Reclusas transforman errores en oportunidades

Por primera vez en Latinoamérica se realizó una charla TEDx en una prisión. Más de 50 internas escucharon nueve experiencias sobre cómo reponerse tras una equivocación.

El Grupo de Teatro Cárcel Buen Pastor participó en la charla TEDx. / Cristian Garavito

Quizá, como pocas veces podría suceder, ayer en la cárcel de mujeres El Buen Pastor, ubicada en la localidad de Barrios Unidos, lo que unió a todas las mujeres que residen allí no fueron los delitos, los abogados, las condenas o los juzgados. Como pocas veces, en este lugar no se nombraron los errores y las reclusas no pensaron en el tiempo que les falta para salir por el gran portón azul que les da la bienvenida o, mejor para muchas, la despedida de este centro carcelario. Por dos horas sólo se centraron en cómo tratar de remediar sus errores y escucharon las posibles maneras de convertirlos en oportunidades.

Esa nueva forma de mirar las circunstancias se dio en medio de una charla TEDx, la primera realizada en una cárcel latinoamericana en toda la historia de TED, organización mundial sin ánimo de lucro que difunde ideas a través de conferencias que se reproducen en una plataforma web y son vistas por millones de personas en el mundo.

La baraja de los seleccionados por TEDx para las charlas fue variada: Julián Arango, publicista y expresidiario; Miguel Samper, exviceministro; Mercedes Salazar, diseñadora de joyas; Juan C. Barreto, cantante de rap y recluso de la cárcel Distrital; Edwin Conde, dragoneante del Inpec; Adriana Arango, expresentadora de televisión y exreclusa, y Jineth Bedoya, periodista de El Tiempo.

Alrededor de 50 reclusas fueron seleccionadas para escuchar a nueve conferencistas que de alguna manera han tenido relación con el mundo penitenciario. Todos expresaron un mismo mensaje: las prisiones no son las de barrote y enormes muros, son las que el ser humano lleva adentro, que construye en su cabeza y les dan alojamiento al miedo y la frustración. Sí, están presas. Sí, cometieron errores. Pero siempre hay que volver a empezar. Por fortuna, como aseguró Miguel Samper, exviceministro de Justicia y uno de los conferencistas, nadie podría llevar la contraria a esta premisa, porque al final todos los que estaban en la capilla de El Buen Pastor tienen el común denominador de haber cometido un error alguna vez.

Con esto estuvieron de acuerdo Juan Carlos Barreto, músico de la cárcel Distrital, y Esperanza Bustamante, expresidiaria de El Buen Pastor, quienes a través de su experiencia les hicieron saber a las reclusas que lo importante es pedir perdón, reconocer el error y después actuar para cambiarlo.

Los conferencistas también enviaron un mensaje a la sociedad y el Estado: no por haber cometido un delito los reclusos merecen el desprecio y el olvido. “Es un peligro no hacer parte de esta historia. Es un peligro tener la capacidad de ayudar y no hacerlo”, dijo la diseñadora Mercedes Salazar.

En medio del evento hubo una presentación del grupo Teatro Cárcel Buen Pastor, que protagonizó Yo soy Antígona, una obra dirigida y escrita por Vicky Hernández. Al final de la presentación, las actrices, arregladas y vestidas de blanco, le exigieron a Yesid Reyes, ministro de Justicia y quien hizo parte del evento, cárceles dignas, en las que los alimentos no estén vencidos, en las que haya una buena atención médica, en las que no se maltrate a las presas y en las que haya permisos flexibles para ir, por lo menos, a los entierros de los familiares.

La última conferencia la dio la periodista Adriana Arango, quien fue condenada en 2009 a siete años de prisión. Las cámaras, que estuvieron apagadas por un rato, fueron encendidas de inmediato. Ella, sin vergüenza y muy tranquila, narró su historia judicial. Hoy, después de seis años, esta mujer trabaja como escritora fantasma, después de tener que ganar dinero cocinando y tejiendo desde la prisión domiciliaria. “Hoy con mis manos me aplaudo, porque logré entender que el error que me marcó le dio sentido a mi existencia”, aseguró la ex presentadora.

Al final del evento varias reclusas se mostraron conmovidas. Algunas lloraron, otras sonrieron tímidamente. Y aunque los medios de comunicación no pudieron tener contacto con ellas, en medio de sus conversaciones se pudo escuchar su súplica de atención y de perdón.

“Ojalá cuando salgamos las mismas empresas que patrocinan este tipo de eventos puedan ayudarnos a conseguir trabajo y a que la gente no nos mire raro por haber estado acá. Así va a ser más fácil volver a empezar”, expresó una de ellas.