Robos con escopolamina: riesgo que aumenta en temporada navideña

Después de un ataque con escopolamina y barbitúricos, usted puede sufrir alucinaciones y lagunas mentales. Les contamos las modalidades que utilizan los delincuentes para robar y cómo puede protegerse en esta época.

Piense en esta situación: llegó la prima navideña y estaría bien ir por unos tragos. Está cansado de ir al bar de siempre, con los amigos de siempre. Decide ir a un lugar desconocido. Se fija en dos mujeres de la barra que hablan con desparpajo. Beben tequila. Siente ganas de ir al baño y deja la copa sobre la mesa. Al regresar sorbe un trago. Pasan 15 minutos. Su corazón comienza a cabalgar como un caballo descarriado. Intenta patear y gritar, pero sólo puede balbucear. La gente que baila a su alrededor se convierten en siluetas difusas. Siente hormigueo en el cuerpo y su boca está seca. Pierde el conocimiento.

Piense que, horas después, lo despierta el helaje de un cuarto de hospital y se pregunta si lo robaron o lo violaron. No recuerda nada. Siente la ansiedad de no tener pistas. Piense que usted resultó ser alérgico a la escopolamina y que por eso, tiempo después, preferirá aislarse y comenzará a alucinar. Que le costará retener pasajes de un libro y olvidará los números telefónicos de sus allegados. Tendrá que resignarse a que algunos de sus recuerdos serán una playa de arena movediza.

Esto le puede pasar sobre todo en esta época de vacaciones y regalos. Según el portal Médicos Líderes, uno de cada cinco hospitalizaciones por intoxicación en Bogotá es causada por escopolamina y calculan que cada día hay tres víctimas de esta sustancia en Colombia.

El componente es derivado de la planta brugmancia arbórea, que legalmente es utilizado en pequeñas cantidades como analgésico local,  para dilatar las pupilas y prevenir mareos (los astronautas de la Nasa la usan, por ejemplo).

Sin embargo, el uso más común se lo han dado las organizaciones criminales, para diezmar la resistencia de la víctima. Entre sus efectos está minar la voluntad de la gente. Por eso, luego de suministrarla, los asaltantes terminan recibiendo datos personales como claves de tarjetas de crédito y direcciones de la casa o del trabajo.

Un informe de la Universidad Javeriana indica que en el 75 % de los casos por intoxicación los pacientes dicen haberla ingerido a través de bebidas. Sin embargo, como el polvo y las pastillas se absorben fácilmente y no tienen color ni sabor, los criminales también lo suministran en alimentos, cigarrillos y espray.

Pero esta no es la única sustancia que usan para robar. También hay medicamentos como los barbitúricos, que medicinalmente se usa para controlar la ansiedad y el insomnio. Según la Policía, para los delincuentes ha resultado incluso más efectiva que la misma escopolamina.

Mauricio García, presidente de la Asociación Colombiana de Especialistas en Medicina de Urgencias y Emergencias (ACEM), dice que los barbitúricos tienen un efecto más rápido. “Hace una década, asaltaban con escopolamina. Pero los criminales se dieron cuenta de que la sobredosis con este medicamento produce un estado de euforia que, en cuestión de 10 minutos, mina la voluntad de las personas”, apunta. Añade que la sustancia puede estar en polvo, en pastillas y en crema. Para que esta última surta efecto, debe haber una fricción constante en la piel.

En medio de las estadísticas de intoxicación por estas sustancias, hay un aspecto que agrava la situación: la falta de entrenamiento en los hospitales para atender este tipo de urgencias, sostiene la médica Diana Pava, toxicóloga de la Policía. Cuando ingresa la persona, le realizan una serie de exámenes: cocaína, opioides, cannabinoides, entre otros, pero no enfocan la prueba en síntomas, como el típico lapso de amnesia de la escopolamina.

García agrega que no existen, al menos en el país, pruebas toxicológicas para identificar esta sustancia. Su reconocimiento se da por el descarte de otros exámenes. La dilatación de la atención genera estrés postraumático y sobrecostos para la institución.

Durante un asalto, en caso de una sobredosis, los delincuentes tienen una técnica para mantener viva a la víctima: inyectan cocaína para reanimarla. Los compuestos que se forman —una suerte de montaña rusa para el sistema nervioso central— causan efectos más graves que las mismas drogas, como un paro respiratorio.

Para evitar ser víctima de estas modalidades de hurto, la médica Pava recomienda varias cosas: conservar una distancia de 60 centímetros con otras personas en lugares masivos, como discotecas y conciertos; evitar que grupos de desconocidos se acerquen en la calle con la excusa de preguntar una dirección, así como desconfiar cuando un extraño sacuda un papel o un pañuelo ante usted. En caso de fiesta, revisar que las bebidas que vayan a consumir no estén abiertas y, en lo posible, mantener la botella a la mano. Al sospechar haber sido intoxicado (taquicardia, resequedad en la boca y dilatación en los ojos) llame o acérquese de inmediato a un conocido para pedir ayuda.