Preguntas para Antonio Sanguino

Concejal del Partido Verde y cabeza de lista de esta colectividad en las elecciones al Concejo de Bogotá.

Usted ya lleva cuatro años en el Concejo, ¿qué logró hacer y qué le quedó pendiente?
Yo llegué al Concejo a defender las políticas sociales de las anteriores administraciones. Pero me encontré con el cartel de la contratación y eso hizo que mi agenda se moviera. Entonces me decidí junto a otros concejales a destapar esa olla y a encarar ese debate público. Aun así, además del control político, presentamos iniciativas que hoy son acuerdos, como el proyecto de política de atención integral a víctimas de la violencia, el proyecto de incorporación de aditamentos sonoros a los semáforos para las personas con discapacidad y el de democratización del crédito para pequeños empresarios.

De salir reelecto, ¿cuáles son los temas críticos para los próximos cuatro años?
No hay que bajar la guardia con la vigilancia de los recursos públicos. Además, tenemos que ayudar a la administración a que blinde los mecanismos de contratación de la ciudad. Entre otras, tenemos que construir un mapa de riesgo que identifique cuáles son los nudos críticos que merecen una atención especial en los procesos de contratación de la ciudad y mejorar los sistemas de información a los ciudadanos.

¿Y en temas sociales?
“Bogotá sin Hambre” tiene que recuperar su ímpetu: no sólo ampliar la cobertura de los comedores comunitarios, sino avanzar en mejorar toda la cadena de distribución y comercialización de alimentos en la ciudad. En educación, voy a promover iniciativas para masificar la educación. Finalmente, la ciudad tiene que pagar su deuda ambiental. Cuando llegue el momento de discutir el Plan de Ordenamiento Territorial, discutiremos, más allá del uso del suelo, es la presencia de la explotación minera en el perímetro urbano de la ciudad.

¿Le suena una ciudad densa y compacta, o una ciudad que crece hacia la periferia?
Hay que encontrar un justo medio. La ciudad tiene un déficit de vivienda crónico y creciente. Son 150 mil soluciones de vivienda que tenemos que construir, sin contar los nuevos hogares, que son treinta mil a cuarenta mil hogares al año. Resolver ese déficit solamente con renovación urbana es imposible. Necesitaríamos un gobierno dictatorial que ordenara por decreto tumbar las casas y elevar edificios sin ningún tipo de proceso de concertación con los propietarios históricos de esos suelos y esas viviendas. A mí me gusta el modelo de ciudad compacta, pero tenemos que hacerlo con metas creíbles, así como habilitar suelo urbano y establecer un acuerdo con la nación para proyectos de vivienda de gran escala en los municipios que están conurbados con la ciudad.

¿Cómo se siente frente a la posibilidad de que sean elegidos concejales salpicados en las investigaciones sobre el cartel de la contratación y que hoy están en campaña en alianza con su partido?
La Fiscalía y la Procuraduría tienen que ayudarnos a comprobar esas acusaciones. Mientras eso no ocurra, no hay una razón legal para que estos colegas no hagan campaña. Ahora, si hay personas cuestionadas, estará el ejercicio de control político que haré en el Concejo.

¿Qué perdió su partido con la salida de Antanas Mockus?
Fue una salida dolorosa que nos ha costado. Su salida nos sorprendió, porque nos habíamos hecho la idea de que el compromiso con Antanas era un compromiso a largo plazo. Su salida me reiteró que Mockus es, además de iconoclasta, una persona que piensa la política en solitario. Los mockusianos se comportan en la política como una iglesia, con su sacerdote.

Si usted hubiera tenido que enfrentar el dilema de Enrique Peñalosa y escoger entre el expresidente Uribe y Mockus, ¿qué habría hecho?
No soy uribista. Pero ese no era el dilema. Mockus puso el cruce de caminos entre él y Uribe, como si fueran dos posibilidades de alianza. Y Mockus no era un eventual aliado. Era un miembro del partido de Peñalosa, que discutía una alianza con el Partido de la U.