Proyecto de casas para personas de escasos recursos en Bogotá sí se podría inundar

Aunque el Distrito destrabó el Plan Parcial Campo Verde, que se construirá a orillas del río Bogotá, persisten las dudas sobre los riesgos de inundación. El IDIGER dice que, si bien el río no se desbordará, no hay garantías de posibles encharcamientos en épocas de lluvia.

Peñalosa, en compañía del vicepresidente Germán Vargas Lleras y de la ministra de Vivienda Elsa Noguera, puso el primer ladrillo en la obra. La inversión ascenderá a $300.000 millones y generará 3.500 empleos. /Alcaldía

Aún permanecen en la retina de los habitantes de la ciudadela El Recreo, de la localidad de Bosa, las imágenes de sus casas inundadas por las aguas negras del río Bogotá, en la ola invernal de 2011. En ese entonces, el desbordamiento dejó 28 mil afectados y tras la emergencia, otros terrenos que se iban a urbanizar a orillas del afluente fueron declarados zona de riesgo. Hoy, cinco años después de dicha inundación, el alcalde Enrique Peñalosa anunció que en esos terrenos ya se puede construir sin riesgo, lo que permitió reactivar un proyecto de vivienda para personas de escasos recursos, en un predio contiguo a El Recreo.

Se trata de la ciudadela Campo Verde, un terreno de 84 hectáreas, donde la Nación y la Administración construirán 6.129 viviendas para familias con ingresos de hasta dos salarios mínimos o estratos uno y dos. De estas, 3.500 casas serán para víctimas del conflicto. El proyecto, que estuvo estancado por años, finalmente lo pudieron destrabar, luego de un concepto del IDIGER que recientemente levantó la restricción para construir en la zona.

Según la entidad, las obras que adelantó la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) en los últimos años para ampliar la capacidad del río Bogotá minimizaron los riesgos. Por eso Peñalosa, en compañía del vicepresidente Germán Vargas Lleras y de la ministra de Vivienda Elsa Noguera, puso este martes el primer ladrillo en la obra. (Lea: Campo Verde: vivir a la orilla del río Bogotá)

No obstante, los temores de construir en Campo Verde (por su ubicación) persisten entre algunos expertos. Ellos sustentan sus peros en informes técnicos que se conocen desde la época del exalcalde Samuel Moreno. En uno de estos documentos, de 2010, el IDIGER (entonces Fondo de Prevención y Atención de Emergencias- Fopae) advertía que, por su cercanía a los ríos Bogotá y Tunjuelo, los predios donde se proyectó el Plan Parcial Campo Verde podrían sufrir inundaciones por cuenta del desborde de cualquiera de los dos afluentes, con una probabilidad que oscilaba entre el 10% y el 65%.

“Es de gran importancia recalcar que la amenaza de inundación por desbordamiento sólo puede reducirse y de ninguna forma eliminarse. Es indispensable que la población asentada en esas zonas (…) sea consciente del riesgo que esto implica”, alertaba el organismo.

Pese a la advertencia, en marzo de 2011 y antes de ser suspendido por la Procuraduría, el alcalde Samuel Moreno adoptó el Plan Parcial Campo Verde para la construcción de proyectos urbanísticos en la zona, meses antes de las inundaciones en Ciudadela El Recreo.

Ya en 2013 y siendo alcalde Gustavo Petro, la Administración retomó el concepto de 2010 del IDIGER y declaró el sector como zona de riesgo inundable. Luego llegó la decisión del Tribunal Administrativo de Cundinamarca que ordenó al Distrito abstenerse de construir en esos terrenos.  Campo Verde quedó paralizado hasta este año, cuando Peñalosa llegó a la Alcaldía.

Menor riesgo

Tras revisar el informe elaborado en 2013 y las obras que adelantó la CAR en el río Bogotá, este año el IDIGER emitió un nuevo concepto y cambió la calificación de ‘alto riesgo de inundación’ en los predios de Campo Verde y la catalogó como ‘zona de riesgo mitigable’, lo que revivió el proyecto urbanístico. En diálogo con El Espectador, el director del IDIGER, Richard Vargas, argumentó que los trabajos de la CAR permitieron mitigar el riesgo en la zona.

De acuerdo el funcionario, tras los efectos desbastadores de la ola invernal de 2011, la CAR efectuó obras de adecuación hidráulica sobre el río para reducir los riesgos derivados de lluvias. “El concepto de 2013, de manera intempestiva y sin cálculos hidráulicos, puso en duda el proyecto señalando que había incertidumbre. Luego viene la ampliación del río y en esas nuevas condiciones emitimos el concepto en marzo de 2016. Se revisó la situación de amenaza. Encontramos que las condiciones nos permiten revocar el concepto de 2013 y darle continuación a Campo Verde”, sostuvo Vargas, quien dijo que el concepto se formuló en apenas un mes.

“No es que en el 2016 hayamos simplemente derogado un concepto de 2013. Es que el de 2013, sin muchos argumentos, derogó uno de 2010. Ahora, con los argumentos que son, estamos llevando esa connotación de amenaza a donde estaba originalmente”, precisó el funcionario.

Está incompleto

Sin embargo, otra es la postura de Javier Pava, especialista en evaluación de riesgos y prevención de desastres y director del IDIGER en la administración Petro. Él señala que las obras de adecuación no han concluido, por lo que no se puede determinar que haya certeza sobre el comportamiento hidráulico del río: “todavía falta un tramo y el río se comporta como uno solo (…) lo que suceda aguas arriba afecta aguas abajo”, indicó a este diario.

Según el exfuncionario, la suspensión de la construcción de Campo Verde se adoptó no solo por el riesgo de inundación, sino por el efecto de las lluvias pico: mucho más intensas y devastadoras por cuenta del cambio climático, lo que provocaría el desbordamiento ya no del afluente, sino del sistema de drenaje. “Campo Verde está más hacia el sur, en una zona más baja topográficamente que El Recreo, de tal suerte que una situación como la de 2011 se podría presentar allí. Las obras que plantea la CAR no van a ser suficientes y no resuelven el problema, más cuando los trabajos hoy llegan apenas hasta la Calle 80”, agregó.

Pava advierte además que las obras adelantadas por la CAR tienen una duración o vida útil de apenas cinco años, puesto que los trabajos sobre ríos se deterioran muy rápidamente y se sedimentan por basuras o residuos sólidos, “que hacen que la garantía de la obra sea muy corta”.

Las obras de adecuación hidráulica

Según le explicó Néstor Franco, director de la CAR, a El Espectador, el fenómeno de La Niña que en 2011 se ensañó con las localidades de Bosa, Kennedy, Fontibón, Engativá y Suba, así como con los municipios que están ubicados en el costado occidental del río, obligaron a la Corporación a intervenir el río Bogotá para garantizar que los riesgos por inundación se mitigaran de forma sustancial.

Para ello, en el marco del megaproyecto de descontaminación y recuperación del río Bogotá, se definieron dos líneas bases para poder trabajar: primero, optimizar la capacidad hidráulica del río y segundo, mejorar la calidad del agua que discurre por el río. Para el primer objetivo y con ayuda del Banco Mundial, se invirtieron $180.000 millones entre otras, para la ampliación y limpieza del cauce.

“Para 2011, el río tenía un ancho de 30 metros. Hoy por hoy tiene un ancho homogéneo de 60 metros desde Soacha hasta Calle 80. Pero no solo eso. Cuenta ahora con un sistema de jarillones técnicamente muy bien construidos que garantiza que el río va a tener un buen comportamiento en su recorrido; tiene un parque lineal a los lados que favorece la recreación pasiva de los bogotanos; cuenta con áreas de inundación controladas para cuando crezca; tiene recuperadas las ‘madres viejas’ para disminuir la velocidad del río en tiempos de creciente y contar con la posibilidad de que se convierta en el eje estructurante de la ciudad”, sostuvo.

Con las obras, de acuerdo con Franco, la capacidad hidráulica del río –es decir, las aguas que puede recibir sin que haya desbordamientos– pasaron de 100 metros cúbicos por segundo en 2011, a 200 metros cúbicos por segundo, lo que desvirtúa que pueda haber desbordamientos en sectores como Campo Verde. “Doblamos la capacidad hidráulica del río y desde la Corporación podemos garantizar que no se va a desbordar, pero las obras por si solas no garantizan que no haya inundaciones. Tenemos que tener un compromiso de la ciudad y del Acueducto respecto al mantenimiento adecuado del sistema de alcantarillado, porque una cosa es que el río no se desborde y otra es que el sistema colapse”.

Pava, por su parte, agrega que, tanto por la incertidumbre del comportamiento hidráulico del río Bogotá como por el recrudecimiento de fenómenos climáticos, es mejor no exponer a los habitantes llevándolos a vivir en esta zona. “Este es un grave error al que están llevando a todo el mundo en un afán por construir un proyecto. No solo Campo Verde, sino el de Ciudadela del Río, lo que provocará que el río Bogotá se convierta en otro canal como el de la Carrera 30. Eso es muy peligroso y ese no es el camino, más en tiempos de cambio climático”, precisó.

¿Persiste entonces el riesgo?

Aunque Richard Vargas, actual director del IDIGER, no es tan pesimista como su antecesor, de cierta manera ratifica una de las alertas. Reconoce que es posible que en el proyecto se registren inundaciones, pero no pasarían de ser encharcamientos por lluvias. “En este momento, un aguacero intenso en Bosa puede causar un encharcamiento y que se inunden algunas viviendas, pero eso no quiere decir que el río Bogotá se vaya a desbordar. La causa podría ser un alcantarillado tapado”.

Vargas admite que aún hace falta estudiar la margen izquierda del río para generar un nuevo mapa de amenaza por desbordamiento, el cual será incorporado en el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la ciudad.

Entretanto, la CAR manifiesta que solo eventos extremos, como condiciones de diluvio no previsibles, harían colapsar la capacidad hidráulica del río. No obstante, malos hábitos de los ciudadanos como arrojar basuras al afluente podrían generar otra catástrofe como la de 2011.

“Nunca una obra de ingeniería hidráulica va a mitigar el riesgo o lo va a reducir a cero. Los trabajos garantizan un comportamiento adecuado del río, pero si otra vez se llena de basura, pues se va a desbordar. Estamos mejor preparados ahora, pero eso no nos hace garantes de la ausencia total de inundación (…)”, agrega el director de la CAR.

Y concluye: “Es responsabilidad de los constructores garantizar las condiciones para que sus proyectos sean adaptables al cambio climático. Hay que hacer arquitectura sostenible, no podemos construir como en antaño, sino siempre consultando los niveles de riesgo que se pueden generar en Campo Verde o en cualquier otra zona de la ciudad”.

 

 

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