Presión contra Uber es de empresas, no de taxistas

Ha pasado un mes desde que la Policía de Tránsito inmovilizó 40 vehículos que utilizaban la plataforma tecnológica por considerarla una empresa ilegal.

Michael Shoemaker, gerente de Uber Colombia. / Cristian Garavito

En California los tildaron de mafiosos, en Londres los acusaron de crear un monopolio, en Madrid cientos de taxis bloquearon las calles para protestar en su contra. Bogotá no estuvo al margen de la polémica que ha desatado Uber, la aplicación tecnológica que permite localizar carros particulares que prestan un servicio especial. En mayo pasado la Policía inmovilizó 40 vehículos que utilizan esta aplicación porque el Distrito consideró que era una empresa ilegal. Gremios de taxistas bloquearon las calles en su contra. Y, hay que decirlo, cerca de 15.000 ciudadanos firmaron una carta para que los dejaran operar.

La empresa llegó a Bogotá en octubre de 2013, después de consolidarse en 130 ciudades. Su objetivo es ofrecer una alternativa de transporte distinta, más cara, que sólo se puede pagar con tarjeta de crédito y que funciona, como promete la empresa, sin retrasos ni problemas de seguridad. Cuando los taxistas protestaron por la supuesta competencia desleal que representaba Uber para el sector, el Ministerio de Transporte se vio en una encrucijada: el decreto que regula los servicios de transporte especial fue expedido en 2001, cuando aplicaciones como Uber ni siquiera existían.

Si Uber es ilegal o no es una pregunta que todavía no tiene respuesta. Se sabe que el ministerio estudia una nueva reglamentación que podría blindar jurídicamente a las aplicaciones tecnológicas de transporte. Uber, sin embargo, continúa operando: cuenta con 2 millones de kilómetros recorridos en Colombia, ha generado 500 empleos indirectos y más de mil conductores están afiliados a la empresa. El Espectador habló con Michael Shoemaker, gerente de Uber Colombia. Pese a que la compañía no ha presentado ganancias, Shoemaker, un sociólogo estadounidense de 32 años que trabajó en www.linio.com, asegura que dará la batalla para quedarse en el país.

 ¿Analizaron la legislación colombiana antes de empezar a operar?
Sí, y no la vimos tan complicada: el servicio especial sólo necesita un contrato entre el grupo de usuarios y las empresas que lo transportan. Como plataforma tecnológica no encontramos ningún problema. Sin embargo, fuimos conscientes de que entrar a un nuevo mercado despierta la resistencia por parte de algunas empresas.

 ¿No hay competencia desleal? Los taxistas dicen que ustedes deberían pagar los mismos impuestos, pagar cupos...
El cupo es algo que el Gobierno le regala a una empresa de taxi y ésta lo vende entre 80 y 100 millones de pesos. La persona que lo compra puede venderlo cinco años después por un valor muy superior. Ellos buscan proteger el valor de esa inversión. El problema es que la estructura no funciona muy bien para los taxistas: tienen que pagarles a los dueños $60.000 o $90.000 diarios, cubrir gastos de gasolina y mantenimiento; lo que queda es lo que se lleva a la casa. En ese punto estamos innovando: las condiciones laborales de los conductores que utilizan Uber son distintas: no son empleados directos de Uber, son independientes, pueden decidir el horario en el que quieren trabajar. Ellos nos pagan una licencia, una comisión básica por el servicio que prestan utilizando la plataforma. Nosotros le compramos un iPhone, le pagamos un plan de datos para que pueda trabajar y nos encargamos del tema de mercadeo, por eso cobramos por la comisión.

 ¿Qué salida jurídica existe para que puedan operar sin problema?
La particularidad de Colombia a nivel de reglamentación es que no está incluido el servicio de limosina, por ejemplo. Uber es otra categoría de transporte, dirigida para ejecutivos y personas con la capacidad económica para pagar un servicio más costoso. Bogotá es la única ciudad que yo conozco que no tiene un tipo de transporte de este tipo. Estamos al tanto de que Colombia se ponga al día en la reglamentación de transporte especial.

 Si la empresa no ha obtenido ganancias y algunos vehículos han sido inmovilizados, ¿qué razones tienen para quedarse?
Si una mujer de 25 años que no salía a una fiesta porque no se sentía cómoda tomando un taxi, ahora tiene la oportunidad de tomar un servicio totalmente seguro y cómodo, su calidad de vida está cambiando. Estamos comprometidos con esas personas. Es cierto que no hemos sacado ni un peso desde que llegamos a Colombia. Como empresa joven es necesario llegar a cierto punto para que sea rentable, además, por el limbo jurídico hemos tenido que aumentar la inversión para mantener el servicio.

 Algunos conductores que utilizan Uber han pensado en retirarse por la polémica que se ha desatado...
Hemos trabajado con más de mil personas en el país. Por ahora no tenemos una meta específica: estamos analizando constantemente la demanda y la oferta. Muchos conductores están interesados en utilizar la aplicación porque para ellos es rentable. Eso sí: el filtro es riguroso, verificamos antecedentes judiciales y realizamos capacitaciones para el servicio. A la fecha, Uber no ha reportado accidentes, casos de robo, asaltos u otros delitos.

 Los conductores también denunciaron casos de matoneo por parte de los taxistas...
Hay algunos casos aislados. La gran mayoría de taxistas no se oponen a Uber, la presión proviene de las empresas de taxis. Buena parte de los conductores que trabajan con Uber han sido taxistas en algún momento de su vida. Además, la Policía de Tránsito ha bajado la intensidad de los operativos, ya no está inmovilizando los carros.

 

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