El proyecto llegaría al Concejo a finales de julio

POT en Bogotá: más líos entre conservación y desarrollo

Habitantes de los barrios Pablo VI, La Esmeralda y Quirinal, en Teusaquillo, temen ser desplazados de sus territorios por intervenciones de alto impacto en zonas residenciales. Distrito responde y defiende la necesidad de densificar, para no permitir un crecimiento descontrolado de la ciudad.

En Pablo VI, los vecinos advierten presiones inmobiliarias que estarían reduciendo el avalúo de sus predios. / Cristian Garavito

El plan con el que el Distrito pretende cubrir las necesidades de crecimiento y desarrollo de la ciudad en la próxima década sigue generando rechazo en un sector de la capital. Esta vez son los vecinos de uno de los barrios más icónicos de la ciudad: Pablo VI, en Teusaquillo. Advierten que si el Concejo aprueba el proyecto de Plan de Ordenamiento Territorial (POT) se verán perjudicados. 

El reclamo es otra muestra del choque entre la necesidad de abrir espacio para viviendas nuevas (para atender en 2031 una demanda de casi 850.000, según el Distrito) y la negativa de los que temen ser desplazados por los nuevos proyectos y se oponen a intervenciones de alto impacto en zonas residenciales, como troncales de Transmilenio (TM).

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Esa misma preocupación la comparten quienes viven en barrios como La Esmeralda, Quirinal o Salitre El Greco. Sin embargo, los peros se repiten en otras zonas como las que se verían afectadas por la construcción de la Alameda Entreparques, plan de renovación que conectaría el parque El Virrey y el Simón Bolívar; el metro elevado (en particular, barrios de la Caracas), o donde se pretenden otorgar permisos de funcionamiento a bares en zonas residenciales. El Distrito, por su parte, defiende que su apuesta es el equilibrio entre renovación urbana y expansión.

Una zona estratégica

Para entender la controversia no se puede pasar por alto el valor estratégico de Pablo VI o La Esmeralda, vecinos privilegiados de la Universidad Nacional, la calle 26 y el parque Simón Bolívar. Allí se ubican las Unidades de Planeamiento Zonal (UPZ) 104 y 106, que comprenden 10 barrios, donde viven 26.685 habitantes, en especial personas mayores de 50 años. En el caso de Pablo VI, es necesario remontarse a la Bogotá de finales de la década de los 60. En ese entonces, a propósito del Congreso Eucarístico Internacional y la visita del papa Pablo VI a Colombia –la primera de un pontífice a Latinoamérica– se construyó un conjunto para albergar a visitantes.

Para la primera etapa se levantaron 1.119 apartamentos, organizados en cinco bloques. Los edificios se estructuraron en función de una plaza central, lo que le ha valido a Pablo VI ser reconocido como un “pequeño pueblito” incrustado en la urbe. En un esfuerzo por preservar sus valores arquitectónicos y urbanísticos, el conjunto fue declarado en 2001 como Bien de Interés Cultural del Distrito, lo que implica un cerrojo ante eventuales intervenciones.

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Sin embargo, uno de los artículos del POT –que hoy está en fase de socialización y concertación ante las autoridades ambientales– propone revocar esa declaratoria, lo que representaría transformar la estructura del barrio, habilitando espacio para nuevas viviendas, oficinas y comercio.

Miedo y resistencia

Esta riqueza es la que ven en riesgo. Sus habitantes advierten que, por cuenta del POT, son víctimas de presiones inmobiliarias. Para respaldar sus temores muestran los recibos del predial, en los que se evidencian reducciones de hasta $60 millones en el avalúo de sus apartamentos en el último año. Lejos de estar contentos por pagar menos impuestos, se muestran inquietos: “Quieren desplazarnos y que vendamos barato, para que grandes constructoras hagan megaproyectos”, asegura Emiliano Sánchez, quien suma más de dos décadas en Pablo VI. “Esta es la mejor área, el corazón de Bogotá y nos quieren sacar”, dice Elvira Arbeláez.

La oposición se extiende a La Esmeralda, Quirinal y Salitre El Greco, cuyos vecinos protestan por eventuales troncales de TM (como la Av. 68) y en el cambio de categoría urbana, para permitir actividades múltiples. “No es correcto que eliminen la vivienda familiar y acepten bares, que traerán drogas y moteles”, dijo un vecino. Los residentes de Pablo VI alegan que, fuera de perder zonas verdes y recreativas, la administración está haciendo el proceso a sus espaldas.

“Aquí nos sentimos como en un pueblito. A Pablo VI vienen muchas excursiones de arquitectos extranjeros y de ingenieros, para estudiar nuestra calidad de vida. A pie, estamos a 11 minutos del lago del parque Simón Bolívar”, dice por su parte Cecilia Suescún, otra de las residentes.

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En búsqueda de respuestas

Ante este panorama, las comunidades se han organizado en comités interbarriales para exigir respuestas . Han acudido a derechos de petición en búsqueda de explicaciones e incluso, han recurrido a concejales como José David Castellanos (Cambio Radical) para canalizar sus quejas. Pedro Jaramillo, que integra el equipo técnico de Pablo VI y quien se declara hijo del barrio, dice que es improcedente que les retiren de tajo la declaratoria de Bien de Interés Cultural. Asegura que hacerlo implicaría desconocer una norma de orden nacional que, si bien avala intervenciones, solo lo permite cuando el sector pierde valores de preservación, y este no es el caso.

“En Pablo VI solo el 22,5 % del suelo es de uso comercial. Pese a que han pasado 50 años, conserva sus características originales. Por ello, levantar la declaratoria es un gazapo jurídico. El modelo de ciudad que se propone ya existe aquí”, argumenta.

El reto de zanjar controversias

El encargado de convencer a la ciudadanía de que el modelo de ciudad que quiere dejar el alcalde Enrique Peñalosa es el mejor, es el secretario de Planeación, Andrés Ortiz. Aunque admite que hay desacuerdos, insiste en que el POT busca una renovación que aproveche áreas bien ubicadas, con potencial de crecimiento o con predios en desuso. Todo bajo la sombrilla de que no haya un crecimiento descontrolado de la ciudad.

Frente a Teusaquillo asegura que goza de varias características para estimular la densificación: buena oferta de transporte público masivo (con TM o metro) y un alto índice de espacio público, que se evidencia con creces por su cercanía a parques como el Simón Bolívar o el de Los Novios. A esto se suma la baja densidad poblacional en barrios como Quirinal o La Esmeralda. Para quienes residen en Pablo VI tiene buenas noticias. Aunque se está evaluando el tema, dice que lo más probable es que se mantenga como Bien de Interés Cultural.

“El próximo martes, a las 2:00 de la tarde, tengo reunión con sus representantes. Si bien en noviembre se publicó una primera versión del POT, hay una segunda que se divulgará próximamente, y recoge la participación ciudadana y lo que se concertó con autoridades ambientales. Lo que se ha pensado con Pablo VI es que mantenga su categoría de patrimonio, pero se deja abierta la puerta a que mañana se ponga en marcha un plan de renovación”, manifestó.

En respuesta a la supuesta falta de socialización, Ortiz reivindica que han realizado dos jornadas: una general el pasado 23 de marzo y otra el 23 de abril, a petición de la comunidad y de manera exclusiva para la UPZ 104. “Llevamos 100 sesiones territoriales y han participado más de 28.000 personas”.

A su turno, la Oficina de Catastro -encargada de hacer los avalúos de los inmuebles- desmiente que las variaciones respondan a algún interés comercial y se ciñen a la investigación y el análisis del mercado inmobiliario. Todo esto, al revisar los cambios que experimente el inmueble en sus aspectos físico, jurídico, económico y fiscal.

En esa línea admite que, aunque en Pablo VI hubo reducciones en el 60 % de los predios, esto se explica por el comportamiento de las ofertas del sector, principalmente sobre predios en propiedad horizontal. En La Esmeralda las variaciones fueron apenas del 1,5 % entre 2018 y 2019, mientras que en El Salitre fueron del 2 %. “El valor de cada predio se calcula a partir de la información de las ofertas de compra y venta, y variables físicas de los inmuebles”, explica Catastro.

Una vez concluido el proceso de concertación, se espera que a principios de junio el POT llegue al Consejo Territorial de Planeación Distrital (donde será estudiado durante 30 días). Si todo sale como está previsto, aterrizaría en el Concejo –que tendrá la última palabra– a finales de julio. Mientras las comunidades reclaman más respuestas, el desafío del Distrito será zanjar las controversias y sacar adelante el POT. ¿Logrará dejar a todos contentos?

 
UPZ: Parque Simón Bolívar, CAN y La Esmeralda
Johnatan Bejarano

 

 

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