San Cayetano no se libra de 'Las Gordas'

La familia dueña del negocio de distribución tiene trayectoria de casi 30 años. A pesar de la demolición, el negocio ilegal sigue vivo.

La demolición de una casa, que por más de ocho años fue expendio de droga, se llevó a cabo el pasado viernes. Hace un año había sido allanada por la Policía. / EFE

Mientras la retroexcavadora hacía polvo los muros de la casa, los habitantes del barrio San Cayetano de Suba se agolparon detrás de las ventanas para ver al presidente Juan Manuel Santos. La demolición de la vivienda, efectuada el pasado viernes, hacía parte del plan anunciado por el mandatario para combatir la delincuencia relacionada con el tráfico de estupefacientes en el país.

El punto de expendio funcionaba hace ocho años en la calle 127B con carrera 95 de Suba, tal y como lo dijo la Policía. Sin embargo, la banda detrás de este expendio tiene una larga tradición de casi 30 años. Sus miembros, a pesar de la destrucción del inmueble, aún se ven rondando por las calles del barrio Suba-Rincón. Los testigos les atribuyen homicidios y atracos con arma de fuego, principalmente, cerca de la avenida Ciudad de Cali.

 Un matriarcado

 La ‘olla’ era conocida como ‘Las gordas’ y siempre estuvo encabezada por mujeres de la misma familia, según reveló un informante de las autoridades. Dos de ellas, incluso, estuvieron presentes el día en que el presidente dio la orden de destruir la casa. “Llegaron con gafas oscuras y se quedaron hasta cuando cayó el último ladrillo”, dijo la fuente. Pero ellas no parecen ser las únicas de este grupo delincuencial. De acuerdo con los vecinos del sector, la banda alcanzó a tener más de 30 personas, en su mayoría menores de edad, que se encargaban de la venta de marihuana, bazuco y ‘pepas’.

Cuando la vivienda estaba en pie, era de color azul vivo. Sobre las cuerdas de la electricidad colgaban un par tenis viejos, señal de que en ese lugar funcionaba un punto de expendio. Las transacciones generalmente las hacían a través de la única ventana que daba hacia la calle o simplemente llevaban los encargos puerta a puerta. Para esta labor, los menores de edad eran ficha clave, ya que andaban en bicicleta y no despertaban sospechas. Los adolescentes ganaban casi $100.000 diarios por hacer los domicilios . “No se dejaban coger y cuando los atrapaban, armaban tremendo escándalo para que los soltaran. Por alguna razón, siempre quedaban libres y volvían al barrio”, añadió el informante.

El último allanamiento fue a principios de marzo de 2013, cuando capturaron a varios jóvenes que no tenían más de 15 años. Según uniformados que participaron en la operación, ‘Las gordas’ llegaron a los pocos minutos para evitar que se llevaran a los adolescentes. “Gritaban y decían que los estábamos agrediendo. A ellas no podíamos capturarlas, porque no les encontramos nada raro”.

Al día siguiente la casa fue sellada por última vez. La Policía tapó la ventana con ladrillos, para evitar que retomaran el domicilio. Dos artistas urbanos pintaron de blanco la fachada y escribieron un grafiti que rezaba: “Las drogas te roban tu libertad y tu vida”. Desde entonces los miembros de ‘Las gordas’ se desplazaron a los callejones, pero no desaparecieron.

 La ‘olla’ no desaparece

 Los habitantes más antiguos de la zona recuerdan que a principios de los años 80 una mujer empezó con el negocio de ‘Las gordas’ en San Cayetano. Ella se estableció en una casa que estaba cerca de la avenida Ciudad de Cali, frente al humedal Juan Amarillo. La conocen como La Abuela, porque tiene casi 70 años y, al parecer, ella aún controla el negocio.

La casa en la que comenzó La Abuela el negocio fue demolida por la construcción de la avenida Ciudad de Cali. Quienes conocen a la familia aseguran que el dinero que recibieron por la venta del inmueble lo usaron para comprar la casa que fue demolida el pasado viernes. “Ahí establecieron la ‘olla’. El negocio lo asumieron las hijas de La Abuela y sus yernos. La mayoría andaban armados, pero cuando se dieron cuenta de que estaban llamando mucho la atención, pusieron a trabajar a sus hijos y a niños del barrio. Sabían que si la Policía los cogía, los soltaba al poco tiempo”.

“A ellos no sólo los ven llevando y trayendo droga, sino también alertando a sus jefes sobre cualquier movimiento sospechoso, personas o carros desconocidos que se mueven por el barrio. Mejor dicho, son los ‘campaneros’ de ‘Las gordas’. En todos estos años han estado involucrados en robos, atracos y al menos dos homicidios”, dice la fuente.

Tras el sellamiento hace un año de la casa azul, ‘Las gordas’ se fueron, pero tan sólo a una cuadra de allí. Tomaron en arriendo otra vivienda y no dejaron el negocio. Personas cercanas a la banda aseguran que tomaron precauciones y ya no venden en la casa, sino que hacen domicilios, que generalmente entregan en un semáforo de la avenida Ciudad de Cali.

Entre tanto, los vecinos creen que la mejor solución ante los continuos hechos de inseguridad es construir un CAI cercano o ampliar el pie de fuerza del cuadrante 49, que cubre esa zona. “Tenemos policías muy buenos, pero sólo hay dos por turno. Necesitamos más policías, porque a los delincuentes les tumban la ‘olla’, pero mañana reviven al lado, como sucedió acá con ‘Las gordas’, que a pesar de perder su casa, su negocio ilegal sigue igual”.

 

 

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