Samurái y Canserbero, dos inexplicables muertes que enlutaron el rap

Los raperos de Bogotá y Caracas murieron en hechos aún sin esclarecer. Ambos llevaban a su gente mensajes con alto contenido social y melancólico. Compartieron tarimas, eventos y, ahora, un lugar en la eternidad y en el olimpo del movimiento hip hop.

Spectral Enter.

Tenían mucho en común. Samurái, rapero bogotano cuya muerte fue confirmada este lunes, y Canserbero, el rapero más famoso de Venezuela que murió hace tres años en Maracay, tenían mucho en común, más allá de haber escogido el hip hop como proyecto de vida. Ambos fueron conocidos por sus letras sociales, lúgubres y de conciencia; compartieron tarimas en Colombia, Ecuador y México; enlutaron a todo un movimiento en enero con la noticia de su repentina partida; y ambas muertes están cargadas de misterio.

Samurái A.K.A. “El cantor, pintor, poeta”, nació en Bogotá hace 34 años bajo el nombre de Héctor Everson Hernández Beltrán. Su vida transcurrió en Ciudad Bolívar, una de las localidades que fue cuna y atmósfera del rap en la capital. Por eso, en sus letras siempre exaltó su barrio y lo que allí se vivía cada día, pero nunca se le hizo necesario recurrir a contenidos explícitos; por el contrario, cada rima que escribió estaba cargada de referencias, metáforas, reflexiones y críticas. (LEA: La muerte de Samurái fue violenta: Medicina Legal)

Su estilo era oscuro, así como sus pistas, la gran mayoría producidas por él mismo en su propio sello, Sangre Oculta Records. En este estudio nacieron cuatro de los cinco grandes legados de Samurái: sus cuatro álbumes (Letras para el alma, Sangre sobre el pentagrama, La edad de la demencia y El funeral del tiempo), que son las letras y mensajes que le dejó al movimiento hip hop capitalino. Su otro legado es la continuación de su vida: su hija de 13 años, a quien no solo le dedicó todos sus esfuerzos sino muchas de sus letras.

Samurái tuvo una carrera prolija. Siempre estuvo entre los nombres a destacar del hip hop bogotano, y así lo constatan sus múltiples colaboraciones con artistas de peso y presentaciones en las mejores tarimas del movimiento. Dos de esos conciertos los dio en el festival en que todo rapero latinoamericano se quisiera presentar, Hip Hop al Parque, al que incluso quiso salvar de la mala imagen que tiene mediante una iniciativa que bautizaron Crew de Paz, un grupo de 100 raperos que quiso llevarle paz, respeto, unidad y convivencia al festival, pero no lo logró.

Todas estas luchas por su música, por su hija y por su cultura acabaron en diciembre. O en enero. Aún es un misterio cuándo, cómo y por qué murió el rapero y poeta, cuyo cuerpo fue hallado el pasado 4 de enero en una zona abandonada y boscosa del barrio El Mochuelo, ubicado en su natal Ciudad Bolívar. Las condiciones en que fue encontrado el cadáver hacen pensar todo ocurrió en diciembre, pues el alto estado de descomposición del cuerpo obligó a que la identificación se hiciera por medio de pruebas genéticas. Pero sigue siendo un misterio. Lo único que certificó Medicina Legal es que Samurái murió por “politraumatismo por elemento contundente”. (LEA: Cuerpo encontrado en Mochuelo sí era el del rapero Samurái)

Y ese fue el inexplicable desenlace de un joven al que no se le conocían enemigos y que siempre quiso construir sociedad desde el arte. Aunque estuvo desaparecido desde el pasado 13 de diciembre, pocos imaginaron ese fatídico final y ahora empiezan a alzarse las voces que exigen que se esclarezca lo que le ocurrió al artista y cómo su cuerpo llegó a dar a los alrededores del relleno Doña Juana. (LEA: Las versiones sobre el paradero del rapero Samurái)

Una vez confirmado su deceso, muchos internautas recordaron los encuentros -especialmente en Bogotá- que Samurái tuvo con Canserbero, quien está próximo a cumplir tres años de fallecido. Según versiones oficiales, el rapero más ilustre que ha dado Venezuela se suicidó en Maracay el pasado 20 de enero. Sobre su muerte se tejieron miles de versiones, pero ninguna logró eclipsar la versión de las autoridades, que señalaron que el cantante se lanzó desde un décimo piso luego de apuñalar a su amigo Carlos Molnar, bajista de la banda de reggae Zion TPL. Esa versión indica que Canserbero tocó la puerta de la habitación del bajista, lo golpeó y luego lo apuñaló en varias partes, hasta que falleció.

Lo brutal del crimen de Molnar, y la muerte de Canserbero, fueron justificados en que el artista estaba pasando por un fuerte cuadro de depresión, y el bajista lo había invitado a hospedarse en su vivienda mientras superaba su mal momento. Pero para muchos, esta versión no está completa, y hay al menos otras dos teorías para tratar de explicar su muerte.

Canserbero fue un rapero que se forjó en las calles de Caracas. Su música era sombría, melancólica, existencialista y consciente, así que sus mensajes calaban tanto entre jóvenes en busca de una luz como entre las más altas esferas de la convulsa política venezolana. Por esto, muchas personas pusieron sobre la mesa que el asesinato de Canserbero se habría tratado de un asunto dictatorial y no de un hecho accidental. La otra teoría cambia por completo las versiones oficiales. Esta hipótesis indica que Molnar llegó a su vivienda en el momento en que el rapero y la esposa del bajista sostenían una relación sexual. La reacción de Molnar fue golpear a Canserbero y lanzarlo al vacío desde el balcón de su apartamento. Luego habría golpeado a su esposa y ella, en un intento por defenderse, lo apuñalaría hasta causar su muerte.

Ninguna de estas versiones trascendió. El caso se cerró y ante los ojos del mundo la muerte de Canserbero fue un suicidio. Sus letras tétricas, sus mensajes de furia en redes sociales y su posible problema de drogas validaron esta teoría, y Canserbero se convirtió en la primera leyenda del rap latinoamericano de la era moderna. Ahora, Samurái se suma a él en ese legado de rimas y mensajes que queda para todo un movimiento, convirtiéndolos en dos figuras del rap con mucho en común. Como manifestó Canserbero en el mensaje que dejó en una de sus canciones: “No se muere quien se va, sólo se muere el que se olvida”.