Procedimiento maxilofacial le devolvió sonrisa a niño víctima de matoneo en Bogotá

Un pequeño de ocho años, que era víctima de burlas y acoso por una malformación en su rostro, fue sometido a una intervención en un hospital público para lograr simetría en los dos hemisferios de su cara y la prolongación de su mandíbula.

El menor fue diagnosticado una microsomía facial, causada por el trauma de las múltiples cirugías a las que ha sido sometido. Tomada de Pixabay/Distrito

Desde que nació, a José Perilla, de apenas ocho años, le han realizado múltiples operaciones, entre ellas, una a corazón abierto, otra en uno de sus pulmones, en la tráquea y la más reciente, la que le corrigió una malformación ósea facial. “Todos los médicos quedan sorprendidos de él, porque es muy pequeño para tantas operaciones”, asegura su mamá, Sandra Chona.

La cirugía, que fue realizada en la Unidad de Servicios de Salud Occidente de Kennedy, tuvo una duración de dos horas y media y el menor permaneció 17 días internado, “porque cada día debía realizarse una distracción osteogénica, que consiste en activar dispositivos que se encuentran alojados en la mandíbula, dependiendo de la cantidad de hueso que se desea prolongar”, explicó Teomelila Guerra, médico maxilofacial.

Al principio, el niño no podía ir al colegio, pues los doctores recomendaron evitar, especialmente, caídas por el distractor que llevaba en su cara. El temor de su familia era también que se intensificaran los episodios de abuso y matoneo de los que era víctima José por su condición de discapacidad.

Sin embargo, seis meses después, cuando el aparato fue retirado de su rostro, él volvió a estudiar. De hecho, está en tercero de primaria y los profesores lo felicitan por su buen rendimiento académico.

Según la Alcaldía de Bogotá, 6.125 niños y niñas de la capital requieren ayuda permanente por alguna discapacidad y, próximamente, en el mismo hospital distrital se le realizará un procedimiento idéntico a una menor que tiene el mismo diagnóstico de José: microsomía facial.

“Ahora mi hijo come bien y muerde bien. Yo sé que Dios lo tiene para grandes cosas y mi amor por él es muy grande. Por eso, ahora me esfuerzo para pagarle un tratamiento de ortodoncia que necesita”, agrega Chona, quien trabaja como auxiliar de cocina en un restaurante en Ricaurte.

Según Guerra, las ventajas de este tipo de intervenciones a temprana edad es que dejan una cicatriz muy pequeña y cuando el paciente crezca será imperceptible.

 

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