Reacción en cadena

Desborde de pasajeros, malas condiciones en las vías y falta de tecnología serían algunas de las deficiencias.

Cuando apenas habían pasado dos semanas desde que un articulado de Transmilenio chocó contra una estación en el norte de la ciudad, un nuevo accidente encendió ayer las alarmas frente a las condiciones de seguridad del sistema masivo de transporte.

No es gratuito: fueron 86 heridos, dos horas de caos vehicular en la Autopista Norte y cientos de usuarios afectados por los retrasos en el servicio. A las 7:45 de la mañana ocurrió el accidente , cuando tres buses del sistema chocaron a la altura de la Autopista Norte con calle 127. Fernando Rojas, gerente encargado de Transmilenio, le dijo a El Espectador que la poca distancia que mantenían los vehículos en el momento del desplazamiento fue la causa de la múltiple colisión.

Aunque Transmilenio ha demostrado su efectividad como eje de la movilidad en la ciudad en la última década, accidentes como los de ayer levantan dudas sobre las condiciones actuales en las que opera el servicio y los nexos entre éstas y las tasas de accidentalidad. Pese a que el año pasado se había presentado una disminución de 224 casos respecto al año anterior, con un total de 195 accidentes; en lo que va corrido de 2011, ya van 211 colisiones.

Para el experto en movilidad Fernando Rey, es claro, por ejemplo, que los conductores van a mayor velocidad, en ocasiones mayor a la permitida (60 km por hora) para ser los primeros en recoger a los cientos de pasajeros agolpados en las estaciones.

Su afirmación no es exagerada: cifras de Transmilenio confirman que el mayor problema se da en las horas pico, porque aunque el sistema está diseñado para 165 mil personas, en los momentos de mayor congestión los usuarios pueden llegar hasta los 195 mil. Sin embargo, aunque la empresa reconoce que la demanda es bastante alta, asegura que el sistema no ha colapsado. “Hemos identificado que el 70% de los accidentes obedecen a razones externas al sistema, generadas por terceros”, insiste Fernando Rojas.

Para el especialista en movilidad Mauricio Rico Ospina, el problema de fondo es la falta de tecnología: “Los sistemas de guiado de Transmilenio ya están obsoletos, Bogotá no se puede dar el lujo de seguir con un sistema de 1998”. Es indispensable, asegura Rico, evolucionar a sistemas de guiado óptico que no dependan de la capacidad de reacción del conductor.

El mal estado de las vías también sería otro factor determinante. Rojas reconoce que los daños en las losas de Transmilenio hacen que los conductores tengan que frenar muchas veces de manera imprudente. A esta situación se suma que muchos de ellos han denunciado —de hecho, circularon amenazas de paro hace quince días— que tienen que cumplir jornadas hasta de 14 horas, lo que influiría directamente en la frecuencia de accidentes.

Al respecto, el concejal Jaime Caicedo pidió a Transmilenio investigar sobre las condiciones laborales de los conductores. Sin embargo, de acuerdo con la empresa, se han adelantado todos los estudios al respecto y no se ha encontrado ningún caso en el que la jornada sobrepase las ocho horas.

Por ahora, justo cuando el Distrito asegura que el Sistema Integrado de Transporte Público revolucionará la movilidad en la capital, son muchas las preguntas que quedan en la mesa. Accidentes como el de ayer indicarían que las inquietudes todavía no están absueltas.

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