Conozca los barrios en donde roban más casas en Bogotá

En el primer semestre de 2017 hubo 1.405 denuncias. Usaquén, Suba y Kennedy, con 671 casos, son las localidades más golpeadas. Datos de las autoridades evidencian que es un delito de oportunidad.

Sólo en uno de cada 10 hurtos a viviendas se usa algún tipo de arma para intimitar a las víctimas. En 350 casos, se usaron palancas o llaves maestras para vulnerar las cerraduras. Pixabay

A bordo de un vehículo, un taxi o un automóvil particular, cinco hombres vigilaban los movimientos de sus víctimas. Estudiaban a qué hora salían a trabajar, en qué momento sacaban a pasear a sus mascotas o incluso calculaban el tiempo que les tomaba ir a la tienda del barrio. Identificaban también sus puntos débiles: si dejaban entreabiertas las puertas o ventanas de sus casas o si tenían una cerradura que les resultara fácil de vulnerar. A ello se sumaban los procedimientos de rutina: se percataban de que no hubiese un CAI cerca y que la patrulla de la Policía estuviera haciendo ronda en otra calle.

Conocer las rutinas de los incautos era el secreto de los Palomos, los presuntos integrantes de una banda dedicada al hurto a residencias. Por ocho meses, mientras los delincuentes les hacían seguimiento a las viviendas y aprovechaban la oportunidad para robar, un grupo de investigadores de la Sijín les seguía el rastro. La organización operaba principalmente en los barrios Tintal y Castilla (Kennedy), Laureles (Bosa) y Santa Matilde (Puente Aranda).

Según la información de ese período, tras identificar las viviendas usaban palancas para forzar las chapas e ingresar. En uno de los videos de seguridad, que permitió su captura, se observa cómo los hombres, que iban en un automóvil gris, ingresan a una residencia. Minutos después salen con televisores, dinero en efectivo y joyas. Para identificar a los miembros de los Palomos, los investigadores seguían una pista: siempre dejaban un elemento de la casa (el sofá o el comedor) bloqueando la puerta para facilitar su escape. El valor de los robos ascendió a $600 millones.

La captura de tres de sus integrantes hace parte de las 1.667 detenciones que han hecho las autoridades en lo corrido del año, frente a un promedio de 1.661 en el mismo lapso de 2016. Mientras en el primer semestre del año pasado se interpusieron 1.911 denuncias por robos en viviendas, en el primer semestre de 2017 se registraron 1.405 casos (hubo una disminución del 36 %), según la Policía. Es decir, mientras en 2016 robaban, en promedio, nueve casas al día, hoy son siete.

Esta semana, la organización Bogotá Cómo Vamos presentó su último estudio, en el cual detallaba el comportamiento del hurto a residencias. De acuerdo con el informe, que tiene en cuenta datos de 2016, se asegura que en los últimos años el delito ha tenido una tendencia a la baja al pasar de 4.859 casos en 2014 a 3.435 en 2016.

Como van las cosas, en 2017 es muy probable que la reducción continúe, pero hay patrones que se mantienen. Entre ellos, que Usaquén (con 248 casos), Suba (212) y Kennedy (211) son las localidades en donde más se interponen denuncias por este tipo de hurtos. De hecho, hay barrios en los que las autoridades han puesto especial vigilancia, por ser aquellos en donde el fenómeno se repite, sin importar su estrato social: Cedritos (Usaquén), Chapinero Alto (Chapinero), Bosa Central (Bosa), Santa Bárbara (Usaquén) y Patio Bonito (Kennedy).

Las autoridades han hecho un especial llamado de atención para que los ciudadanos no caigan en los engaños de los ladrones, quienes prefieren la noche para cometer el delito (a las 7:00 p.m. se registró la mayor cantidad de hurtos, con 124 denuncias), los meses en los que hay menor afluencia de ciudadanos (enero, con 324, reportó el índice más alto) y en la mayoría de los casos usan un taxi para movilizarse (46). Asimismo, el principal blanco de la delincuencia son las casas (900 casos en 2017), en comparación con los apartamentos (244).

En los hurtos a residencias cometidos en Bogotá —como aquellos en los que participaron los Palomos—, los delincuentes no suelen intimidar o atacar a sus víctimas para despojarlas de sus pertenencias. Así lo demuestran las cifras: en sólo el 9,6 % de los casos usaron armas de fuego o cortopunzantes. En los demás emplearon llaves maestras o palancas. Por eso, los investigadores coinciden que, en la mayoría de los casos, la mejor forma para evitar el hurto a residencias es que los ciudadanos no escatimen en medidas de seguridad y prevención.

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Juan David Moreno Barreto

Bogotá

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