Protestas se extendieron a varias ciudades

Caso Javier Ordóñez: ¿Qué está pasando en Bogotá?

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La capital del país lleva dos noches de choques entre manifestantes y agentes estatales que dejan ya 10 muertos, denuncias por violencia policial y destrozos en buses, más de 20 CAI y otros lugares. El detonante fue la muerte del abogado Javier Ordóñez tras ser agredido por dos policías. Pero las tensiones no son nuevas, sólo que el entorno social y político las ayudó a exacerbar.

Lo que ocurrió en Bogotá esta semana fue inédito. Las escenas de policías disparando sus armas de fuego contra la ciudadanía, manifestantes incinerando CAI de la ciudad, uniformados con chaquetas al revés (ocultando sus placas) y golpeando a ciudadanos que los grababan, y vándalos aprovechando los desórdenes para saquear, romper buses y establecimientos comerciales, dieron cuenta de la profunda discordia que existe entre ciudadanos y autoridades. Se cruzaron los límites de las jornadas de paro nacional de finales de 2019, en las que si bien hubo violencia, nunca se llegó a una confrontación tan directa como en estos días.

La del miércoles se podría decir que fue una de las noches más difíciles de la capital en los últimos tiempos, que derivaron en la muerte de 10 personas, siete de ellas en Bogotá y otras tres en Soacha, hasta donde también se extendieron las protestas. Si la cifra es aterradora, lo es más al conocer que las primeras versiones indican que murieron por impactos de arma posiblemente oficiales.

La evidente ruptura del orden social, a pesar de que tuvo origen en el caso de Javier Ordóñez, un hombre de 44 años que murió luego de una brutal represión policial, en verdad se explica por hechos ocurridos antes de que se posesionara tanto el Gobierno Nacional en cabeza del presidente Iván Duque, como el distrital, dirigido por la alcaldesa Claudia López.

Fueron dos noches de enfrentamientos, abusos de autoridad, destrozos, quemas y revueltas, que para equipararse con algún suceso ocurrido en la capital hay que remontarse hasta el paro de 1977, donde reinó el caos y hubo fuertes choques entre manifestantes y el Ejército, también por cuenta de la inconformidad ciudadana. Por eso Nathalia Ávila, docente del programa de sociología de la Universidad Externado, explica que los comportamientos son producto de una profunda insatisfacción ciudadana que se empezó a expresar como nunca en el paro nacional, pero que se aplacó por la pandemia. “Se venían tejiendo inconformidades por reformas del Gobierno, la muerte de líderes sociales y las masacres, entre otros. Se suma la pandemia, que hizo visible desigualdades sociales, y la muerte de Javier Ordóñez desató la movilización”.

Algo similar considera Heidy Sánchez, concejal de Bogotá por Colombia Humana. Dice que, aunque la muerte de Ordóñez fue “la gota que rebosó la copa”, cree que la Fuerza Pública venía cargando una “ilegitimidad” hace años. “Esto no empezó con el gobierno de Iván Duque o de Claudia López. Desde que hay celulares para grabar las acciones policiales, los abusos son públicos. Lo único que hizo esto fue despertar a la ciudadanía”.

De esta forma, para Sánchez, en las jornadas de estos días, aunque no faltaron los vándalos de siempre, se vio una ciudadanía más diversa protestando por varios hechos y no solo por la violencia policial. “Son indignaciones de todo tipo. Salió desde el vendedor informal desalojado hasta el dueño del bar al que le piden dinero para no sellarlo. Es doloroso que la Policía esté desatada: muchos sabían que los estaban grabando y la respuesta era igual. Hay que decirlo, en Bogotá hubo una masacre esa primera noche de protestas”.

¿Cómo cesar la furia?

En un momento de profunda irritación, violencia y miedo, que se suman a la angustiante pandemia, lo único que queda es que desde las cabezas se muestre liderazgo que permita aclarar las muertes de esta semana, resolver las diferencias entre ciudadanos y autoridades, y avanzar en la comentada reestructuración de la Policía. En eso coinciden diversas voces que creen que, en lo inmediato, es poco lo que se puede resolver, más allá de llamados a la calma, para evitar más muertos. Y que, a futuro, lo único es tomar decisiones que resuelvan las inconformidades ciudadanas.

Javier Rincón, director del Observatorio en Derecho Militar de la Universidad Javeriana, resalta que en lo institucional, desde el punto de vista jurídico, la Policía debe hacer investigaciones internas y respetar los debidos procesos. “Pero en lo estructural, hay temas políticos que dirigentes de todas las vertientes deben tratar. Y los sectores políticos que llaman a la protesta deben entender que en este momento es casi imposible que haya movilizaciones pacíficas, porque los ánimos están caldeados”.

También lo cree el concejal Samir Abisambra (Partido Liberal), quien afirma que para aliviar las tensiones es necesario analizar y tener un acercamiento pacífico con quienes protestan para reconocer qué quieren, quiénes son y por qué están luchando. “También es importante analizar el comportamiento de la Policía y tener un acercamiento con ellos. Las tensiones, sin importar del partido que seamos y la forma de pensar que tengamos, se deben resolver porque Bogotá viene saliendo de una crisis y empezamos a reactivar la economía, y lo peor que puede pasar es que entremos en otra crisis”.

Y para Diego Laserna (Alianza Verde), dice que en lo inmediato tienen que superarse las diferencias que han mostrado Alcaldía y Gobierno Nacional, para hacer anuncios frente a los responsables de las muertes. “Deben decir quiénes son y cómo van a sancionar a los responsables. Además, la ruta para reformar la Policía”.

Coincide así con su colega Sánchez (Colombia Humana), quien cree que para darle una salida a esta situación hay que partir de erradicar el abuso policial. Pone como ejemplo lo que se plantea en Chile sobre reformar a los carabineros, creados en la época de Augusto Pinochet, o en Mineápolis, donde la policía pidió excusas y reconoció necesario el desmantelamiento de determinadas prácticas que derivan en violencia racial. “Bogotá puede avanzar en escuelas de derechos humanos, pero se siente a veces que la Policía casi que está retando a la Alcaldía, por eso el presidente Duque, jefe máximo de la Fuerza Pública, debe reconocer que esto es de estructura y no de “manzanas podridas”, concluye.

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