Hurto, el desafío que persiste

Récord a favor de la vida: las dos localidades que completan cero homicidios en 2019

Barrios Unidos y La Candelaria son las únicas zonas de la ciudad que suman cuatro meses sin muertes violentas. ¿Qué están haciendo para conseguir esos resultados?

Si bien en materia de homicidios estas localidades sacan la cara, no deja de preocupar que en ambas se disparó el hurto a personas. Archivo El Espectador

Entre enero y abril de 2019, en Bogotá, ocurrieron 312 homicidios, es decir, cinco cada dos días. Si bien en el país la capital aporta el 8 % de los crímenes, los resultados son positivos y la tendencia se mantiene a la baja, como ocurre desde 2012. Sin embargo, hay dos localidades que -al margen de Sumapaz, que lleva tres años sin asesinatos- se destacan por el récord de cero muertes violentas en 2019: Barrios Unidos y La Candelaria. ¿Qué están haciendo?

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Una primera consideración son sus características físicas y demográficas. Por un lado, Barrios Unidos tiene una extensión de 1.190 hectáreas (el 1 % del territorio de la ciudad), que comprende 177 barrios y cuenta con 270.280 habitantes. Por el otro, La Candelaria abarca 206 hectáreas (0,1 % de la ciudad), tiene 34 barrios y 22.243 habitantes.

Lo anterior permite inferir que, contrario a otras zonas como Suba, Kennedy o Ciudad Bolívar -que engloban más territorio y población- son sectores pequeños y, por ende, los niveles de criminalidad pueden ser menores. No obstante, son otras particularidades las que explican sus resultados. (Ver infografía al final) 

Trabajo institucional y comunitario

Según la Secretaría de Seguridad, la estrategia en Barrios Unidos o La Candelaria no es diferente a la que se ha aplicado en toda la ciudad, la cual permitió que 2018 cerrara con una tasa de homicidios de 12,7 por cada 100.000 habitantes, “la más baja desde 1970”. Dicha estrategia consiste en un trabajo articulado entre Policía, alcaldías locales y comunidad. Esto ha redundado en más operativos y la intensificación de las labores de vigilancia y control, gracias a las alertas de los ciudadanos.

“La estrategia es la misma: inversión en lo local, presencia institucional y desarticulación de organizaciones”, asegura el secretario de Seguridad, Jairo García, quien sostiene que en Barrios Unidos se pasó de cuatro homicidios en los primeros cuatro meses de 2018 a cero en 2019, mientras que La Candelaria mantiene el registro del año pasado.

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El funcionario destaca, además, el trabajo de prevención y control en parques, establecimientos de comercio y entornos escolares o universidades, así como la inauguración de una Casa de Justicia en Barrios Unidos para que la comunidad le apueste a la solución pacífica de sus conflictos.

En ello coincide la alcaldesa de la localidad, Cindy Villabona, quien también atribuye los resultados a la dotación de más cámaras de seguridad —pasando de 25 hace tres años a 115 en la actualidad—, nuevas patrullas y un CAI móvil. “La comunicación con la gente ha sido clave, así como la recuperación del espacio público en barrios como La Castellana o 12 de Octubre”.

Por su parte, el alcalde de La Candelaria, Manuel Calderón, destaca las bondades del Plan Cuadrantes, así como el control a establecimientos de rumba, en particular, los fines de semana. “En barrios como Belén o Egipto, donde antes se concentraban los homicidios, hemos hecho mayor presencia institucional a través de gestores de convivencia y no necesariamente Policía”.

Más allá de operativos y denuncias

Aunque Andrés Nieto, experto en seguridad ciudadana de la Universidad Central, no menosprecia el trabajo de las autoridades, advierte que en ambas localidades hay singularidades que dan cuenta de su éxito, más allá de labores operativas y de vigilancia.

Por ejemplo, señala que Barrios Unidos ha experimentado cambios en el uso del suelo, que permitieron que su vocación dejara de ser solo residencial a más comercial, lo que configura nuevas formas de relacionamiento que inciden en la violencia. “Es una zona en pleno proceso de renovación urbanística, lo que se traduce en redensificación y cambio de dinámicas económicas, como se evidencia en el barrio El Polo, que ahora es más empresarial”.

En La Candelaria, por el contrario, Nieto llama la atención por la presencia de entornos universitarios y de trabajo, lo que facilita un encuentro diverso de ciudadanos. “Tiene gran flujo personas y comunidad flotante, donde prevalecen industrias, empresas, centros educativos y comercio. Esto es crucial, porque las muertes violentas se dan —en mayor medida— por escalamiento de conflictos, que en el 70 % son resultado de problemas entre familiares, vecinos y amigos”.

Bien en homicidios, pero...

Aunque en homicidios estas localidades sacan la cara, no deja de preocupar que en ambas se disparó el hurto a personas, delito de alto impacto que incide en la percepción de seguridad. Mientras en la primera se pasó de 1.354 denuncias a 1.647 entre enero y abril (21,6 % más), en La Candelaria pasó de 497 a 548 hechos (10 % más).

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La alcaldesa de Barrios Unidos admite las falencias, pero confía en que el nuevo equipamiento para la Policía contribuya a hacerle frente a la delincuencia y redunde en descensos como los experimentados en robo de celulares, vehículos o residencias.

A su turno, el alcalde de La Candelaria señala que, por ser una localidad que recibe a centenares de estudiantes y trabajadores, es frecuente que se presenten aglomeraciones que facilitan el actuar de los delincuentes, a lo que se suma que en la zona están dos de las estaciones más congestionadas de Transmilenio: Museo del Oro y Aguas. “La mayoría de robos ocurren en el marco del factor oportunidad y no por violencia. Queremos garantizar mayor presencia de las autoridades en horas pico de llegada y salida de trabajadores y estudiantes”.

Si bien frente a las muertes violentas los resultados son favorables y la ciudad se acerca cada vez más a la meta de menos de 1.000 homicidios por año (en 2018 hubo 1.137), es necesario también que los esfuerzos se concentren en combatir el hurto en todas sus modalidades, para hacerle frente a la sensación de inseguridad que no deja de agobiar a los ciudadanos y que en los últimos tres años pasó del 41 al 61 %. El desafío continúa.

 
 

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