La Plaza de las Nieves, centro contra el olvido

El Centro de Memoria incluyó un parque con su nombre en la cartografía de la memoria para recordarlo como símbolo de los defensores de derechos humanos.

Camilo Umaña perdió a su padre cuando tenía 12 años. Hoy será el anfitrión en el homenaje a su progenitor. / Gustavo Torrijos

Un luchador social. Así define Camilo Umaña Hernández a su padre, el abogado Eduardo Umaña Mendoza, asesinado hace 16 años. El 18 de abril de 1998, dos hombres y una mujer cambiaron para siempre la vida de esta familia. Se hicieron pasar por periodistas, entraron a su casa, que hacía las veces de oficina, amenazaron a su secretaria y la ataron en una habitación. Luego asesinaron a Eduardo, el hombre que había dedicado su vida a defender los derechos humanos y a reivindicar la igualdad. Umaña fue defensor de las víctimas en los procesos de desapariciones en el Palacio de Justicia, del magnicidio de la Unión Patriótica (UP) y de los dirigentes de la de Unión Sindical Obrera (USO). Su lucha parece haber sido su sentencia de muerte.

Para la época del crimen, Camilo apenas tenía 12 años y recuerda que junto a su madre Patricia Hernández tuvieron que salir del país. Sin embargo, el exilio lo aguantaron apenas un año, ya que desde que partieron, conservaron el deseo de regresar. Hoy, en su casa en Bogotá, Camilo recuerda que no fue fácil el retorno. Llegaron a tocar muchas puertas, justo cuando el país atravesaba una crisis económica. Finalmente su madre logró conseguir empleo y él volvió al colegio. “Fue un retorno tristemente feliz”, dice él hoy a sus 28 años.

Este joven siguió los pasos de su padre y de su abuelo: estudió derecho. Luego hizo una maestría y ahora cursa dos doctorados: uno en Sociología Jurídica en el País Vasco y otro en Criminalística en Canadá. Sus días transcurren viajando de un continente a otro y siendo becario de su alma máter, la Universidad Externado, por lo que cada año viene a dictar clases a jóvenes de su edad. Su tesis doctoral, más allá del fin académico, tiene un interés muy personal: él quiere encontrar una respuesta para crímenes como el de su padre. Es por esto que se dedicó a estudiar los crímenes de Estado desde un análisis del sistema penal y la manera como se debe juzgar a los responsables, como aquellos que hace casi dos décadas le arrebataron a su padre.

Dice que a pesar de la ausencia, en estos años, buscando testimonios y haciendo su propia investigación, es cuando más ha aprendido de su padre y por eso reconoce que sueña con volver a tenerlo al menos un rato a su lado. ¿Qué haría si tuviera ese momento? ¿Cómo lo aprovecharía? Se toma su tiempo para responder... fija su mirada en la mesa y dice: “Lo desaprovecharía, porque seguro rompería en llanto”.

Camilo es un hombre sentimental. En 2008, cuando se cumplieron 10 años de la muerte de su padre, planeó la conmemoración y escribió en tiempo récord el libro Las altisonancias del silencio, el documental No te olvidamos y promovió un acto en el Auditorio León de Greiff, que fue el mismo lugar donde se llevó a cabo el funeral.

Hoy tiene una nueva prueba con su vida, con su padre y con la sociedad. A las 10:00 a.m. estará en la Plaza de las Nieves, que desde 1998 lleva el nombre de su padre. Pocos lo saben, pero el Concejo de Bogotá firmó hace 16 años el acuerdo 24, en el que anunció que el espacio libre de la carrera 7ª con calle 20 “sería un homenaje a la memoria del ilustre jurista y defensor de los derechos Humanos Eduardo Umaña Mendoza”, reza el documento.

Pero allí solo hay una pequeña placa, razón por la que el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación lo incluyó en sus Cartografías de la Memoria, un proyecto que comenzó en 2009 la organización Hijos y que en sus inicios solo tenía nueve puntos en los que explicaba la memoria histórica del conflicto, en Bogotá. Hoy, cinco años después, el mapa tiene 79 puntos, uno de ellos es esta plaza, en la que se reunirán y a través de intervenciones artísticas mostrarán que Umaña Mendoza es un símbolo de la defensa de los derechos humanos.

Alejandra Gaviria, coordinadora de Acción Comunicativa y Cultural del Centro de Memoria, espera que este sea un lugar para la construcción de paz. Por ello al proceso se sumaron el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, los emboladores y comerciantes, que son los anfitriones de la plaza y han sido parte activa de este proceso, en el que el arte se tomará el lugar y cuando las rejas se cierren se abrirá el espacio para la memoria, porque ahí estará un punto más en esta cartografía histórica del conflicto, en Bogotá. 

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