás del poder”.

Una fuerza que no comulga con el poder tradicional en Colombia, eso cree Petro que representa. Por eso se burló del Procurador General cuando se opuso a la implementación de los Centros de Atención Ampliada para Drogodependientes CAMAD, diciendo que el alcalde se la había fumado verde. “Para decir eso debe saber qué diferencias hay entre eso y otra cosa”.

También calificó al contralor distrital, Diego Ardila, de “perseguidor” por fiscalizar su propuesta. Al tiempo, arremetió contra Francisco Santos, candidato por el Centro Democrático del expresidente Uribe, y lo calificó con “doble moral”, al indicar que cuando el Distrito inauguró Bakata, el centro de atención a habitantes de calle y drogodependientes, Santos señaló que en Bogotá “crece microtráfico, ollas y habitantes de calle y Petro crea centros para seguir drogándolos”.

“Años atrás, ese candidato del que no puedo hablar, se iba a Holanda a las calles a fumarse un bareto en un bar de las calles de Ámsterdam (…) (refiriéndose a la entrevista que concedió Francisco Santos en 1997 a la revista Vrij Nederland donde habla de la visita que hizo junto a la periodista, Petra de Koning, a un coffe shop donde fuma marihuana) “La marihuana es buena en Ámsterdam cuando la fuman los ricos, pero mala si el que intenta salir de la adicción del bazuco la consume en una esquina de la ciudad. Doble moral”, afirmó Petro.

Con razón, algunos creen que los discursos “a las canillas”, que promueven la controversia y no ahorran calificativos estarán más que presentes en estos cinco meses que le quedan de gobierno a Gustavo Petro en Bogotá, más aún en este semestre de campaña política y futuras aspiraciones electorales.

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