'Sí, en mi caso pediría una muerte digna'

Diagnosticado con un mal incurable, el escudero incansable del alcalde Gustavo Petro habla de su vida política y de su enfermedad.

Hace dos años Guillermo Asprilla fue diagnosticado con una enfermedad degenerativa motora. /David Campuzano

A finales del mes pasado el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, rindió un homenaje desde la Plaza de Bolívar a Guillermo Asprilla, uno de sus principales defensores en la disputa con la Procuraduría, su amigo desde las épocas del M-19 y quien fuera recientemente su secretario de Gobierno. Petro reveló ante miles de simpatizantes que “(Guillermo) Asprilla sufre de una enfermedad terminal, enfermedad que se agudiza por circunstancias anímicas”, y responsabilizó de su agravamiento a las decisiones del procurador. (Lea: Guillermo Asprilla: la voz que se apaga)

En su primera entrevista luego de sufrir nuevas complicaciones de salud relacionadas con una enfermedad degenerativa motora que lo ha obligado a utilizar silla de ruedas, Guillermo Asprilla habló con Blu Radio y El Espectador sobre su vida, su enfermedad y, por supuesto, sobre política. Asprilla no dudó en afirmar que Petro será presidente de Colombia, hace un mea culpa por la falta de unión entre los sectores de izquierda y dijo que está de acuerdo con la posibilidad de limitar los poderes de la Procuraduría. Defiende también el derecho a morir dignamente y admite que pediría que fuera aplicada para sí mismo en caso de ser necesario.

Pese a su enfermedad, ¿sigue haciendo política en favor del alcalde Petro?

Para mí la política es una vocación de vida, no es un oficio.

¿De dónde viene esa vocación y ese interés suyo por la política?

Siendo muy niño, tenía 7 años, recuerdo el impacto psicológico que me causó visitar Andagoya (Chocó) de la mano de mi padre. Andagoya tenía dos pueblos: en uno vivían los negros del Chocó, los trabajadores, entre el barro y en casas de bahareque. En el otro, en un conjunto muy bonito, vivían los funcionarios de la Chocó Pacífico. Me impactó ver en un lado el barro y en el otro los columpios de los niños de los funcionarios gringos. Ese recuerdo fue mi primera experiencia de contraste de lo que es la pobreza, la miseria y la riqueza de otro lado.

¿Por qué comenzó a los 14 años su militancia política?

En ese tiempo existía un partido que después desapareció. Se llamaba el Partido Comunista de Colombia Marxista Leninista. Estamos hablando exactamente de 1973. En el Colegio Distrital Restrepo Millán, estando en cuarto de bachillerato, fundamos una célula de estudiantes para hacer militancia política, estudiar, pintar grafitis, organizar a la gente en los colegios.
 
¿Quién lo influenció para introducirse en ese trabajo político?

La izquierda era muy fuerte en el bachillerato, como sucede hoy en Chile. En mi colegio había compañeros de múltiples militancias. Había compañeros marxistas leninistas... Nos reuníamos y éramos feroces discutiendo.

¿Esas peleas siguen dentro de la izquierda?

Sí, lamentablemente. Hoy, por ejemplo, hay que lamentar para el país y para la democracia que no haya sido posible construir una candidatura unificada de la izquierda para la Presidencia de la República en una coyuntura como la actual.
 
¿Qué es lo que tanto divide a la izquierda?

La izquierda se da el lujo siempre de buscar cómo dividirse. Recuerdo que en mi infancia nos dividíamos porque unos creían en China y otros en la Unión Soviética, y eso nos parecía fundamental. La historia más reciente es la del Polo, que es el intento más serio que ha habido de unión en la izquierda. La división ahí tuvo una causa: el fenómeno de corrupción de Samuel Moreno.
 
¿Cómo fue su época de los años 70 en la Universidad Nacional?

Siempre milité, cuando estaba en la Nacional me pusieron preso, me acusaron de ser del M-19, me tuvieron en la Escuela de Caballería, así que para hacerle honor a la inteligencia militar entré al M-19 después de que me detuvieron.
 
¿Cómo lo capturaron?

Me cogieron en una redada que hubo entre enero y febrero del año 79, como respuesta al robo de armas del Cantón Norte. El Ejército capturó a miles de dirigentes de izquierda, yo tenía 19 años y cualquier día allanaron mi casa, me tuvieron casi un año preso. La única prueba era que en mi casa habían hallado un panfleto del M-19.
 
¿En dónde estuvo detenido?

En La Picota, en un pabellón especial con los demás líderes del M-19.
 
¿Usted fue militante del ala armada del M-19?

El M-19 era una organización político-militar, pero nunca fui buen militar, participé en algunas cosas, en acciones locas como todo lo que hacíamos.
 
¿Cómo cuáles?

Estuve muchos meses dedicado a planear una toma de la cárcel La Picota para liberar a los presos nuestros, eso fue antes de la toma de la Embajada de República Dominicana. Pero como el trabajo era compartimentado, ni yo sabía que ellos estaban en lo de la embajada ni ellos sabían que yo estaba en lo de La Picota. Afortunadamente primero sucedió lo de la embajada.
 
¿Cómo vivió la toma del Palacio de Justicia?

Eso fue absolutamente trágico y doloroso tanto para el M-19 como para el sector de la justicia. Nunca debió darse. Son las locuras de la guerra que hacen que el hombre pierda la noción de la realidad. Apenas el país empieza a conocer la magnitud de lo que fue la respuesta militar a la toma del Palacio de Justicia. Esto representó un punto de inflexión en la lucha armada. Navarro, Pizarro y yo empezamos a cuestionarnos sobre si valía la pena seguir con la vía armada. Creo que paradójicamente la tragedia del Palacio de Justicia puso las bases de la paz, dolorosamente.
 
¿Cuándo conoció a Gustavo Petro?

En la época de la Constituyente. Ya se había hecho la paz, yo me dediqué a la Constituyente día y noche. Recuerdo que los dos fuimos miembros elegidos por la dirección nacional de la Alianza Democrática M-19 con el vicepresidente Angelino Garzón, con Antonio Navarro y con Otty Patiño.
 
¿Usted ve a Gustavo Petro terminando su mandato el 31 de diciembre de 2015?

Veo a Petro ganando esta batalla contra el fanático este (el procurador Alejandro Ordóñez), quien además pronunció un fallo que no dudo en calificar de precario jurídicamente. Tengo la certeza de que Petro será presidente y de que nosotros, los Progresistas, elegiremos al alcalde que reemplace a Petro, la ciudadanía nos seguirá apoyando porque ha probado que podemos gobernar de manera justa y humana, porque ahora saben que se puede gobernar sin robar y sin dejar robar.
 
¿La Procuraduría debe desaparecer?

Debe perder el poder de privar a un ciudadano de derechos políticos y debe desaparecer el absurdo de que por el mismo hecho y con base en las mismas normas una persona puede ser juzgada muchas veces.

Hablemos de su familia.

Tuve con mi esposa dos hijos, Inti Raúl, el mayor que es abogado, y Alan Guillermo, el menor, que es economista. Mi esposa, con la que conviví un poco más de 30 años, falleció en 2010. Un cáncer se la llevó en pocos meses. Es quizás el golpe más duro que he vivido y que vivieron mis hijos. Afortunadamente tuve un núcleo familiar bastante fuerte, tuve una vida feliz, pero la muerte llega cuando tiene que llegar.
 
¿Cuándo comenzó a deteriorarse su salud?

El problema que tengo comenzó hace dos años, pero siempre he asumido que el deber mío es mantenerme activo y hacer lo que sea para afrontar la enfermedad sin dejarme vencer. Es una circunstancia supremamente dura, que afecta a todo el mundo, pero mi deber es luchar por la vida hasta donde la propia vida nos dé fuerzas.
 
¿Cómo se siente en este momento?

Hay cosas que no dejan de dolerme, por ejemplo en esta coyuntura política podría cumplir un papel más activo que el que me permiten mis limitaciones físicas. En la campaña de mi hijo quisiera estar 24 horas, pero la necesidad del tratamiento, de las terapias, todo eso me limita el tiempo. Pero hay que ser agradecidos con la vida. Mientras uno tenga la certeza de que vale la pena vivir, hay que seguir en esa lucha.

¿Usted piensa con frecuencia en la muerte?

No creo que más que cualquier persona. Por razones elementales de salud mental, de equilibrio psíquico, uno no puede dejarse llevar. No hay que dedicar el pensamiento a la angustia de la muerte, pero sí creo y tengo el derecho moral de decirlo, incluso frente al procurador: la gente debe tener derecho a la muerte digna. Cuando la enfermedad lleva a una persona a una condición límite, sin esperanza de recuperación, con compromiso de las funciones vitales básicas, cuando cada acto se vuelve doloroso, es mejor que la vida termine.

¿Usted pediría para su caso una muerte digna en condiciones límite?

Sí, claro, lo pediría no solamente para mí, sino como un derecho humano. Acompañé a mi esposa 24 horas al día, todos los meses de su enfermedad y sé lo inhumano que resulta el dolor permanente sin esperanza. A la gente no debemos someterla a eso. La medicina es para evitar el dolor, no para prolongar el sufrimiento.
 
¿Cómo ve el futuro?

Soy muy optimista sobre lo que está pasando en el mundo y en mi país. Estamos cambiando para mejor, este país consolidará la paz: con ella vendrá una democracia más plena y con la democracia, la justicia social.

* Jefe de Redacción de Blu Radio.