Policías en aprietos

Al caso del joven que murió tras recibir un disparo de un patrullero, se suma el de una explosión en Suba ocasionada supuestamente por dos uniformados.

Los vecinos del barrio Caminos de la Esperanza, en la localidad de Suba, siguen indignados por la explosión de un petardo de aturdimiento, activado supuestamente por dos uniformados afuera de sus viviendas el domingo en la noche.

Al principio pensaron que se trataba de una bomba, pero aseguran que minutos después comprobaron que la detonación había sido provocada por los policías, quienes estaban bajo los efectos del alcohol. De los patrulleros se sabe que son hermanos, que viven hace seis años en Bogotá provenientes de la Costa Atlántica y que trabajan en la Sijín, en la línea de seguridad y emergencias. También, que el domingo compartían con su familia durante su día de descanso. Algunos vecinos aseguran que esta no es la primera vez que los hermanos protagonizan algún escándalo, pero un allegado de la familia le dijo a El Espectador que los jóvenes se han destacado por ser correctos y que la detonación habría sido un accidente.

Aunque la explosión sólo ocasionó daños en las ventanas de una vivienda, los vecinos exigen que se tomen medidas para evitar este tipo de accidentes. Ayer, a primera hora del día, el comandante de la Policía Metropolitana, general Francisco, Patiño anunció que abrirá una investigación disciplinaria en contra de los patrulleros, que podría terminar con una sanción o con su destitución.

Aunque son casos aislados, y no necesariamente reflejan el proceder del grueso de la institución, el caso de los hermanos y el de Wílmer Antonio Alarcón, el patrullero que disparó contra el grafitero Diego Felipe Becerra el pasado 19 de agosto, ocasionándole la muerte, han hecho que todas las miradas se posen sobre la Policía. Ayer, el patrullero rindió indagatoria durante tres horas ante la Fiscalía.

Aunque durante la indagatoria Héctor Hernando Ruiz, el abogado defensor del patrullero, insistió en que hubo un cruce de disparos la noche en la que murió Diego Felipe, tal como lo señaló inicialmente la Policía, la familia del menor exige que Alarcón reciba la pena máxima, por considerar que el asesinato fue premeditado.

Gustavo Trejos, el padrastro de Diego Felipe, no sólo pide que se juzgue al patrullero por homicidio doloso, puesto que gracias al dictamen de Medicina Legal se pudo comprobar que el menor no manipuló ningún arma, sino que la investigación sea extensiva hacia la manipulación de la escena del crimen y a todos los altos oficiales que auspiciaron lo que Trejos califica como un montaje detrás de la muerte de su hijo.

Según Trejos, episodios como el que terminó con la vida de su hijo o el de la explosión en Suba demostrarían que muchos de los agentes de la Policía no están preparados para su cargo. Por ahora, los hermanos López Contreras siguen en sus puestos en la Policía, mientras avanza la investigación. En cuanto al patrullero Wílmer Alarcón, será la Fiscalía la que decida cuándo será la imputación de cargos.