Ser conductor del SITP en la zona más insegura

Hablamos con los conductores que cubren la zona de Usme, en sectores como Puerta al Llano, donde uno de ellos fue asesinado el viernes. Agresiones con puñales y escupitajos son historias comunes.

Jhon Peña maneja un bus del SITP que recorre la ruta hacia Puerta al Llano en Usme. / Archivo - El Especatdor

Jhon Peña, de 36 años, conduce un bus que cubre la ruta 674 -Puerta al Llano (extremo sur de Bogotá) del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP). La misma ruta que cubría Carlos Zuluaga, el conductor que fue asesinado el viernes pasado, posiblemente por un pasajero. Justo antes del mediodía se acerca la hora determinar su recorrido y cuando pasa a unas cuadras del lugar donde atacaron a su compañero cambia el recorrido y evade ese camino indeseable entre los trabajadores del sistema.

“Yo por allá no subo”, dice Jhon y cuenta que la ruta la cambiaron luego del asesinato de Carlos Zuluaga. Los buses azules del SITP que pasan por esta zona de la localidad de Usme aún tienen puestas las cintas moradas, como parte del ritual del luto. Hasta el momento no se sabe si a Carlos lo mataron por un ajuste de cuentas o por intolerancia. Pero sea como sea, Jhon y el resto de los conductores tienen claro que en estos confines de la ciudad -donde muchos hacen su propia ley- manejar un bus es a otro precio.

“A uno lo tratan como lo peor. Si uno viene de un tráfico pesado y se demora en llegar hasta acá arriba (a las calles empinadas de Puerta al Llano) la gente se para en la vía y no deja pasar. Lo escupen y no entienden que uno está es para prestar un servicio”, explica mientras recorremos el barrio antes de terminar la ruta.

Cuando llegamos al patio donde termina el recorrido y están parqueados los otros buses que cubren las rutas de Usme, operadas por la empresa Tranzit, Jhon cuenta que además de los escupitajos, a varios de sus compañeros los han apuñaleado. “Nosotros tenemos un recorrido y no nos podemos desviar y los usuarios quieren que uno los baje más cuadras y los deje donde ellos quieren. Y si no, la cogen contra uno. Es que la gente está acostumbrada al antiguo transporte y este precisamente trata de cambiar tanto desorden”. Por este día, él ha terminado su turno y le entrega el bus a otro conductor.

Afuera del patio de Tranzit en Usme, varios conductores toman tinto en una tienda mientras esperan que les asignen el próximo bus que deben manejar. Nelson y César cuentan que la ruta 914, que llega hasta Usme Centro, es bien particular. “Es la ruta en la que más carga gente, se llena el bus en 4 paraderos. Pero de esos sólo el 3% paga, el resto son colados. Qué se les dice”, se pregunta César.

-Nelson: En esos casos de los colados, la empresa nos dice que tenemos que llamar al centro de control y cuando a uno le contestan le dicen que los haga bajar. Pero ¿usted cómo hace bajar a 4 o 5 delincuentes?

- César: o usted los puede hacer bajar, pero a la subida lo esperan. Ya nos amenazaron y nos dijeron que si volvemos nos matan.

Después de la muerte de Carlos Zuluaga, César González, representante de los operadores del SITP, señala que el vandalismo y los ataques que enfrentan los conductores son diarios y en toda el área de Bogotá, aunque sí son más frecuentes en zonas como Usme, Ciudad Bolívar y, en general, en la periferia de la ciudad.

La empreesa Tranzit que opera en Usme tiene entre sus estadísticas de seguridad un registro de 116 agresiones contra los buses del sector en lo corrido de 2015. Son casos en los que los ciudadanos atacan los vehículos rompiendo los espejos panorámicos o laterales, lanzando piedras desde puntos altos de la vía, y por lo general, siempre se van antes de que llegue la Policía. Entre los datos de agresiones contra conductores, tienen un registro de 19 en el año.

¿En otras zonas la situación es tan violenta como en algunos de los sectores de Usme? Nelson contesta que otro caso fuerte ocurrió en Aguas Claras, en la localidad de San Cristóbal. Allá también mataron a un compañero, incluso empelotaron a una trabajadora de Transmilenio, que revisa cómo hacemos la ruta. “Unas personas se colaron, ella les dijo que se bajaran. Ellos encañonaron al operador y a ella la empelotaron y la mandaron así para la casa. Eso lo contaron nuestros operadores de Consorcio Express. Cómo será que después de eso Transmilenio autorizó que la ruta parara donde le timbraran”.

Aunque no tiene sentido que la intolerancia por un bus demorado se convierta en violencia, César sí reconoce que hay aspectos en el servicio que podrían cambiar y evitarles problemas a los conductores. Por ejemplo que Transmilenio, que es la entidad que define los tiempos con que se despachan los buses, mejore esas frecuencias para que no haya espacios de hasta una hora entre el recorrido de un vehículo y otro. Lo dicen ellos que, además de ser conductores también son pasajeros cuando regresan a su casa luego de 12 horas de haber manejado un bus del sistema.