Salud sexual de jóvenes sordos difiere de la de población oyente

Así lo indicó una investigación realizada con 154 jóvenes bogotanos entre los 15 y 21 años.

Una tesis del Doctorado en Salud Pública de la Universidad Nacional muestra el trabajo con personas sordas y oyentes, hombres y mujeres, entre 15 y 21 años. En èsta se estableció qué conocimientos comunes, creencias y sentimientos (representaciones sociales) tiene esta población sobre la salud sexual y la sexualidad.

Según el Registro para la Localización y Caracterización de las Personas con Discapacidad (RLCD), se reporta en el país poco más de 856.000 personas con alguna discapacidad, de las cuales el 13,3 % presenta pérdida auditiva.

La investigación, desarrollada por Jaime Collazos Aldana, tomó tres grupos: jóvenes sordos que se comunican a través del lenguaje de señas colombiano (LSC), jóvenes sordos que manejan la oralidad en castellano, ya que tienen un implante coclear para escuchar, y jóvenes con capacidad auditiva, es decir, oyentes.

En total, fueron consultados 154 residentes en Bogotá para este ejercicio: 71 sordos con LSC, 72 oyentes y 11 adolescentes usuarios del castellano oral. Se hicieron ejercicios de red de asociaciones (se lanza un concepto base y el entrevistado tiene cinco espacios para hacer una definición a través de otra palabra), entrevistas y dibujos.

Las redes de jóvenes sordos con lenguaje de señas reflejaron en sus representaciones sociales que tanto hombres (56,1 %) como mujeres (84,1 %) relacionan la salud sexual con el cuidado del cuerpo desde una perspectiva higiénica (bañarse, usar agua y jabón), y no con la prevención de infecciones de transmisión sexual, ni con las problemáticas que pretende trabajar el sistema de salud.

“Esto muestra que no hay un conocimiento claro del tema. De hecho, podrían presentar comportamientos sexuales de riesgo a infecciones de transmisión”, señala el profesor Collazos.

En la parte de sexualidad, se identifican con el goce sexual en un porcentaje significativo (casi en un 90 % de los hombres), basado en el placer corporal. En las mujeres, las relaciones convencionales son las más asociadas, con un 58,6 %, aunque el goce se acerca al 46,5 %. El investigador señala que para esta población se reportan confusiones en la información para enfrentar y prevenir las enfermedades.

Con los jóvenes oyentes, la prevención sexual, tanto en población femenina como masculina, prevalece en la parte de salud, al igual que la presencia de relaciones estables y amorosas. “Esto se acerca al dispositivo de una salud sexual que existe en la sociedad con la promoción del uso del condón y el cuidado de la pareja, entre otros”, afirma el investigador.

Por su parte, los jóvenes sordos que manejan oralidad en castellano, es decir, interactúan con oyentes, tienen las mismas percepciones que estos últimos, pero solo en discurso, porque en la práctica son pocas las experiencias sociales y afectivas que reportan.

Otra mirada

Datos encontrados en esta investigación muestran que la población sorda con lenguaje de señas no siempre está acorde con los enfoques sobre salud sexual, que van más hacia la prevención y la planificación familiar.

“La falta de información viene de una baja calidad histórica porque no se producía vocabulario para temas de este tipo. En comunicación todavía existen obstáculos en la orientación de los servicios de salud”, señala el doctor en Salud Pública.

Por ejemplo, cuando una persona sorda con LSC conoce los servicios de atención médica, requiere de un intérprete, una opción no muy valorada en casos en los que la complejidad necesita confidencialidad médica.

También, destaca el joven investigador, se encontraron casos de personas sordas (sobre todo mujeres) con conocimiento lectoescritor del español, que han tenido que comunicarse por escrito con médicos y especialistas durante la consulta, pero sin recibir un trato amigable por parte de los profesionales de la salud.

Según el trabajo de investigación, estos escenarios plantean una reflexión sobre políticas de educación y salud sexual y reproductiva, pero con un enfoque diferencial que reconozca otras poblaciones, como esta.

“Las personas sordas con LSC manejan el tema de identidad basado en que se consideran una minoría lingüística y como tal se deben explorar opciones para orientarlos en prevención y promoción, así como reconocer sus derechos sexuales y reproductivos en el marco de la inclusión social”, concluye Jaime Collazos.

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