'Si hubo traición, fue en mi contra': Antanas Mockus

El candidato de Alianza Social Independiente cree que en la polarización Petro-Peñalosa la gente terminará votando por otro.

Con la tranquilidad que le da el fallo del Consejo Nacional Electoral, habilitándolo para seguir como candidato, Antanas Mockus espera seguir subiendo en la intención de voto para pelearle la Alcaldía de Bogotá a Gustavo Petro y Enrique Peñalosa, punteros en las encuestas. No habla de alianzas, al menos por ahora, y en diálogo con El Espectador reflexiona sobre lo sucedido con el Partido Verde, la duda que persiste en torno a quién hubiese cuidado mejor los ‘huevitos’ del presidente Uribe —aunque fiel a sus posturas le da garrote y zanahoria a Santos— y la mediocridad en la política capitalina.

También habla de la necesidad de cerrarle la puerta a la corrupción y lo premonitoria que resultó la pregunta que hace cuatro años, en un debate del canal Caracol, le hizo a Samuel Moreno sobre la compra de votos. Y le responde a quienes lo señalan de tener carácter autoritario y medita sobre la gran oportunidad que, dicen algunos, tuvo de ser el Presidente de Colombia y no supo aprovechar.

¿Ha llegado a pensar que fue un error haberse salido del Partido Verde y que ha debido dar la pelea desde adentro?

Me gasté siete u ocho meses de mi vida librando una lucha desde adentro, con mi estilo, que es poniendo las cosas sobre la mesa. Yo creo mucho, y pienso que de alguna manera funcionó con los verdes, en el sistema de planeación conjunta de las acciones. Cuatro cabezas piensan más que una.

¿Y entonces qué pasó?

En algún momento sentí que el esfuerzo por estar de acuerdo y construir conjuntamente era sustituido por otro estilo de toma de decisiones. Una mañana dije “no más”. Cuando se llevó la cosa a votación ya era muy tarde y en el fondo fue la dirección del Partido Verde la que escogió estar mejor con Uribe que con Antanas Mockus. Y allí no cabíamos los dos.

Claro que usted en la campaña presidencial se ofreció a cuidarle los tres ‘huevitos’ a Uribe…

Cuando el presidente Uribe me declaró inválido e incapaz, fui a decirle: “¿Usted cree que no le puedo cuidar sus huevitos?”. Lo hice con orgullo para que no se metiera en el proceso electoral descalificándome. Y como el candidato Santos había tenido una cita, pues yo también la pedí. Claro que la historia posterior ha sido interesantísima.

¿Por qué?

Porque hoy no se sabe quién hubiera cuidado mejor los ‘huevitos’. Quedará siempre la duda.

¿Santos no los está cuidando?

Mi tesis siempre ha sido construir sobre lo construido y además todos conocen mi posición: yo no critico los resultados de Uribe sino sus métodos. Analicen mi comportamiento cuando fui gobernante de la ciudad después de Castro y Peñalosa. Un gobierno hereda lo mejor del anterior y lo cuida.

¿Cree que Uribe tenía una segunda intención al apoyar a Peñalosa: acabar con los verdes?

No quiero atribuir intenciones. Para sobrevivir los partidos tienen que ganar elecciones, pero no lo pueden hacer de cualquier manera y está estudiado que las alianzas generan consecuencias.

¿Perdió el Partido Verde sus principios e ideales al hacer alianza con Uribe y con la U?

No me gusta utilizar la expresión traición, pero si la hubo fue más de ese lado que del mío. En cierto sentido, eso ahora tiene poca importancia. Creo que en este momento lo que se ha develado del gobierno de Uribe es suficiente para dejar esta discusión de este tamaño.

Peñalosa dice que usted es un gran líder y que les hace falta en los verdes…

Yo he expresado también mi admiración por Enrique, pero considero que él, al escoger el apoyo de Uribe y tratar de justificarlo por el lado de la votación, se equivocó en el cálculo electoral y de aliado.

Hay quienes dicen que entre Gustavo Petro y usted hay mucho en común…

He visto a Petro muy bien. La gente que ejerce durante años la labor parlamentaria es muy competente en el discurso. Petro expone sus ideas bien, ha ido reduciendo un poco la retórica del agua —que era un elemento un poco artificioso— y se defiende bien de los ataques personales o por las cifras. Creo que la campaña, en su conjunto, se caracteriza por ser un poco inflacionaria.

Es decir, ¿hay mucho populismo?

Y quizás es de todos, porque el proceso es contagioso. Cuando el otro dice que hay que construir una línea metro, uno no puede decir construyamos una de ocho o nueve kilómetros. Hay una especie de subasta de la que hay que cuidarse. Hay gente que hace cálculos a mano alzada, y el próximo alcalde o va a incumplir parte de lo que dijo que iba a hacer o va a tener que aumentar ingresos.

O sea, más impuestos…

Así es, y yo estoy atrapado entre la espada y la pared diciendo que en los primeros dos años prometo no cobrar nuevos impuestos pero los dos años siguientes espero que la ciudadanía esté suficientemente antojada de solución de problemas. No voy a imponer los impuestos sino a buscar que la gente los desee. Es cierto que combatiendo la corrupción se ahorran algunos recursos, pero para la cantidad de problemas que tiene Bogotá por resolver, eso no alcanza.

¿Y cuál cree que es hoy el principal problema a resolver en la ciudad?

La mediocridad de la política. Nosotros cerramos las puertas del clientelismo y algunos de los políticos locales la abrieron otra vez y por allí se metió la corrupción con toda su fuerza. Fueron elecciones en las cuales el acceso al gobierno nació contaminado de corrupción, no sólo por el apoyo a las campañas por parte de contratistas, sino porque eso se volvió una asociación para delinquir. Algo así como: ganemos el poder para después aprovechar. Y lo terrible es que para los que están en ese juego es lógico que deba ser así. Ahora, no cabe duda de que Bogotá tiene desafíos enormes en términos de calidad de la educación, de crecimiento económico, de formalización de la economía, entre otros.

¿Cómo cerrar esa puerta nuevamente?

Con castigo social. Como ciudadano, pensaría con mucho cuidado mi voto. Por alcalde, por Junta Administradora Local y, sobre todo, por Concejo. Es absurdo que la gente elija a alguien que actúa de manera extorsionista. Y hay una cosa con la que hay que cortar: los favores. La corrupción, como la violencia, existe porque existen grupos sociales en cuyo interior esa es la regla de juego.

La famosa pregunta que le hizo hace cuatro años a Samuel Moreno sobre la compra de votos y su respuesta, ¿fueron acaso una señal de lo que hoy se vive?

Recuerdo que él no dudó un solo instante en responder y utilizó una modalización como “sin lugar a dudas”. Esa respuesta puede verse como una anticipación, una previsión. Él justificó lo dicho con la teoría del mal menor de Michelle Ignatieff, pero quiero subrayar que era consciente del dilema. Ahora, pasaron muchas cosas después, como por ejemplo que Enrique lo sobreatacó. La política no puede ser rencilla y Colombia es muy justiciera. Si usted le da un coscorrón a alguien porque se lo merece, la gente lo aplaude. Pero si le da dos, la gente se levanta y dice: “pobrecito”. Al final de esa semana parecía como si hubiéramos cometido una injusticia con Samuel Moreno. Pero la cosa sí fue dramáticamente premonitoria y lo único que falta es que en estos días salga otra vez con la teoría de que hizo lo que hizo por salvar a Bogotá.

Hay quienes dicen que ya no se pueden esperar sorpresas y que esto es entre Petro y Peñalosa…

Creo que en algún momento ese era el escenario ideal para alguna gente. El que es dogmático de derecha dirá: “Vamos a asustar a la gente con Petro y nos van a votar”. Y viceversa, la gente con el corazón de izquierda dirá: “No, con Peñalosa no”. A veces, en esa situación, la gente dice: “Ni el uno ni el otro”. De cualquier manera, tener más opciones le ayuda a la gente a tomar decisiones más sabias. Las personas, además de razonar, votan muy emocionalmente y la ciudad lo ha hecho un poco con el corazón, por no querer que el gobierno local sea una prolongación del nacional. Algo así como “no le demos toda la fuerza a los mismos”.

¿Qué le responde a quienes dicen que usted tiene cierto tufillo autoritario?

Auctoritas, la etimología, es el que cuida algo que crece. Sé que la vida me ha puesto a ejercer autoridad y la ejerzo de conformidad con la Constitución y las leyes. Si ellas me otorgan una determinada facultad, pues la ejerzo sin agüero, pero, eso sí, sin arbitrariedad. Juan Carlos Flórez dijo una vez que yo aplicaba autoritarismo pedagógico. Aunque más que de autoritarismo, hay que hablar de autoridad. Bogotá necesita autoridad, incluso para derrotar al clientelismo o para frenar las costumbres políticas ligadas a la corrupción.

¿No fue esa la tesis del uribismo, que Colombia necesitaba autoridad y por eso Uribe tenía que seguir en el poder?

La autoridad de Uribe, a mi juicio, está demasiado centrada en los resultados. Mi autoridad es: logremos los resultados, pero con restricción sobre los métodos.

¿Cómo está de salud?

Bien. Si me tomo mis pastillas a tiempo no tengo problemas.

¿Piensa que esta es su última oportunidad en la política?

Tiendo a verlo así, pero la gente me dice que no me restrinja en mis posibilidades. Me dicen que no cierre caminos futuros, pero yo me daría por muy satisfecho con ganar una elección más y hacer un buen gobierno. Un editorialista de uno de los periódicos colombianos estuvo hablando con Fidel Castro y él le dijo: “De origen lituano, católico (...) van a tener Antanas Mockus por un buen rato”.

Ideológicamente, ¿usted dónde se ubica: centro, izquierda, derecha?

Todos estamos del mismo lado, aunque no nos guste. En algún lado hay una especie de nave intergaláctica en la que va Mockus a un lado y en lo que parece ser el extremo más opuesto va Uribe. Nos toca aguantarnos, aunque no nos guste. La política es enemistad, diferencia, contradicción, pero siempre parcial. Lenin y Carl Schmitt, uno de los teóricos del nacionalsocialismo, trataron de inventarse la idea de una guerra total, de una contradicción total que sólo se resuelve eliminando al otro. No creo en eso.

En sus reflexiones internas, ¿cree que perdió la gran oportunidad de ser el presidente de Colombia?

Sí, pero aportamos cierta frescura al proceso. A veces en la vida uno recuerda mejor lo que no fue y siente cierta alegría por el hecho de que el presidente Santos haya resultado mejor de lo que muchos pensábamos. Es como que estuvo bien que resultaran las cosas así. En la filosofía lo importante no es ganar sino comprender. Ahora, si usted comprende, muchas veces gana. En medio de mi modestia soy un poquito creído. Obviamente si uno participa en elecciones quiere ganar.

Peñalosa dijo que después de estas elecciones las puertas de los verdes están abiertas para usted…

Creo que ya tengo suficientes debates sobre doble militancia.

De coincidencias con otros candidatos

¿Con cuál candidato cree que tiene coincidencias programáticas?

Yo haría una especie de saqueo sistemático de las ideas de los demás candidatos. En algunos debates ha sido impactante que Gina (Pardoy), Gustavo (Petro) y yo digamos que lo primero es la educación. Pero el problema no es lo programático sino la forma de gobierno, la toma de posición frente a la maña clientelista, si se va a dejar extorsionar o no, si es capaz de aguantar la presión de los concejales de la clase política o no. Si se cede a las presiones clientelistas, se abre la puerta a la corrupción.

¿Por qué será que usted no es un hombre de partidos?

Pero fíjese que ayudé a que se formara un partido nuevo en Colombia.

Del que terminó saliéndose…

Uno puede estar en la parte más fértil de un proceso. La historia del Partido Verde no ha acabado de escribirse. Un partido dedica muchas energías a su vida interna y yo prefiero procesos que no sean tan absorbentes. Creo que si hubiéramos mantenido la línea de cuatro cerebros pensando la ruta, podríamos habernos convertido en una fuerza tremenda y los partidos tradicionales estarían reaccionando con agresividad.

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