Rectores de siete universidades, a favor de Transmilenio por la Séptima

Los rectores expresaron su respaldo al proyecto, que comprende la construcción de un corredor de 20 kilómetros entre las calles 32 y 200. Sin embargo, se siguen escuchando voces en contra de la obra.

Imagen de cómo quedaría la carrera séptima, a la altura de la calle 60, con la entrada en operación de TM. Instituto de Desarrollo Urbano

En momentos en los que se conoce una demanda respaldada por al menos 2.000 personas que se oponen a la construcción del Transmilenio por la carrera Séptima, un grupo de rectores de instituciones universitarias –entre ellos los de los Andes, Javeriana y Central– expresaron su respaldo al proyecto y destacaron que facilitará la movilidad de miles de estudiantes, profesores y funcionarios administrativos.

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Se trata de los rectores de siete universidades del centro extendido de Bogotá: los Andes, Javeriana, Distrital, CESA, Tadeo Lozano, Rosario y Central, quienes se mostraron a favor de la obra, que implica construir un corredor de 20 kilómetros entre las calles 32 y 200, acompañado de 400.000 metros cuadrados de aceras y espacio público y una ciclorruta de 11 kilómetros.

Según Pablo Navas, rector de los Andes, aunque las universidades han hecho esfuerzos por mejorar sus infraestructuras y espacios públicos, el acceso a ellas ha sido una gran dificultad. “Esa población flotante de cientos de estudiantes va a ser la más beneficiada. Podrán venir de una manera más rápida y civilizada ahorrándose mucho tiempo”, manifestó Navas.

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A su turno, Rafael Santos, rector de la Universidad Central, dijo que el centro de Bogotá es hoy el campus universitario más grande de América Latina; sin embargo, está desprovisto de un buen sistema de transporte masivo. “El proyecto es una alternativa de transporte moderno, práctico, rápido y seguro para todos los estudiantes”, señaló.

El padre Jorge Humberto Peláez, rector de la Universidad Javeriana, manifestó que, dadas las complejidades de la ciudad, “es necesario privilegiar el transporte público y poner el bien de la ciudad por encima de los intereses particulares”. Aseguró que por la institución y el Hospital San Ignacio transitan diariamente 30.000 personas y que “es imposible pretender que todas ellas lleguen en automóvil particular”.

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Tal como está ideado por la Alcaldía, el proyecto comprende también la construcción de cuatro puentes vehiculares, tres puentes peatonales, tres pasos a desnivel y 22 estaciones. Según el Distrito, “la velocidad promedio de la Séptima aumentará tanto para el transporte público como para los carros particulares, al pasar de 15 a 23 kilómetros por hora”.

Las declaraciones de los rectores coinciden con una acción popular interpuesta por un comité ciudadano que se opone al proyecto, al advertir que implicaría, entre otras, la intervención del Parque Nacional al sustraer 4.000 metros cuadrados de área histórica, sumado a la tala de varios árboles.

El Transmilenio por la carrera Séptima es un proyecto que data de 2006. En ese año, durante la alcaldía de Luís Eduardo Garzón, se hicieron los primeros estudios para construir una troncal pensada como solución de movilidad para el oriente. Los impedimentos a los que se ha enfrentado desde entonces no han variado: falta de espacio y adquisición de predios. Con el regreso de Enrique Peñalosa al Palacio Liévano, la iniciativa se reactivó a tal punto que se ha puesto por encima de otras planeadas en las avenidas Cali, Boyacá o 68.

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Las voces en contra de la construcción se escuchan desde sectores diversos. Ana Robledo, miembro del comité “Defendamos la Séptima”, asegura que el punto de partida para el desacuerdo con la obra es la poca participación ciudadana. Admite que han tenido reuniones con el Distrito, pero enfatiza que el proceso democrático no ha sido el que esperaban. “La Alcaldía ha hecho reuniones para preguntarnos por los colores y nombre de las estaciones, pero nos encontramos con el común de que nunca nos consultaron si queríamos o no este proyecto”.

El comité ciudadano, que ha donado unos 5.000 afiches en más de 250 edificios, asegura no tener colores políticos, pero sí una gran organización compuesta por abogados, urbanistas, arquitectos, ingenieros y economistas, que apreciarán la propuesta. “Los vecinos estamos atentos a evaluar a las diferentes bancadas. Apoyar una obra sin estudios es un acto de irresponsabilidad política”, añade Robledo, quien, no obstante, deja abierta la puerta a sentarse con el Distrito para debatir de manera amplia sobre un modelo de movilidad sostenible.

Mientras la Alcaldía está decidida a sacar adelante el proyecto, y ha demostrado que cuenta con los apoyos necesarios para realizarlo, los opositores enfilan baterías para una lucha que ya escaló a instancias legales. Por lo pronto, en las calles se fortalecen los espacios destinados a buscar un consenso entre ambas partes, especialmente entre vecinos y Distrito.

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