Progresistas se pelean la joya de la corona: el Acueducto

Esta es una historia en donde las fuentes de información prefieren salir sin rostro.

Es un relato lleno de teorías conspirativas hechas por algunos militantes del partido progresista y que sugiere una división del movimiento por la disputa del control de la que hoy se ha convertido en la manzana de la discordia del partido en Bogotá: la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), avivando aún más los ánimos en un momento en el que el alcalde debe decidir quién será el próximo gerente de la EAAB. Sin bien el alcalde Gustavo Petro aceptó la renuncia de Bravo a través de Twitter, a la oficina de Bravo no ha llegado una notificación oficial que acepte su renuncia. Según fuentes, Bravo se quedará hasta el 9 de marzo ya que “no quiere inhabilitarse para poder participar en la contienda política al Congreso de la República”.

Hoy hay varios nombres que suenan como candidatos a la gerencia del Acueducto, codiciada empresa pública, con un patrimonio de $6 billones. Aseguran fuentes que cada uno de ellos representa un ala del progresismo. El más sonado de los elegibles es Fernando Arbeláez, quien se desempeñó como gerente financiero de la EAAB hasta que renunció debido a diferencias irreconciliables con el saliente gerente Diego Bravo. Según personas allegadas a Arbeláez, fue el exgerente financiero quien le advirtió a Petro que la negociación con los operadores privados había sido inconveniente para el Distrito y que aunque la ganancia para estos había disminuido del contrato se había sacado algunos objetos relacionados con la gestión comercial del servicio. Arbeláez es excombatiente del M-19, hizo parte de la regional Cundinamarca de la que el alcalde de Bogotá era la cabeza. Fue expulsado del movimiento guerrillero pues se opuso a seguir combatiendo con armas y dinamita al entonces presidente Belisario Betancourt cuando éste tenía planes exploratorios para firmar de paz con el M-19. Finalmente, Betancourt frenó sus planes debido a la toma al Palacio de Justicia por parte de ese grupo guerrillero.

Otro de los candidatos es Alberto Merlano Alcocer, familiar de Verónica Alcocer, esposa del alcalde Petro. Merlano fue gerente de la empresa de Acueducto en la administración de Luis Eduardo Garzón. En su periodo de gerencia, Félix Betancourt era el gerente de Aguas de Bogotá, quien aprobó, con consentimiento de la junta directiva del Acueducto, la compra de acciones de cuatro empresas (Gestaguas, Hydros Melgar, Hydros Chía e Hydros Mosquera). Debido a este negocio, la Contraloría Distrital encontró que Aguas de Bogotá había pagado un valor mayor al que realmente costaban las empresas. Fuentes del Acueducto aseguran que Merlano renunció a la gerencia del Acueducto para no resultar salpicado por el escándalo que sacudió en 2005 a la empresa distrital.

Juan Casas, quien reemplazó a Arbeláez en el puesto de gerente financiero y quien se venía desempeñando en el Acueducto como gerente de planeamiento, es también uno de los candidatos a ser gerente. El concejal Juan Carlos Flórez le aseguró en una entrevista a Cecilia Orozco que Casas era cuñado de Merlano.
Carlos Simancas, disidente del Polo Democrático, hoy progresista y actual secretario de Desarrollo Económico, es otro que está en la baraja de elegibles. Cuando Petro tomó el cargo como alcalde se rumoraba que Simancas sería el gerente de Aguas de Bogotá. Simancas fue uno de los financiadores y gerente de la campaña de Gustavo Petro a la Alcaldía.

Por último, Jorge Rojas, actual secretario de privado del alcalde, es uno de los aspirantes a la gerencia. Rojas ha sido activista de derechos humanos y periodista. Según fuentes de Aguas de Bogotá, cuando el Distrito se vio sin flota con qué operar el servicio de aseo en la ciudad, Petro nombró a Selma Asprilla, hermana del actual secretario de Gobierno, y a Rojas para que se pusieran frente a la adquisición de flota alquilada y usada proveniente de Estados Unidos. Sin embargo, funcionarios cercanos a Petro aseguran que “no hay alguna posibilidad de que Rojas sea el gerente del Acueducto por su falta de experiencia”.
Según progresistas, en la Empresa de Acueducto y Alcantarillado “se vive un ambiente hostil enmarcado en una disputa entre mandos altos y medios del extinto M-19 por el control de la empresa”, sin embargo, ninguno quiere expresarlo oficialmente.

Desde el Principio

La Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) tiene un gran músculo financiero: con ganancias brutas por $578.833 millones (octubre de 2012) y un patrimonio de más de $6 billones; encargada de subsidiar con sus excedentes financieros el mínimo vital de agua de 641.214 familias en la ciudad ($42.003 millones), lo que para varios analistas políticos es considerado como un “cultivo de capital político: votos”. Y, desde el año pasado, es el Acueducto la empresa destinada por la Unidad Administrativa de Servicios Públicos (UAESP) para garantizar y supervisar un negocio de $360.000 millones anuales, el de la basura.

El inicio de esta cronología empieza en mayo del año pasado, mes en el que el alcalde Gustavo Petro, en una reunión privada, le reveló al saliente gerente del Acueducto, Diego Bravo Borda, sus planes de controlar el servicio de aseo en la capital del país a través de un operador público: inicialmente se contempló que fuera el Acueducto. Para ello, Petro fijó tareas y Bravo se comprometió a realizarlas: la consecución de una flota de compactadores nueva, la contratación del personal y conocer cómo operaba el negocio (rutas de recolección, micro rutas, equipos etc.) y crear la empresa de aseo de la capital del país: Aseo Bogotá.
Según fuentes de la empresa distrital, desde mayo el alcalde había dado instrucciones al gerente para que el 18 de diciembre se garantizara la retoma y el servicio, sin embargo, aseguran que para esa misma época Bravo también sostenía reuniones con funcionarios de las empresas operadoras privadas del servicio con el fin de negociar unos nuevos contratos. A lo cual Bravo siempre ha respondido que la negociación con los privados siempre estuvo en el tapete de las posibilidades teniendo en cuenta que sus ganancias debían disminuir y que estuvieran supeditados al control por parte del Distrito.

De acuerdo con funcionarios de altos cargos en el Acueducto, Diego Bravo le parecía riesgosa y costosa la idea del alcalde de que el Acueducto prestara el servicio de aseo en la ciudad. Según funcionarios que trabajan en dicha empresa, Bravo consideraba que el manual de contratación de Aguas de Bogotá era más flexible que el de la EAAB y que la vinculación de personal al Acueducto costaría muchísimo dinero ya que los empleados ingresarían como funcionarios de carrera, mientras que en Aguas de Bogotá no se tendría ese requisito. Así que, según fuentes, Bravo fue quien convenció al alcalde de que el operador público debería ser Aguas de Bogotá y que la supervisión del servicio se quedara en la EAAB. Si la idea era reducir costos, el argumento de Bravo era razonable, sólo había un inconveniente: Aguas de Bogotá es una empresa de papel, en quiebra y desfinanciada, como así lo aseguró a este diario Diego Ardila, contralor Distrital de Bogotá.

De acuerdo con funcionarios del Acueducto, en los meses de Agosto y septiembre del año pasado, Diego bravo le pidió a la Junta Directiva de la empresa que capitalizara a Aguas de Bogotá para que ésta pudiera ser el operador distrital, sin embargo, la junta directivo no aprobó la capitalización. Es por eso que el anticipo que el Acueducto de Bogotá le dio a Aguas de Bogotá, como así se enmarcó en un convenio interadministrativo entre las partes, se depositó en una fiducia porque, según una fuente del sindicato de la empresa, “si la plata girada por el anticipo hubiera llegado directamente a las cuentas de Aguas, los acreedores no hubieran dejado un solo peso”.

Volviendo a las tareas encomendadas por el Alcalde a Diego Bravo, asesores del alcalde aseguran que en las múltiples reuniones que sostuvo Petro con su equipo de trabajo y Bravo, éste último siempre aseguró que las cosas iban por buen camino, “que tenía plan A, B, C, D y hasta Z. Bravo aseguraba que el Distrito sí podría garantizar el servicio el 18 de diciembre. Nunca nos dijo en qué consistían sus planes y sólo lo conocimos hasta el 19 de noviembre en una presentación para la Junta Directiva.

En cuanto a la flota nueva, la sensación que tienen buena parte de la administración es que Bravo dilató el proceso de compra de los camiones nuevos, él decía que no se podían comprar directamente y que se debía hacer una licitación, eso demoró todo y además incidió en que los planes iniciales cambiaran. Sin flota, eso obligó al alcalde a negociar con los privados y a alquilar compactadores usados. Petro fue engañado por Bravo y pareciera que todo esto hiciera parte de un plan malévolo para terminar firmando con Alberto Ríos y William Vélez (dueños de las empresas operadoras privadas Aseo Capital y Atesa, respectivamente”.
El Espectador conoció dicha presentación a la que la fuente hace referencia. En dichas diapositivas en ningún momento se consideró a Aguas de Bogotá como operador, se estableció una operación directa por parte del Acueducto en el 100% de la ciudad “con 592 volquetas mientras llega la Flota nueva de vehículos y 6.000 personas aproximadamente”.

Sin embargo, se planteaba el enganche de personal a través de Aguas de Bogotá. En esa presentación, se estudiaba la posibilidad de operar en toda la ciudad aunque no dejaba de lado que el operador público se quedara con algunas de las seis zonas y se contratara las restantes con cinco operadores privados, diferentes a los que venían prestando el servicio en la ciudad: Grupo Sala, Corpoaseo (propiedad de Óscar Salazar, el mismo que le arrendó los compactadores usados al Distrito), Promoambiental, Aseo Especial (empresa en la que participa Darío Beltrán) y Aseo Ambiental.

En dicho documento también se estableció la ruta a tomar: “Elección del Modelo de gestión según escenarios planteados. La creación de la Filial ASEO BOGOTA. La elección de las zonas de intervención directa. La constitución de la mesa de negociación con operadores actuales, término máximo, 23 de noviembre. Buscar la autorización de la subcontratación con Aguas de Bogotá. Y lograr la autorización de la operación temporal con volquetas”.

El 10 de diciembre, Diego Bravo, en un control político en el Concejo, presentó a la ciudad cómo sería el modelo del servicio de recolección de basura en Bopgotá. En el Cabildo. Bravo aseguró que “a partir del 18 de diciembre de 2012, el servicio se prestará en los mismos horarios y frecuencias actuales, pero garantizando mayor calidad en el servicio en todos sus componentes y cumpliendo con los mandatos de la Corte Constitucional”, señaló además que “la EAAB asumirá directamente la gestión comercial del servicio de aseo de Bogotá y Aguas de Bogotá será el operador público”. Finalmente, el Distrito negoció con los antiguos operadores privados el 18, 19, 21 y 22 de diciembre.

¿Los malos de la película?

Sin bien algunas fuentes quieren hacer ver a Diego Bravo como el judas de la administración Petro, hay quienes dicen lo contrario. Esta parte de la historia reciente del Acueducto se ancla en los primeros días de diciembre, cuando la ciudad se enteró de que Bogotá había firmado un contrato de alquiler de compactadores usados que se importarían desde Estados Unidos.

De acuerdo con un funcionario de Aguas de Bogotá, “el alcalde puso a Jorge Rojas y a Selma Asprilla al frente de Aguas de Bogotá. Es injusto que Mario Álvarez hubiera terminado echado de la empresa, él era el gerente pero quienes tomaban las decisiones eran Rojas y Asprilla. Ellos llegaron a la empresa supuestamente a asesorar el tema de los compactadores usados y viajaron a Estados Unidos a ver los camiones, pero asesoraron la contratación de todo: insumos, uniformes, todo”.

Según este funcionario, eran rojas y Asprilla quienes daban informes a Álvarez y a Bravo de los avances en materia de aseo, información que estos dos últimos reportaban al alcalde. Otra fuente asegura que “Rojas, sobre todo, despachó todo diciembre desde Aguas de Bogotá. A Bravo lo separaron del tema del aseo desde noviembre, quedando a cargo de Jorge Rojas y Augusto Ramírez”.

Al alcalde Gustavo Petro tiene el reto de escoger como gerente del Acueducto que sea capaz de apagar el incendio interno que habita en la empresa, esto será hasta el 9 de marzo, fecha en la que Diego Bravo, según fuentes cercanas, está decidido a irse.
 

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