¿Sirven los tapetes o asperjar alcohol? expertos piden revisar protocolos contra el COVID-19 en Bogotá

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Con el paso del tiempo, la ciencia ha aprendido más sobre el Sars-Cov-2 y cómo prevenirlo. Sin embargo, aún abundan prácticas que, lejos de evitar la transmisión del virus, pueden ayudar al contagio. Expertos hacen un llamado para replantear las medidas.

Todos los días al llegar a su residencia, Magnolia Useche, ama de casa de Soacha, hace un minucioso ritual antes de entrar. Se rocía con desinfectante de arriba a abajo, limpia las suelas de sus zapatos con un tapete húmedo, se cambia el calzado y, después de lavarse las manos, se aplica alcohol para estar más segura. Lo mismo le exige a sus hijos y a su esposo. El ritual también incluye un exhaustivo aseo de en su casa con alcohol en las zonas comunes y en objetos como chapas, interruptores y grifos.

La misma parafernalia ha sido parte de la vida de Lorena Díaz desde hace diez meses, tanto en su vida personal como en la laboral. En su trabajo es la encargada de realizar los protocolos de bioseguridad de las personas que entran y salen de una clínica en Bogotá. Estos incluyen la toma de temperatura, el registro de datos personales en una base de datos, la aspersión con productos químicos y la verificación del cambio de ropa del personal de salud. En su hogar imita como puede estas medidas de prevención con uso abundante de alcohol y desinfectantes.

Estos hábitos no son lo único que tienen en común Magnolia y Lorena. Las dos, a pesar de todo esto que han interiorizado como parte de la nueva cotidianidad, se contagiaron el año pasado de COVID-19. La primera, lo superó en menos de una semana en su casa, con síntomas leves. La segunda duró un mes aislada en su habitación, con fuerte dolor en el cuerpo y en la cabeza, debilidad y fiebre muy alta.

Pero, ¿por qué, si seguían juiciosamente esas medidas de bioseguridad, se contagiaron? ¿Si no las hubieran seguido, igual se habrían infectado? ¿O, quizás, pudieron haber hecho algo más? Estas preguntas han sido abordadas por expertos de la medicina, la ciencia y la epidemiología en un esfuerzo por ganarle a la desinformación y a la sed de teorías de la conspiración.

Uno de ellos es el doctor Camilo Prieto Valderrama, director científico de Nexus Medical Group IPS, quien ha seguido de cerca todas las medidas implementadas por el gobierno nacional y las administraciones locales para enfrentar la pandemia desde marzo.

Para él, los casos de Magnolia y Lorena responden a que “ha habido un crecimiento de la industria de la ‘falsa sensación de seguridad’ o de la ‘seguridad ficcional’, porque es irreal y ficticio, que hace que se desatiendan las medidas que verdaderamente la evidencia nos ha ido mostrando que sí reducen los contagios de manera importante”.

Prieto se refiere a la toma de temperatura, a los tapetes desinfectantes, a la aspersión y, también, al uso de guantes quirúrgicos. Todas estas medidas, que se volvieron paisaje en la llamada “nueva normalidad” y que los ciudadanos han visto en lugares con gran afluencia de personas (restaurantes, centros comerciales, almacenes, terminales y aeropuertos), las califica como inútiles pues, según su criterio y evidencia, no existen estudios que soporten su eficacia para evitar el transmisión del coronavirus e, incluso, pueden ser perjudiciales para la salud.

“La buena ventilación debería estar siempre presente en los protocolos de bioseguridad. Tanto en el transporte, como en las oficinas y en los hogares. ¿Cómo se puede cuantificar esto? Con los niveles de dióxido de carbono. Esto es algo que sí debería exigirse e invertir en sensores de CO2, en lugar de gastar dinero en pistolas de termómetros”, asegura.

Por su parte, Zulma Cucunubá, epidemióloga colombiana del Imperial College de Londres, también ha hecho un llamado al Ministerio de Salud y los entes territoriales para que “actualicen los protocolos de bioseguridad”. En sus redes sociales recalca que se deben usar bien las herramientas disponibles como la buena ventilación, el aire libre y el distanciamiento social.

No obstante, varias entidades del Estado han recomendado, impulsado y exigido el cumplimiento de estas disposiciones que resultan inanes. En un trino de la cuenta oficial del Ministerio de Educación, que explicaba con un vídeo cuáles serían las condiciones para el retorno a clases de los estudiantes a los colegios, se le daba relevancia a métodos de prevención sin sustento científico.

Esta publicación fue blanco de críticas de médicos y epidemiólogos en Twitter, como las que hizo el biólogo molecular Romain Brunel, quien aseguró que la desinfección de llantas y aulas con productos tóxicos, el uso de guantes de látex y portar careta sin tapabocas “no sirve”.

El doctor Brunel -que desde esa red social hace pedagogía sobre la prevención y el contagio del virus- ha sido enfático en que la mayoría de acciones que se popularizaron en la pandemia pueden ser apropiadas para prevenir otras enfermedades, pero no para la el COVID-19, como el lavado de los productos del mercado, como verduras y frutas, y quitarse los zapatos antes de entrar al hogar.

En palabras de Camilo Prieto, esta desinformación se debe a que “hay una carrera que en este momento está perdiendo la ciencia y la evidencia científica en el campo del autocuidado frente a la desinformación y la sed de información de conspiraciones”.

Asimismo, otras entidades como gobernaciones departamentales o alcaldías locales en Bogotá, han sobrevalorado estos métodos que los expertos citados en este artículo definen como métodos que generan “falsas sensaciones de seguridad”. Empezando por el propio Ministerio de Salud.

Esa cartera, al mando del ministro Fernando Ruiz, ha expedido decenas de decretos con protocolos de bioseguridad desde que llegó el virus a Colombia y desde que empezó la reapertura gradual de los sectores económicos en mayo de 2020. El Espectador revisó cuatro de estos decretos expedidos por Minsalud para la apertura segura del comercio, de bares y restaurantes, del transporte aéreo doméstico y del transporte terrestre.

En estos no se mencionan procedimientos como el uso de tapetes desinfectantes o la aspersión con alcohol u otros productos químicos, pero sí son reiterativos en la toma de la temperatura y la desinfección de objetos como factores que ayudan a controlar el riesgo de infección por COVID-19.

Sin embargo, el Ministerio expidió en abril de 2020 una guía en la que recomendaba no usar sistemas de aspersión de productos desinfectantes en las personas como forma de prevención. A pesar de esto, el documento consignó la recomendación de implementar tapetes sanitarios “con el fin de reducir la potencial dispersión del virus a través de la suela de los zapatos”.

Al respecto, el doctor Prieto aseguró que “si bien pueden frenar la dispersión de parásitos y de algunos agentes patógenos, no hay evidencia o estudio que soporte esa medida como una estrategia para reducir los contagios (de coronavirus)”. Por su parte, Brunel ha insistido en que esto es una medida “ridícula” que se debe prohibir.

¿Entonces qué hacer y cómo replantear los protocolos de bioseguridad? Los tres expertos mencionados concuerdan en que las medidas sin sustento y las restrictivas como los confinamientos estrictos han hecho subvalorar los aportes que pueden hacer los espacios abiertos a la salud.

De hecho, un estudio realizado con 155 participantes en Japón, publicado por la revista médica Environmental Health and Preventive Medicine (Salud Ambiental y Medicina Preventiva en español), brinda evidencia científica de que cuando las personas están en espacios abiertos y al aire libre se reduce la presión arterial y se reducen los niveles de ansiedad.

Igualmente, una publicación de los Trabajadores de la Salud de Australia (un grupo profesionales de la salud de primera línea) señala lo que la nación oceánica está haciendo, basado en evidencia, para prevenir el contagio en ambientes y lugares con buena ventilación.

Por ello, Camilo Prieto asegura que hay que darle la relevancia suficiente a la circulación en espacios abiertos, razón por la cual no ve razones, por ejemplo, de cerrar los parques metropolitanos de Bogotá; así como que se debe rehacer, con lo que tiene evidencia y soporte científico, la pedagogía que hasta ahora se ha hecho desde la institucionalidad sobre el autocuidado, en cuya aplicación se ha basado la estrategia de comunicación del Gobierno Nacional para la prevención contra el coronavirus.

El Espectador buscó al Ministerio de Salud para conocer si esa cartera ha contemplado la posibilidad de replantear los protocolos existentes y de hacer un llamado a los gobiernos regionales y locales para actualizarlos. Desde su oficina de prensa, contestaron que “hasta el momento no se ha emitido ningún lineamiento diferente (a los que hay)”.

Entre tanto, otros ciudadanos como Magnolia y Lorena seguirán sumergidos en el espiral de las soluciones efectistas que se propagaron igual que el COVID-19 en medio del pánico, aupado por la desinformación. Por lo menos, hasta que las instituciones responsables atiendan los llamados que desde la ciencia se han hecho para reconsiderar mucho de lo que se ha vendido como “protocolo de bioseguridad”.

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