Se cumple el primer año de su implementación

Reciclaje: el gran reto del segundo año del esquema de aseo en Bogotá

Los cinco operadores ya tienen los nuevos carros y contenedores en las calles. Recicladores aseguran que no los han tenido en cuenta, mientras que expertos afirman que el reto es lograr que la ciudadanía separe las basuras.

Por la crisis, se declaró la alerta amarilla. / El Espectador

Se cumple un año de la implementación del esquema de aseo en Bogotá, con el cual se dividió a la ciudad en cinco áreas de servicio exclusivo y, a la fecha, el Distrito ha cumplido con las metas establecidas como la renovación de la flota y recolección. Sin embargo, el que viene será un reto mayor: trabajar con la ciudadanía para cumplir con el objetivo de que exista compromiso con el reciclaje.

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El proceso del cambio de esquema de aseo comenzó en enero del año pasado con el cese de las actividades de los trabajadores de Aguas de Bogotá, lo que desencadenó la crisis de las basuras que vivió la ciudad por al menos 15 días.

Hoy las condiciones son distintas, y tras la normalización de la operación las cinco nuevas empresas de aseo han cumplido con las metas, como la renovación de la flota de compactadores, la recolección de basuras en las zonas rurales y la implementación de contenedores por toda la ciudad.

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“Los operadores entraron en condiciones difíciles, porque llegaron a recoger residuos acumulados, cuando el sistema está previsto para recoger la basura diaria. Pese a ello la ciudad se logró recuperar bastante bien”, señala Alberto Uribe, experto en gestión de residuos y director del Departamento de Ingeniería Ambiental de la EAN.

Sumado a esto, los últimos seis meses han sido cruciales para el esquema. En agosto del año pasado llegaron los nuevos camiones compactadores para la recolección de basuras. A la par, la Comisión Reguladora de Agua Potable (CRA) autorizó el aumento a la tarifa de aseo, para la disposición final de los residuos, justificada en la necesidad de adelantar las adecuaciones que faltan en el relleno Doña Juana, como la construcción de la nueva planta de tratamiento de lixiviados y la adecuación de las vías para el ingreso de los camiones.

Por último, la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp), encargada de coordinar el proceso, amplió el plazo para que los operadores pudieran ubicar en toda la ciudad los 10.000 contenedores en vía pública, unos para la basura y otros para el reciclaje.

A pesar de que el objetivo es facilitarles la vida a los recicladores, la instalación que comenzó en noviembre no ha sido vista con buenos ojos por todos. De acuerdo con Nohra Padilla, líder de las asociaciones de recicladores de Colombia, el nuevo esquema no ha tenido en cuenta a esta población, y si bien la idea de separar los residuos de lo aprovechable es buena, esto no está ocurriendo.

“Se tenía que hacer la sensibilización con los ciudadanos. Explicarles cómo funcionan los contenedores, porque, aunque son diferentes recipientes, no están separando la basura. La están revolviendo y eso termina siendo una violación a nuestros derechos, porque se nos está negando el acceso”, señaló Padilla.

El reclamo de Padilla lo refuerza Uribe al recalcar que, en efecto, se han cometido graves errores en el proceso de contenerización, ya que no ha sido masiva la socialización sobre su uso. “Cuando eso pasa, la ciudadanía la usa mal. La mayoría solo lo ve como una gran caneca al frente de su casa y, por consiguiente, la usa para echar escombros y hasta colchones”.

El mal uso se evidencia en algunas zonas donde los contenedores ya no tienen tapas y se han convertido en foco de basuras, ya que la gente saca sus residuos cualquier día, generando acumulación de bolsas, saturando los recipientes.

Por ello, tanto los expertos como quienes están involucrados en el proceso consideran que el principal reto del Distrito este año será capacitar a la ciudadanía. “Se necesitan campañas feroces, por todos los medios, explicándole a la gente lo que debe hacer con sus residuos, para poder cumplir la meta del nuevo esquema. Deben ser masivas y no de un mes, sino hasta que lo hagamos bien y casi automáticamente, porque no se puede bajar la guardia”, manifiesta Uribe.

Aguas de Bogotá

Tras el cambio del esquema de aseo, la empresa distrital dejó de recoger la basura en la ciudad y se dedicó a administrar la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Salitre, un acueducto y limpiar humedales y canales. Esto llevó a que la empresa redujera su nómina, dejando sin empleo al menos a 3.000 de sus trabajadores, que antes se dedicaban a la recolección y barrido de calles.

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De acuerdo con cifras que en su momento dio la Uaesp, alrededor de 1.000 empleados se vincularon a alguno de los cinco operadores; otro grupo interpuso tutelas, de las cuales 57 salieron victoriosas, y los que tuvieron que reintegrarlos en la empresa con nuevos cargos.

“Esto fue supremamente catastrófico para los trabajadores, ya que la mayoría presentaba algún grado de vulnerabilidad. Hay unos que no han podido conseguir trabajo y, de hecho, en Aguas de Bogotá han abierto ofertas de empleo, pero no los han tenido en cuenta”, dijo la concejal Xinia Navarro (Polo).

Por su parte, Juan Villamizar, uno de los líderes de Aguas de Bogotá, considera que el tema quedó en el olvido con la demanda que interpuso el Distrito contra los sindicatos, a quienes acusó de la crisis de las basuras. “Fue una acción para tapar el tema, porque hubo un grupo humano que perdió mucho y que no fue compensado”.

Por ahora el Distrito culmina el primer año con el proceso de recolección completo. Ahora debe pensar en la promoción del reciclaje con la ciudadanía y en cómo integrará a los recicladores, pues la urgencia más próxima es lograr ampliar la vida útil de Doña Juana y esto solo lo logrará si cuenta con el apoyo de la ciudadanía.