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hace 1 día
La obra cuenta con un avance del 56 %

Puente de la Mutis: alivio para la movilidad del occidente

La construcción, que atraviesa los barrios La Reliquia, El Encanto, La Cabaña, Bosque Popular y Normandía, es una de las obras que la administración espera dejar terminada antes de finalizar el año.

La ampliación de la calle 63 tendrá una longitud de 2,3 kilómetros de vía y ciclorruta. / Diego Cuevas - El Espectador

Cada bogotano pasa, en promedio, 271 horas al año en trancones, lo que equivale a estar casi 12 días en un vehículo. Esta cifra hizo de Bogotá una de las ciudades con el peor tráfico del mundo en 2018, según un escalafón de la firma Inrix Global Traffic. Ante este antirrécord, el Distrito busca agilizar los tiempos de desplazamiento con la entrega de infraestructura que permita descongestionar puntos críticos, como los que se generan, por ejemplo, por el déficit de conexiones entre el oriente y el occidente de la ciudad.

Este panorama podría cambiar a finales de año, gracias a la obra que avanza en Engativá y que, fuera de darle continuidad a la calle 63 o avenida José Celestino Mutis, servirá también para renovar 27.000 metros de espacio público, los drenajes de la zona y las redes de servicios públicos.

La necesidad de este trabajo era evidente. La calle 63 es actualmente una vía de 12 kilómetros, que pese a extenderse desde la Caracas, en Chapinero, hasta la carrera 112, en Engativá, no ha sido un corredor continuo, al verse interrumpido en el barrio Normandía, entre la carrera 70 y la avenida Boyacá. Ahora, una vez terminen los trabajos, podrá tener flujo continuo, convirtiéndose en una alternativa para conectar la zona aeroportuaria y la sabana con el resto de la ciudad.

Uno de los tramos que demuestran el avance es el puente que se construye sobre la avenida Boyacá, el cual tendrá tres carriles por sentido y un ciclopuente. Actualmente los trabajos van en un 56 % de ejecución siendo, después del puente vehicular de la calle 183 con autopista Norte, la obra de infraestructura vial más adelantada en la ciudad en este momento.

Esta obra se empezó a construir formalmente en diciembre de 2017 y esperan poder entregarla a finales de este año. Sin embargo, vale recordar que el conector es una vieja deuda con los residentes de la zona, ya que fue incluida en la valorización de 2013, pero que solo hace 16 meses se pudo iniciar, según el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), porque estaba desfinanciada.

Inicialmente, para estos trabajos estaban destinados $89.332 millones. Sin embargo, ahora costará $186.000 millones, debido a los retrasos y la actualización de estudios, etapa en la que se realizaron ajustes en el diseño del puente peatonal del costado occidental y en las obras para redes de servicios públicos.

Más allá de todos estos detalles, es claro que la obra tendrá un impacto mayor: Una vez completen el corredor con los 2,3 kilómetros de nueva vía, no solo permitirá un tránsito más fluido por la avenida Boyacá (al eliminar un semáforo), sino que aliviará el tráfico de las calles 53 y la calle 66, así como desatascar en horas pico las calles 26, 68 y 80.

Alivio al tráfico del occidente

Según cifras del Distrito, por el sector en el que se construye la obra se movilizan 80.000 vehículos al día. Para muchos residentes, la nueva conexión será un alivio para el tráfico de una zona que en su mayoría es residencial y que cuenta con un alto flujo vehicular sobre la avenida Boyacá, antes del ingreso a los barrios.

Juan Sebastián Henao, residente del conjunto Colón, ubicado al frente de la obra, asegura que es un proyecto que los habitantes del sector llevan muchos años esperando. “Ya era hora de que se consolidara. La movilidad por este sector es estresante y era necesario que prestaran atención al occidente de la ciudad”.

En esto coincide Fanny Becerra, propietaria hace 18 años de una panadería sobre la calle 63, quien dice que la obra desatascará la zona. El Distrito estima que 1,3 millones de habitantes de Engativá, Fontibón y Suba se verán beneficiados con el proyecto. Además se calcula que los tiempos de desplazamiento se reducirán hasta en 45 minutos.

No obstante, como todo proyecto, esta construcción también divide las opiniones. Hay algunos a los que les preocupa la inseguridad debajo del puente. Al menos así lo advierte Germán Gómez, fiscal de la Junta de Acción Comunal y quien vivía en el barrio La Reliquia, donde 117 predios fueron demolidos.

“No nos han dicho cómo se manejará el tema. Por ahora ha sido terrible, porque los ladrones aprovechan las polisombras. Además, hay que ver cómo queda el puente por debajo, porque sumado a eso tenemos un caño que incrementa el riesgo. Tiene que haber un acompañamiento directo de la Policía, sí o sí”, precisó Gómez, quien agregó que los habitantes han solicitado la construcción de un CAI, pero no les han dado respuesta.

Por su parte, los comerciantes han manifestado preocupación por sus negocios. Una de ellas es Becerra, quien asegura que las ventas de su panadería han caído casi 70 % desde que se inició la obra. “Tendrá beneficios en movilidad, pero no sé si me vaya a perjudicar o beneficiar. Hasta el momento me está perjudicando, porque la gente ya no pasa por acá, por eso dos personas han cerrado sus negocios: otra panadería y un local de comidas rápidas”, aseguró.

Sobre las dudas de la comunidad, la directora del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), Yaneth Mantilla, afirma  que la entidad garantizará un acompañamiento constante de la Policía y de funcionarios de la Secretaría de Seguridad. Asimismo recalca que en el proceso de construcción han contado con vigilancia privada, que tiene comunicación directa con la Policía, y destacó el trabajo en cuanto a pedagogía de los actores viales que usarán el puente. “En temas de seguridad vial, trabajamos de la mano con la Secretaría de Movilidad para que los conductores, los ciclistas y los peatones cumplan las normas de seguridad y evitar accidentes”, concluyó Mantilla.

Pese a las dudas de algunos vecinos, es claro que la obra es fundamental para aliviar la movilidad del occidente de Bogotá. Sin embargo, es apenas una de las múltiples infraestructuras que necesita la ciudad. Antes de que llegue la nueva administración, se prevé la entrega de 18 obras viales, como las avenidas Ferrocarril (Fontibón), San Antonio (Usaquén), Rincón y Tabor (Suba) y Los Cerros (San Cristóbal).