Informe de la Veeduría Distrital

Ansiedad y angustia, los males de la cuarentena en Bogotá

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La salud mental de los habitantes de Bogotá podría verse afectada tanto por el encierro como por la incertidumbre, el riesgo de contagio y la inestabilidad laboral.

La salud metal es uno de los factores que más preocupan de la cuarentena, debido a que después de experiencias como en el brote del SARS-CoV en 2003 o del ébola en África en 2014 se ha evidenciado un aumento de las perspectivas pesimistas de la vida en las zonas que se vieron más afectadas; recurrentes casos de depresión, ansiedad y estrés postraumático en pacientes y personal médico, y agotamiento físico y mental, desmotivación, cambios en el estado de ánimo y menor rendimiento laboral y estudiantil, entre quienes permanecen en aislamiento.

Así lo señala el “Balance de la salud mental durante la pandemia por COVID-19 en Bogotá”, que hoy presenta la Veeduría Distrital, en el que no solo se evidencian las acciones adelantadas por el Distrito para atender este tipo de casos, sino también los resultados de la “Encuesta de ansiedad y depresión en el confinamiento: una lectura de la situación en Colombia (2020)”, bajo los cuales se hacen recomendaciones a la administración, pues han aumentado los casos reportados y aseguran que se puede fortalecer la atención.

En principio es importante reconocer que se han recibido más casos por salud mental durante la cuarentena, que en los meses inmediatamente anteriores. De hecho, el crecimiento ha sido hasta del 50 % en la demanda. Esto mismo se evidencia en la línea 123, en la que en promedio los primeros tres meses del año se recibieron 2.100 llamadas por estos casos, mientras que en la cuarentena se evidenció un aumento a 2.700 llamadas al mes, es decir, una cada 15 minutos.

Si bien la encuesta no pretende tener una medida precisa de trastornos de salud mental, sí da indicios de lo que aqueja a los ciudadanos, por ejemplo, el 63 % de las mujeres aseguraron sentir más ansiedad y nerviosismo que antes de la cuarentena, mientras que en los hombres alcanzó el 53 %. Asimismo pasa con la depresión, que en el caso de las mujeres es mayor del 57 % y en los hombres, del 44 %.

Esto estaría motivado por varios factores, entre ellos el riesgo a contraer el COVID-19 o a que algún familiar lo padezca, el miedo a morir por el virus y la situación laboral luego de la pandemia, que van muy atados a la incertidumbre sobre lo que vendrá y cuál será la nueva normalidad. En cuanto a las relaciones en el hogar, el 30 % aseguró que ahora es más cercano a las personas con quienes convive, pero el 23 % dice tener muchos más desacuerdos en el hogar, por lo que preocupa el aumento de casos de violencia doméstica, en especial en familias vulnerables.

Sobre el estado físico, es favorable que un alto porcentaje de los que consumen algún tipo de sustancias psicoactivas aseguraron tener menos necesidad que antes de la cuarentena de ingerir alcohol (30 %), tabaco (40 %) y otro tipo de sustancias (49 %), pero a la vez preocupa que solo el 31 % de los encuestados realizan actividades físicas más de una vez a la semana, mientras que el 51 % dijo o no hacer nada o hacerlo menos de una vez por semana.

Finalmente, se evaluaron las redes de apoyo durante el aislamiento. El 60 % aseguró recibir todo el respaldo de su familia, mientras que un porcentaje mayor dice no haber recibido nada de sus vecinos (46 %), de la Alcaldía (32 %) ni del Gobierno Nacional (45 %), por lo cual se hizo un llamado al Distrito para “prestar mayor atención a las barreras que se han presentado en la emergencia, en especial en el tratamiento a pacientes con condiciones mentales, tanto en la red pública como privada”, así como a indagar en las redes de apoyo en el vecindario, que podrían tener una incidencia negativa, tanto en la confianza como en la capacidad de desarrollar, en el futuro, estrategias con enfoque comunitario.

Sumado a esto, se pide a la Alcaldía hacer mediciones rigurosas de los efectos traumáticos del encierro para afrontar de manera articulada entre el sector salud y otros actores, como instituciones gubernamentales, secretarías y las mismas comunidades. “Los planes de salud mental no pueden limitarse a mejorar los servicios especializados y hacerlos más accesibles, sino que es necesario ampliar el campo de competencias para atender una gama de problemas y necesidades psicosociales de la población”.

Además, piden fortalecer otros canales diferentes a los virtuales, pues al menos el 25 % de los habitantes de la ciudad no tienen servicio de internet y cada vez es más necesario aplicar estrategias presenciales en grupos de mayor riesgo y vulnerabilidad, como adultos mayores, niños, niñas y adolescentes, y población vulnerable y pobre.

Por último está la atención, pues además de pedir la reducción de las barreras ocasionadas por la emergencia, la Veeduría pide hacer seguimiento a los tratamientos a pacientes y tomar acciones preventivas con el personal médico, contagiados y sus familias, tanto a corto como a largo plazo, pues ya que se tienen los antecedentes y estudios que demuestran que habrá un deterioro en la salud mental para la que será fundamental que la ciudad tenga una robusta y pertinente política pública.

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