"Se empieza a revelar la verdad": padrastro del grafitero asesinado

Conversación de uniformado que disparó demostraría que el joven no iba armado. Su reporte se contradice con el de la central policial: el primero reconoce que la víctima no iba armada, el segundo intenta hacer creer que era un atracador.

Gustavo Trejos y su esposa Liliana Lizarazo esperaban resignados la investigación de las autoridades sobre la muerte de su hijo de 16 años, el grafitero Diego Becerra, quien falleció el pasado 19 de agosto por balas de un policía. Por eso no fue poca la sorpresa que recibieron el pasado domingo al escuchar en televisión un audio sobre el caso. Nada menos que la conversación que aquella noche fatídica sostuvo con sus compañeros por radioteléfono el patrullero que le disparó al muchacho.

En el archivo de audio, divulgado por Noticias Uno, se escucha el testimonio del uniformado Wilmer Alarcón, quien comunica a la central de radio que el joven Diego (que salió con sus amigos a pintar grafitis) sacó algo de su bolso, él creyó que se trataba de un arma y entonces le disparó. Más adelante Alarcón informa que impactó al muchacho y que lo está conduciendo a la Clínica Shaio. Otro policía interviene en la conversación y le responde al patrullero que lo mejor es que espere a que llegue un oficial al lugar y suspenda la comunicación por ese medio.

En el mismo audio se escucha cómo, curiosamente, la versión sobre la muerte de Diego Becerra cambia totalmente minutos después del primer reporte, pues en la central de radio reportan que los hechos se registraron cuando el patrullero Alarcón intentaba capturar a un presunto asaltante que iba armado.

Después de muchos días de incertidumbre y ansiedad por esclarecer las circunstancias en que fue asesinado su hijo, el señor Trejos y su esposa aseguran por fin sentir felicidad porque “se empieza a revelar la verdad”.

Cuando los padres de Diego Becerra llegaron a la Clínica Shaio, el pasado viernes 19 de agosto, lo único claro fue la respuesta del médico: el muchacho había llegado sin signos vitales y estaba muerto. De ahí en adelante todo fue confuso para la familia y para la Fiscalía que, unos días después, anunció una investigación que hasta el momento no ha arrojado resultados definitivos.

Mientras el patrullero Alarcón continúa suspendido de sus actividades y la Policía advierte que va a esperar el resultado de la investigación y expresa su respeto por la misma, los Trejos insisten en la serie de inconsistencias que rodean los hechos.

Aseguran que la noche de la muerte de su hijo uno de los médicos que lo atendió les dijo que en el cuerpo del muchacho había dos orificios causados por arma de fuego y que en uno de ellos había señales de “quemonazo”, es decir, como si el tiro hubiese sido a quemarropa. También que ese mismo día fueron al lugar de los hechos (barrio Pontevedra) y no vieron rastros de sangre ni armas en el lugar, pero cuando llegaron de nuevo a la clínica un investigador del Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI) de la Fiscalía les dijo: “Sucedió algo extraño, apareció un arma en la escena del crimen”. La Fiscalía no se pronunciará hasta tanto no termine la investigación.

Para la familia de Diego, los archivos de Noticias Uno son reveladores frente a las circunstancias en que murió su hijo, pues esas llamadas confirmarían que el joven no tenía un arma y por tanto “no merecía morir por estar haciendo un grafiti”, como afirma su padre.

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