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hace 12 horas

A pie por la Avenida Jiménez en Bogotá

Los 2,8 kilómetros de la muy central avenida guardan parte de la historia de la capital del país.

Taller de la Historia Bogotana

Para el Taller de la Historia Bogotana sería injusto con nuestros lectores si no les narráramos algo de los acontecimientos que dieron lugar a que el Concejo de Bogotá emitiera el Acuerdo Nº 31 de 1917, por el cual se da el nombre de avenida Jiménez de Quesada a la “nueva calle que quedará abierta sobre el cauce del río San Francisco”, según el Considerando de dicho Acuerdo, porque “no existe en la ciudad ninguna plaza, calle o avenida que recuerde el nombre de su glorioso fundador; y que es justicia que Bogotá enaltezca la memoria de uno de los más ilustres entre los héroes de la conquista y colonización del Nuevo Reino de Granada”.

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El resplandor de la noche

Desde el principio de los tiempos, con algunas ligeras variaciones que se dieron desviando el curso natural para enderezar el trazado de la canalización, la llamada Avenida Jiménez de Quesada estuvo donde está; en un 90 por ciento esa sinuosa calle es el trayecto del río aborigen “El resplandor de la noche”, según traducción del vocablo chibcha Vicachá, el cual llamaron posteriormente los europeos Río de San Francisco.

Quedose Don Gonzalo en los altos de la población de Suba, desde donde había avistado una sabana con numerosos bohíos, columnas de humo, muchos espejos de agua pura y cultivos de maíz y pancoger, terrenos que los aborígenes llamaban Thybzaquillo y que el español no dudó en nombrar El Valle de los Alcázares. Desde allí despachó dos comisiones, una al occidente y otra al oriente, para encontrar un lugar bueno y seguro para asentar sus ciento sesenta y seis hombres y protegerlos de los muy posibles ataques de los “bullosos indios”.

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Pedro Fernández de Valenzuela y su tropa, enviados al oriente, ataviados con sus armaduras de latón, preguntando entre bohío y bohío desde lo alto de sus cabalgaduras que dejaban atónitos y temerosos a los aborígenes que al no conocer estos animales, suponían que caballo y caballero eran uno solo, se hicieron guiar rumbo a las faldas de los cerros tutelares en medio de los cuales tenían su lugar de recreo los reyes de Bacatá y de donde se desprendían innumerables quebradas y dos caudalosos ríos, el Vicacha y el Manzanares, luego llamados San Francisco en 1550 y San Agustín. Estos factores ofrecieron amplias ventajas a los expedicionarios, ya que conformaban junto con los cerros una muralla fácilmente controlable por su altura con respecto al territorio y abasto suficiente de agua y comida; un lugar estratégicamente militar donde ya estaba prácticamente dado un fuerte natural.

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No sin antes trazar un rústico dibujo del lugar encontrado, donde se destacaban los dos caudalosos ríos, muy seguramente el primer plano que tuvo la futura ciudad, se desplazó don Pedro nuevamente a los altos de Suba y le narró al licenciado Jiménez con lujo de detalles los resultados de su encomienda; se reunieron con los enviados a occidente y todos se desplazaron al lugar indicado por el descubridor del dicho sitio de recreo de los reyes bacateces.

Con este brevísimo resumen del encuentro de los españoles con nuestro resplandor de la noche dejamos a Fray Domingo de las Casas oficiando su misa, a don Gonzalo Jiménez con sus compañeros de odisea y muchos aborígenes “voluntarios” construyendo las doce chozas y alistando los preparativos de la fundación realizada el miércoles 6 de agosto de 1538, para contarles a ustedes lo que el Taller de la Historia Bogotana encontró en sus investigaciones literarias y de campo sobre la vía que nos ocupa, que no es otra que la avenida Jiménez de Quesada.

Con una longitud de 2,8 kilómetros, comienza su recorrido a unos pocos metros de la estación del teleférico, exactamente en la esquina nororiental de la Quinta de Bolívar, y lo concluye en la avenida Caracas; se da sobre la canalización del rio San Francisco, cuya obra fue realizada en 1930. En el año 2000, en la primera administración de Enrique Peñalosa, con diseños de los arquitectos Rogelio Salmona y Luis Kopec, fue intervenida con un bulevar en el cual fue construido un espejo de agua corriente que va de la carrera primera, frente a la Universidad de los Andes, a la carrera Décima y es llamado el Eje Ambiental, a cuyos costados se da un espacio peatonal que a nuestro juicio no está desposeído de un alto grado de riesgo de accidentalidad por ser compartido al mismo nivel de piso con los articulados de Transmilenio en buena parte de su recorrido.

En la actualidad no los tiene, pero desde la fundación de la ciudad y hasta su canalización, el río San Francisco tuvo 17 puentes construidos en diferentes años en su recorrido. El Taller de la Historia Bogotana en su investigación encontró dos de estas reliquias históricas a la vera de la Avenida Jiménez, ocultos entre el descuido y la vegetación.

Construcciones paralelas

Encontramos además una serie de edificaciones antiguas y actuales, de las que se destacan de oriente a occidente la Quinta de Bolívar, 1800, hoy museo, la sede de la Sociedad Bolivariana; la Universidad de los Andes, la iglesia de Nuestra Señora de las Aguas, 1664; la Academia colombiana de la Lengua, 1955; el edificio Monserrate, 1948, antigua sede del periódico El Espectador; Universidad del Rosario, el edificio del Banco de la República, 1958; el edificio de El Tiempo, 1958; la iglesia de San Francisco, 1550; el Palacio de San Francisco, 1917, sede de la gobernación hasta 1996; el edificio Henry Faux, 1945; el edificio Pedro A. López, 1919, sede hoy del Ministerio de Agricultura; edificio Cubillos, 1926; edificio Suramericana de Seguros, 1953; edificio Caja Colombiana de Ahorros, 1945, y el edificio del Ministerio del Exterior en la carrera novena.

Personajes de bronce y piedra y espacios públicos

De occidente a oriente encontramos sobre la avenida Jiménez la plazoleta de San Victorino, que alberga la escultura monumental La mariposa, obra del maestro payanes Édgar Negret; la plazoleta del Rosario, en cuyo espacio se encuentra la escultura de cuerpo entero del personaje que le da nombre a la avenida, don Gonzalo Jiménez de Quesada; luego encontramos el Parque de los Periodistas, donde está el templete del libertador Simón Bolívar; continuando encontramos en el costado sur la estatua de Policarpa Salavarrieta y más arriba por la misma acera el atrio de la iglesia de Las Aguas, donde está Artesanías de Colombia, y la estatua del escritor peruano Ricardo Palma, y por último el busto de José María Espinosa, compañero de Antonio Nariño.

Estaciones Transmilenio

De occidente a oriente, estación avenida Jiménez en la Avenida Caracas, la estación Museo del Oro en la carrera Séptima y estación Las Aguas frente a la Alianza Colombo Francesa.

Bien, mis queridos lectores, para mí y para el Taller de la Historia Bogotana fue un placer realizar este ameno recorrido por una de las calles emblemáticas de nuestra linda ciudad, para mostrárselas a ustedes con la cordial invitación a recorrerla y disfrutarla paso a paso en nuestro hoy y letra a letra en nuestro ayer.

*Escrito por Gerardo Bocanegra, director del grupo investigativo del Taller de la Historia Bogotana.Material de consulta bibliográfico: Cronistas de Indias, Idartes. Historia del agua en Bogotá, Servicios especiales de prensa, Empresa de Acueducto de Bogotá. Historia del Agua en Bogotá, tomo 1, Benjamín Villegas. Recuerdos de Santafé, Soledad Acosta de Samper. Investigación de campo y documentación fotográfica: Taller de la Historia Bogotana 2016.

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