Relato de un secuestro y asalto a dos menores en Jumbo de la calle 80 en Bogotá

A dos jóvenes de 17 años los retuvieron hasta que no sacaran las pertenencias de su casa. Luego los golpearon.

Según Bogotá Cómo Vamos, cada hora tres personas son víctimas de hurto en la ciudad. Archivo

El lunes festivo, a las 3 de la tarde, mi hijo de 17 años y un amigo suyo del colegio salieron caminando del apartamento, ubicado en el barrio Pontevedra, rumbo a Jumbo de la Calle 80 para almorzar. Aunque le pedí que fuera a otro lugar porque ése me parecía lejano y la llegada peligrosa (hay que cruzar un caño y un parque, muy concurridos, por cierto), él insistió en ir a este lugar. Como en días festivos hay mucha gente y era temprano, no le cambié sus planes. (Lea: Apuñalan a una mujer en la estación calle 106 de Transmilenio)

Cuando ingresó al almacén, por la entrada vehicular ubicada en la calle del caño, un hombre los abordó. Era alto, joven y vestía de negro. Les dijo que los había visto vender droga y que le iba a decir a su “patrón” quiénes eran los que le estaban robando los clientes. Mi hijo y su amigo respondieron asustados que ellos no vendían droga y que no entendían lo que les decía. El delincuente les mostró un cuchillo y los amenazó. Insistió en señalarlos como vendedores de droga y entró con ellos al almacén amenazándolos con el arma blanca, que camuflaba bien bajo su ropa.

En ese momento llega su cómplice, también joven, de cachucha, un saco y camiseta blanca. Muy agresivo. Los amenaza, los trata muy mal y comienza a hacerles preguntas, mientras caminan por el almacén. Ellos les responden a todos los interrogantes, pues el delincuente les dice que está armado. De hecho, se abre el saco y les muestra el revólver. En el intimidante interrogatorio, mi hijo les dice que ellos no saben nada de lo están hablando pues estaban jugando X-Box en su apartamento.

Los dos hombres, a punta de groserías y amenazas cada vez más fuertes como que “les vamos a ‘sembrar’ armas para que se los lleven a la cárcel”, “tenemos pruebas de que ustedes son unos vendedores de droga” o “sapos los vamos a matar”, los sacan de Jumbo amenazados y los llevan al caño de la calle aledaña. Les quitan el celular y las billeteras. Amenazan a mi hijo para que les lleve el X-box o matan a su amigo.  Durante el tiempo que mi hijo va por la consola a la casa, casi 25 minutos, siguen amenazando a su amigo. Le dicen que si mi hijo no llega con el aparato, él la paga. Le preguntan más cosas y le expresan que si miente, “se muere”. (Lea: Cada hora tres personas son víctimas de hurto en Bogotá)

Mi hijo se va para el apartamento, que está solo pues todos estábamos afuera, saca el X-box, no le avisa a nadie pues teme que a su amigo le pase algo, y les lleva el aparato.  Una vez les entrega la maleta con la consola, los ladrones no los dejan ir. Le pegan a mi hijo, le dicen que es un sapo, insisten en amenazarlos. Luego les ofrecen droga, les dicen que por qué no pelean, que tienen que llevarse una maleta con drogas y armas que los ladrones tienen y los amenazan cada vez más agresivos. Los dos niños, menores de edad, no saben qué más hacer. Y les dicen que ya no más, que los dejen ir…

¡Acá ya han transcurrido casi dos horas desde que todo comenzó en Jumbo! Cuando mi hijo llega al apartamento con su amigo, yo ya he llegado. Me cuentan todo lo sucedido. Llamé a la portería del edificio, les pedí que me contactaran con la seguridad de la zona. Llegaron tres policías del cuadrante, les conté la historia. Nos dijeron que habíamos estado “de buenas” pues los delincuentes “suelen entrarse al apartamento a hurtar lo que más puedan”.

Y todos opinan. Claro, después de una situación como esta, todos cuestionamos la actuación de las víctimas, que por qué no dijo o hizo, que por qué no llamó, etc. Y solo pienso, que mi hijo es un valiente: pensó todo el tiempo en la integridad de su amigo, que no le pasara nada, en medio de una situación límite, que a cualquier persona hubiera destrozado.

Los policías me aconsejaron ir a Jumbo y pedir los videos en donde todo debería haber quedado registrado. El papá de mi hijo fue hasta el almacén, contó la historia, habló con la jefe de Seguridad, quien le explicó que nosotros no tenemos acceso a esos videos sin una orden judicial, pero que volviera esta semana a ver qué habían encontrado. Dos días después de los hechos, la respuesta es que “no encontraron nada en las cámaras porque no son fijas sino móviles” y , además, “muy escasas".

Cuento esto para que todos los papás estén muy alertas. Fue una situación grave que le puede pasar a cualquier otro joven. Ese sector de la calle 80 es muy inseguro, decían los vecinos cuando escucharon la historia. Entonces, comenzaron los testimonios de más atracos, robos a mano armada, etc. Lo que me parece más difícil de este episodio es que los ladrones fueron más allá: ¡retuvieron a dos menores de edad casi dos horas! Una experiencia larga y traumática.