Polémica por 'cazaabusadores'

Varias organizaciones de mujeres criticaron la medida. Creen que aislada no tendrá impacto y sí podría reforzar estereotipos de violencia contra la mujer.

Esta es la foto de las seis policías que trabajarán encubiertas en las estaciones de Transmilenio en Bogotá. / Policía

La Policía Metropolitana de Bogotá presentó ayer, con gran despliegue mediático, a seis policías que desde ayer estarán vestidas de civil en las estaciones de Transmilenio, tratando de identificar a los abusadores sexuales que con mayor frecuencia utilizan este servicio público para violentar a las mujeres. Aunque la intención de la medida, de castigar y tratar de judicializar a estos agresores, fue en general bien recibida, ésta fue calificada como insuficiente por varias organizaciones de mujeres, que creen, además, que planteada así puede reforzar los estereotipos que no ayudan a repensar y acabar con ese maltrato.

“Vestirán siempre de civil para confundirse dentro de los usuarios, para prevenir o reaccionar ante cualquier conducta criminal, valiendo su condición de ‘agentes encubiertos’”, explicó el comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, Humberto Guatibonza, para quien uno de los mayores problemas que enfrentan a la hora de judicializar estos casos de violencia sexual es que son excarcelables, porque se tipifican como una “injuria por vía de hecho”. Este año van 40 episodios. Uno de esos, el de un hombre a quien la Policía ha capturado cinco veces por ‘manosear’ a mujeres en Transmilenio.

La teniente de la Policía Lina María Ríos, encargada de este grupo de mujeres infiltradas, explicó en detalle de dónde nació esta idea que afirma es de la Policía y no está articulada con ninguna otra institución nacional o distrital. De acuerdo con los códigos de inteligencia de la Policía, indica Ríos, estas mujeres seguirán perfiles de mujeres bogotanas, por ejemplo, “de universitarias o ejecutivas”.

“La idea es llamar la atención de esas personas que cometen este tipo de delitos. Se vestirán llamativas, pero no provocativas, porque no se trata de vender a la mujer, sino de llamar la atención de una forma decente. La Policía no busca incentivar que la gente las toque, sólo es una forma que tenemos de hacer inteligencia”, sostuvo Ríos.

Sin embargo, precisamente esa idea es la que critican organizaciones que han trabajado en el país el flagelo de la violencia contra la mujer. Por ejemplo, Adriana Benjumea, directora de la Corporación Humanas Colombia, que trabaja estos temas, considera que la salida para estos abusos debería ser más que esta medida. “Entendemos que la intención de la Policía es que la captura en flagrancia de estos agresores permita su judicialización, eso lo puedo entender como abogada. Pero como feminista me preocupa que el mensaje que se termine enviando con una campaña aislada como esta es la idea de que una mujer vestida con un pantalón apretado, como estas policías encubiertas, está más expuesta a ser abusada. Por eso infiltrar mujeres vestidas de forma supuestamente llamativa tiene que estar acompañado de otros mensajes pedagógicos, como que las damas de cualquier edad puedan vestirse cómo quieran y eso no puede ser motivo de agresión.

Eso mismo cree Olga Amparo Sánchez, directora de la Casa de la Mujer, para quien esta medida no soluciona nada: “Mientras no exista una propuesta integral de prevención, que incluya a toda la comunidad, como a las comisarías de familia, eso no va a tener ningún impacto. Además, no creo que sea una buena estrategia poner a las mujeres a cumplir un papel de provocación que las puede poner en una situación denigrante. En el fondo lo que hace es fortalecer un estereotipo falso: se agreden a las que tienen esa estética, y no, en el país se violan y se abusan a todas las mujeres, de las verdes, las azules, las habitantes de calle, todas.

Para Sánchez el tema de fondo es de voluntad política, que sólo puede traducirse en presupuesto. “Hemos conseguido que la violencia contra la mujer esté en la agenda política, pero sigue lejos de ser una prioridad. En Bogotá, la Secretaría de la Mujer, por ejemplo, tiene un equipo de funcionarias con muy buena voluntad, pero sufren por falta de recursos y por la tercerización de su trabajo. Laboran por contrato de tres y cuatro meses que no permite articular procesos”, afirmó Sánchez.

En esa línea está la investigadora y feminista Florence Thomas, quien cree que 6 mujeres en una ciudad de cerca de 8 millones de personas no son nada: “Es una idea que para que funcione se tiene que articular con otras instituciones, y por eso sorprende que la Secretaría de la Mujer ni siquiera supiera de esta presentación que se realizó el lunes. Es posible que parta de una buena intención, pero las buenas intenciones sin piso pedagógico son insuficientes”.

Mientras en Bogotá se siguen buscando salidas para los abusadores sexuales que pululan en Transmilenio, y hace una semana el Distrito también inauguró el tercer vagón exclusivo para mujeres, estas ideas siguen en la mira porque no enfrentan el problema estructural que hay detrás: un asunto educativo que debe articularse de forma integral.