Empezarán en tres sectores

Salvavidas para recuperar la economía tradicional del barrio Restrepo

Con el programa “Yo le compro a Bogotá”, buscan activar clústeres emblemáticos de la ciudad. Uno es el barrio Restrepo. Pese a calidad y el precio de sus productos, hoy atraviesa un mal momento, según ellos, por la entrada de mercancía china.

En la fábrica Boterine quedan sólo 10 empleados. En su mejor época, albergaba hasta 40. / Mauricio Alvarado

En cada esquina nombran a los chinos. “Los chinos de la China”, aclaran. Por ellos, dicen, ya no venden ni crean las mismas cantidades de productos. Por ellos han tenido que cerrar sus negocios. Por ellos se han quedado sin empleo y algunos están en la quiebra. En los últimos cinco años, los comerciantes, distribuidores y fabricantes del tradicional barrio Restrepo, conocido por producir el mejor calzado del país, han pedido auxilio al Distrito y al Gobierno Nacional para que detenga la entrada de mercancía de bajo costo, porque les ha tocado tanto el bolsillo que sus negocios están en riesgo. (Lea: 'Made in' el Restrepo)

A diferencia de otros sectores comerciales, la calles y los negocios del Restrepo son ordenados. Todos se conocen y entre ellos se venden la materia prima para fabricar sus productos, la mayoría de cuero. La camaradería y la amabilidad con los clientes esconden que detrás de los enormes portones hay decenas de preocupaciones.

Alfredo Alba, dueño de una peletería y presidente de la Asociación Nacional del Sector del Calzado, el Cuero y Afines, cuenta que en dos años han cerrado 200 curtiembres por problemas ambientales y eso los ha perjudicado, pues la venta de cuero ha disminuido. Y en el barrio han tenido que cerrar locales porque no vendían lo suficiente y se acumulaban las deudas. “Es muy triste porque tenemos tantos valores agregados que la gente no ve. Aquí hay empresas de tercera generación. Los precios son competitivos, si usted hace una comparación con la calidad, y lo mejor: son productos locales, que generan empleo y aportan impuestos al país”.

En el barrio Restrepo siguen trabajando, aunque a media máquina. En las fábricas aún se escuchan las risas de los pocos empleados que tienen la esperanza de que el gremio emerja. Hoy, en Boterine, una compañía de botas del sector, sólo quedan 10 empleados. En los buenos tiempos, recuerda Jhon Jairo Jaramillo, quien se dedica al oficio desde hace 20 años, tenían que acomodarse 40: “El último piso de la fábrica parecía un infierno por el calor que provocaba el trabajo de todos”. Ahora sólo los acompaña el frío de los puestos vacíos. Jaramillo piensa que ya es momento de partir: “No me da ni para comer. Nosotros sacábamos 300 pares semanales y hoy sólo fabricamos 60”.

Inés Pérez también es testigo de la transformación, aunque su actitud es más positiva. Cree que tal vez con más promoción y legislaciones que le den prioridad al producto colombiano, los zapatos del Restrepo serían más reconocidos. Destaca que los modelos que los clientes usualmente compran en grandes almacenes, como Aquiles o Bosi, provienen de este barrio. Lo único que varía es la marquilla: “Estos son productos de calidad e incluso más baratos que en esas tiendas, porque esto es punto de fábrica. Yo tengo unas botas que han durado 10 años y no tienen intenciones de dañarse”.

Renacer

Hay decisiones que los comerciantes y fabricantes del sector Restrepo no pueden cambiar, como los tratados de libre comercio (TLC). Pero sí pueden mejorar sus estrategias de ventas y la forma como muestran sus procesos artesanales, tan llamativos para esta generación acostumbrada a la producción en masa. Con esa mentalidad, Juan Miguel Durán, secretario de Desarrollo Económico, intentó acercarse a los fabricantes de zapatos y otros sectores tradicionales, como el 12 de Octubre y San Victorino, para impulsar la economía bogotana.

Es un gana-gana para los consumidores que exigen productos de calidad y más baratos, y para la economía de la ciudad. Estamos eliminando intermediarios, que aunque hoy son la mayor fuente de ingresos, les quitan un gran porcentaje de ganancias a los fabricantes. Queremos que el ciudadano vaya hasta la fábrica y conozca la historia detrás de los productos”.

El proyecto, que se desarrolla bajo el programa “Yo le compro a Bogotá”, también busca que estos sectores se conviertan en sitios turísticos. Con el Instituto Distrital de Turismo (IDT) se están creando rutas para llevar a extranjeros y nacionales hasta estos espacios y ofrecerles los productos, visitas a las fábricas y restaurantes donde prueben la tradicional comida bogotana.

El secretario reconoce que, a pesar de que se había hecho un trabajo juicioso de diagnóstico sobre los problemas de estos clústeres, es necesario pasar a la acción: “Ahora lo que intentamos es generar una activación en las ventas. Por eso estamos organizando ferias para que ciudadanos y turistas conozcan la calidad de sus productos”.

La primera feria la realizaron con el gremio de los zapateros y el cuero. Según Alba, fue muy productivo, no sólo porque vendieron la mayoría de productos, sino porque funciona como una mesa de negocios donde hay varios interesados en comprar al por mayor. De acuerdo con el Distrito, habrá 20 ferias más con sectores diferentes: cosméticos, joyas y bisutería, artículos para mascotas, flores, mercados campesinos, entre otros.

Estos eventos, agrega Durán, están acompañados de rutas de emprendimiento, que van desde la capacitación a empresarios hasta la ayuda con créditos para mejorar y adecuar sus negocios. El proyecto ya arrancó y la administración espera que los resultados comiencen a verse en el segundo semestre de este año. Los gremios esperan que las ideas no se queden en promesas, aunque admiten que, como pocas veces, hay optimismo. Tienen claro que, si bien su economía está muy herida, aún no ha muerto.