21 artistas intervendrán 19 de sus muros

Puente Aranda, la localidad del color en Bogotá

Este fin de semana se adelanta la segunda versión de Distrito Grafiti, el plan para revitalizar zonas grises de la ciudad con la intervención de artistas urbanos. Aunque hay grafiteros incrédulos, el objetivo es hacer de Bogotá una ciudad galería.

Hace 10 meses los muros de las fábricas de Puente Aranda dejaron su tono gris para llenarse de color. / Mauricio Alvarado - El Espectador.

La práctica del grafiti causa controversia entre quienes lo defienden como oficio y los que lo tachan de vandalismo. Desde su génesis, esta modalidad de pintura se ha caracterizado por su naturaleza anónima, fugaz y underground, algo que ha enfrentado a grafiteros y autoridades. No obstante, unos y otras se vieron obligados a reflexionar sobre esta práctica tras el asesinato de Diego Felipe Becerra, en agosto de 2011, un caso que puso en evidencia la falta de condiciones para una libre expresión en paredes, fachadas y puentes. Ese mismo año, el Concejo sentó las bases para regular el arte urbano y a partir de 2012 se pintaron los primeros trazos concertados. Hoy, esas políticas se transformaron en un plan para revitalizar zonas grises con la creatividad y el color de los artistas del grafiti.

La localidad de Puente Aranda, que alberga el mayor número de fábricas en la ciudad, fue la zona elegida por la administración como el primer laboratorio para esa revitalización a largo plazo. Desde hace 10 meses está en marcha un ambicioso proyecto para darles vida a las bodegas y las fachadas de un sector por el que sólo transitan los trabajadores y los habitantes de pocas zonas residenciales. Distrito Grafiti, el programa que este fin de semana llega a su segunda edición, tiene tres metas: llenar de vida una de las zonas grises de Bogotá, promover a futuro el turismo en la localidad y, la más importante para el futuro del grafiti en la ciudad, brindar espacios para una práctica que complazca a artistas, vecinos y empresarios.

Desde el pasado miércoles y hasta este martes, en 19 muros (cada uno de 9 metros de alto por 6 de ancho), 21 artistas de Colombia, Francia, México, Estados Unidos y Brasil trabajan para darle una nueva cara al sector. No pintarán lo que deseen, pero sí como lo deseen. La razón: una de las políticas del proyecto es concertar los temas de las obras entre los propietarios de los inmuebles, los vecinos, el Distrito y los artistas. Este es un paso vital, y a al vez el más complejo, pues se trata de poner de acuerdo a un grupo con visiones diferentes alrededor del arte.

El propósito es construir entre todos. Queremos fomentar el arte urbano responsable, en el que los artistas tengan el permiso de la gente que presta los muros, y que los propietarios entiendan la importancia del arte como un revitalizador de espacio público. Nuestra meta es intervenir 50 muros”, asegura Natalia Bonilla, subdirectora de Arte, Cultura y Patrimonio de la Secretaría de Cultura.

La premisa del proyecto, como su nombre lo indica, es convertir a la ciudad en un “distrito del grafiti” que sea ejemplo para el país. La idea es replicar el plan piloto en plazas de mercado y luego en otras zonas de la ciudad, para convertirlas en galerías a cielo abierto.

Desde esta semana se vienen adecuando las 19 paredes en las que estarán los nuevos murales de Distrito Grafiti. / Cortesía, Secretaría de Cultura.

Inconvenientes

Como todos los proyectos, este también tiene detractores. Los artistas que desean mantener su arte de manera underground, es decir, “bajo las sombras”, aún se sienten excluidos de este tipo de iniciativas. Aunque la meta es acercar al Distrito y a los artistas, el programa aún no logra conectarse con algunos grupos, como los responsables de los grafitis que de la noche a la mañana han aparecido en buses y muros.

Al respecto, Catalina Rodríguez, gerente de Artes Visuales de Idartes, asegura que posiblemente con el tiempo estos “colectivos vandal —como se hacen llamar— se darán cuenta de que es la mejor manera de realizar su arte. “Nosotros no tenemos acceso a estos grupos, pues ellos ni siquiera tienen contacto con las esferas institucionales. Son posturas, y lo complicado es que ellos hacen su grafiti sin tener en cuenta el impacto en los demás. Nos tocaría poner un policía en cada sitio y, como no se puede, intentamos promover una práctica responsable y respetuosa”.

Quienes están en el medio de la discusión tienen otra visión. Para artistas como Hugo Bohórquez, publicista y grafitero que por estos días representa a la ciudad en España y Francia, la importancia está en fortalecer desde abajo estas iniciativas. “La comunicación con el Distrito va bien, pero siento que hace falta más interés de las instituciones por empoderar a los líderes locales de grafiti, para que en cada localidad haya una propuesta sólida en cuanto a la práctica responsable. También hace falta mayor inclusión de los artistas emergentes de la ciudad”.

El Distrito espera que institucionalizar espacios para una práctica responsable del grafiti cierre el eterno debate de arte contra vandalismo. Un debate que esta semana llegó al Concejo, donde se escucharon posturas e ideas para hacer de este ejercicio un ejemplo y que la ciudad sea reconocida internacionalmente. Por ahora, las reglas de juego para el grafiti en la ciudad no cambian: quien quiera pintar legalmente una pared debe pedir permiso a los propietarios o al Distrito, contar con los permisos de seguridad y concertar el tipo de intervención que se quiere hacer. El gran interrogante que aún no se responde es cómo se vincularán los artistas que no hacen murales sino otro tipo de grafitis, como mensajes o firmas, o si definitivamente se quedarán al margen de estas iniciativas.

Cortesía, Secretaría de Cultura.