Kennedy, Suba y Usaquén, las zonas más golpeadas

En el 90 % de los robos a viviendas, no se ejerce violencia

En la mayoría de casos, los ladrones se valen de engaños, palancas o llaves maestras para ingresar a los predios. Entre enero y septiembre de este año han sido robadas 2.530 casas en Bogotá y 240 en Cundinamarca.

El barrio más vulnerado de la ciudad es Cedritos, en Usaquén, con 36 denuncias; seguido por Bosa centro, en la localidad de ese nombre, con 29 episodios, y en tercer lugar Patio Bonito, en Kennedy, con 26 Pixabay

El asalto a la vivienda de la líder conservadora Marta Lucía Ramírez, la brutal agresión en contra de sus empleados y el millonario robo de sus pertenencias, en la noche del domingo en los límites entre Bogotá y La Calera (Cundinamarca), pone de presente un flagelo que entre enero y septiembre de este año ha afectado 2.530 predios en la ciudad y 240 en el departamento. (LEA: Asaltan vivienda de Marta Lucía Ramírez en La Calera)

En el caso del Distrito, si bien las autoridades rescatan que ha habido una disminución del 16 % de este delito –el año pasado, en el mismo período, se registraron 2.949 denuncias–, a la fecha roban al menos nueve viviendas al día en Bogotá.

Según estadísticas de la Policía Nacional, las localidades más golpeadas siguen siendo las más grandes: Kennedy y Suba, que representan más del 32 % de la totalidad de los robos.

Sin embargo, el barrio más vulnerado de la ciudad es Cedritos, en Usaquén, con 36 denuncias; seguido por Bosa centro, en la localidad de ese nombre, con 29 episodios, y en tercer lugar Patio Bonito, en Kennedy, con 26 (ver infografía).

Las cifras indican que en la mayoría de los casos los delincuentes no utilizaron armas para ingresar y apropiarse de las pertenencias de sus víctimas. De las 2.530 denuncias, en 956 ocasiones se valieron, por ejemplo, de engaños, mientras que en 161 casos utilizaron armas de fuego y en solo 58, elementos cortopunzantes.

Para Ómar Oróstegui, director de Bogotá Cómo Vamos, el crecimiento de la ciudad y de la propiedad horizontal ha implicado que se generen nuevas dinámicas delictivas, que necesitarán una atención más focalizada. “Han aumentado, por ejemplo, las unidades residenciales en el estrato medio. Hay localidades que han aumentado el número de predios de los estratos 3 y 4; eso se evidencia en Suba, Usaquén y Bosa”.

Su afirmación está respaldada en el Censo Inmobiliario de 2017, el cual indica que la actividad inmobiliaria en Bogotá incorporó al Catastro de la ciudad 6,8 millones de metros cuadrados nuevos. De hecho, el grupo económico que más creció fue el residencial con el 6 % y el estrato que más creció fue el 4.

“El delito ha cambiado y es necesario que lo identifiquemos. Por ejemplo, se cree que las horas en las que se registra el mayor número de robos es durante el día, cuando no están los dueños, pero no es así. Es en las noches”, agrega.

En ese sentido, las denuncias de la Policía indican que, con 205 denuncias, entre las 7:00 y las 8:00 p.m. se registra el mayor número de hurtos a residencias en Bogotá.

El panorama en Cundinamarca

Pese a que la reducción en la comisión de este delito también favorece a Cundinamarca, las autoridades tienen la mira en los lugares con mayor índice de hurto a residencias: en el primer lugar está Soacha (35 hurtos); seguida por La Mesa (24); Mosquera (24); Fusagasugá (19), y Anapoima (14).

Respecto al municipio de La Calera (Cundinamarca), entre enero y septiembre sólo ha habido tres robos, ocurridos en las veredas San Rafael, Alta Mar y Salitre. En los tres casos, vulneraron las cerraduras y no se emplearon armas para intimidar a las víctimas.

Juan Carlos Camelo es director del programa Sabana Centro Cómo Vamos, que agrupa 11 municipios al norte de Bogotá. A pesar de que resalta la reducción en el índice de hurto a residencias, llama la atención sobre el aumento en delitos como hurto a comercio y a personas en esos lugares.

“Con el crecimiento demográfico y la llegada de inversión están llegando empresas que traen grandes unidades de vivienda y adicionalmente hay sitios como Cota, Cajicá, Chía y Sopó, que están tomando una vocación residencial donde se establecen viviendas de estratos altos. Todo esto genera que cada vez la problemática de hurtos crezca”, afirma Camelo.

De hecho, en las mesas de trabajo que se han establecido con los secretarios de Gobierno de los municipios se ha manifestado que con el arribo de nuevos habitantes han llegado nuevos grupos delincuenciales que operan en las regiones en donde se están haciendo millonarias inversiones. “Eso está mezclado con falta de pie de fuerza y se están verificando alternativas con algunos municipios para integrar la seguridad privada con la Policía”.

Entre tanto, hay quienes aseguran que debe haber una articulación entre las autoridades de la ciudad con las del departamento, para evitar que se repitan estos hechos en zonas limítrofes.

“Tiene que haber un trabajo importante entre la Policía de Bogotá y la de Cundinamarca no sólo en la salida hacia La Calera, sino en las salidas hacia Chía o en el sur, en los límites con Soacha”, indica el concejal de Bogotá Daniel Palacios (Centro Democrático).

Los expertos insisten en que se requiere de una política pública en seguridad que integre la ciudad y el departamento y que se enfrente las dinámicas propias del crecimiento de la urbanización, que de manera inevitable parece atraer nuevos fenómenos delincuenciales.

 

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