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Festival Iberoamericano de Teatro sigue endeudado

Tras año y medio de denuncias por incumplimientos en los pagos a 20 compañías nacionales que se presentaron en la pasada edición, los nuevos organizadores buscan estar al día para avanzar en la versión 2018. Además del saldo en rojo, a los actores les preocupan los posibles cambios en la programación

La versión XVI del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá se realizaría entre marzo y abril del próximo año. Óscar Pérez-El Espectador

Después de dos años, solo cinco de las 20 compañías de teatro que participaron en la pasada edición del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá han recibido sus honorarios. Las otras 15 siguen sin ver un peso. Por eso, la semana pasada salieron a protestar, justo cuando los nuevos organizadores del certamen empezaron a promocionar la próxima edición sin ponerse al día con sus acreedores.

La protesta tiene una justificación: el acuerdo con las compañías nacionales de teatro era que les iban a pagar, dependiendo de la venta de boletería. La taquilla se dividiría en 35 % para las salas, 35 % para el grupo actoral y el 30 % restante para el festival. No obstante, al finalizar el año ninguna había recibido su pago. A la fecha, solo les han pagado a cinco.

Los líos del Festival comenzaron el año pasado. Tras la controvertida renuncia de Daniel Álvarez Mikey (hijo de la fundadora del festival Fanny Mikey) a la dirección del Festival, se supo que justo después de terminar el certamen en marzo de 2016, una jueza había ordenado el embargo de las cuentas donde estaban los dineros recaudados por la Fundación Teatro Nacional por la venta de boletería del Festival Iberoamericano de Teatro, entre el 11 y el 27 de marzo pasados.

Esto porque en similares circunstancias a la denunciada por los actores, El Roble Producciones S.A.S., contratada para efectuar la producción técnica y logística del festival en 2014, no había recibido el total de los pagos por su labor en la edición del Festival de ese año, ni logró llegar a un acuerdo.

En febrero de este año, las 20 compañías volvieron a reclamar el pago por las funciones. En esa ocasión sirvió como intermediario la Asociación Colombiana de Actores (ACA), que hizo formalmente la petición a la Corporación Festival y entró a mediar con su directora ejecutiva, Anamarta Pizarro.

El acuerdo al que llegaron Diana Ángel y Julián Román, como voceros de ACA, y Pizarro fue a que el pago lo efectuaría la banca de inversión Konfigura, que se hizo responsable de la deuda del Festival. En el momento, la firma internacional Crowe Horwath se encontraban haciendo una auditoría de las deudas, que superarían los $4.000 millones. Luego de ello se realizaría de forma prioritaria el pago a las compañías de teatro, por ello Pizarro no dudó en acordar que no se adelantaría la presentación de la edición del Festival 2018, hasta que no se saldara la deuda.

Por esto, a los actores a los que no se les ha realizado el pago los tomó por sorpresa la semana pasada la llegada de las invitaciones para asistir a la inauguración de la obra argentina “Wayra”, en la que de paso se haría la presentación de la versión XVI del FITB.

Nuevamente ACA se pronunció y reiteró que no se había cumplido con los pagos y que exigían acciones. Por su parte, Pizarro aseguró que esto ya era responsabilidad de la banca de inversiones. Según Lía Heenan, socia de la firma, se comenzó una reestructuración del Festival para garantizar la realización de las próximas versiones. Primero, se buscaron aliados estratégicos: TuBoleta y Páramo Presenta, que se comprometieron a poner el dinero para pagar a las compañías de teatro extranjeras que participaron en la edición pasada y que no se les había terminado de pagar.

“Posteriormente se pidieron prestamos par pagar a unos actores nacionales, a los que se les debía unos saldos, que sumados eran importantes y que se entregaron la semana pasada”, aseguro Heenan.

Así llegaron a un acuerdo con la Fundación de Teatro y Títeres La Libélula Dorada, Locomotora Producciones, Rubén Darío López, Teatro La Candelaría, Mauricio Iragorri, Teatro Santa Carmela y Diego Mateus. Además, según afirmó el actor Julio Correal, secretario de Asuntos Laborales del sindicato actoral, ayer se pusieron en contacto con otras de las compañías nacionales. “A nosotros nos interesa que exista transparencia en estos manejos, que a la gente se le cumpla y que estas situaciones no se repitan”.

Pero para el actor esta no es la única preocupación en el gremio. Ante el cambio de la administración temen que el Festival ahora se centre en actividades más lucrativas y se deje de lado componentes gratuitos como el teatro callejero, el componente académico o la rueda de negocios que se realiza dentro del Festival.

En respuesta Heenan asegura que apenas están diseñando la próxima edición. “Este es un festival que no puede dejar déficit sino un balance positivo. Estamos mirando los aportes del gobierno, que se han reducido desde la muerte de Fanny, pero el teatro se ha mantenido. Es muy temprano aun para que alguien diga que el festival se va a cambiar”.

Lo cierto es que la administración de el Festival de Teatro cambió y las expectativas están puestas en qué tan pertinentes sean para responder a las deudas y para que no se acabe uno de los festivales de teatro más grandes de Latinoamérica.