Suicidio a temprana edad, asunto que preocupa en Bogotá

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Cifras de Medicina Legal indican que entre enero y septiembre de este año, 33 personas menores de 19 años se quitaron la vida en la capital. Dos de ellos tenían entre cinco y nueve años. El Espectador consultó la opinión de expertos sobre los signos de alarma y factores de riesgo a tener en cuenta.

Baja autoestima, poca tolerancia a la frustración, dificultades para enfrentar problemas, presión social y familiar, una mala relación con los padres y terminar una relación sentimental son algunos de los factores que se asocian al suicidio a temprana edad. En los últimos días se han conocido diferentes historias, como la de un menor, de 14 años, que se habría suicidado dentro de su hogar, en la localidad de Usaquén. Otro de los casos más sonados fue el de Cristian Mosquera, actor de 14 años que, de acuerdo con su familia, tenía cuadros de depresión.

Teniendo en cuenta las cifras de Medicina Legal, entre enero y septiembre de este año, 228 personas se quitaron la vida en Bogotá. Lo que siembra preocupación es que de este total, 33 fueron menores de 19 años, es decir, el 14 % de los casos. Al discriminar por edades, 10 de las víctimas tenían entre 18 y 19 años; 10 de ellas estaban entre 15 y 17 años; otras 11, tenían entre 10 y 14 años, y un dato inexplicable: las estadísticas las cierran dos niños, que tenían entre cinco y nueve años.

Factores de riesgo

Esta situación tiene diferentes aristas que analizar. En primera medida, es importante entender que hay conductas identificables momentos antes a este fatal desenlace. Así lo explica Carolina Botero, psicóloga clínica y profesora de la facultad de psicología de la Universidad Javeriana.

“Hay conductas autolesivas y parasuicidas, que no corresponden al suicidio como tal, sino a la intención de hacerse daño con este fin. En niños y adolescentes hay un incremento del número de estos casos y esto corresponde a diferentes factores sociales, del entorno familiar, escolar y psicológico del menor. En esas esferas encontramos diferentes factores de riesgo”.

Botero asegura que para los niños con problemas de autoestima, que se sienten inferiores y no valorados en un entorno, el suicidio resulta ser una forma de escape a los problemas, la vida es un sinónimo de sufrimiento para ellos y por eso llegan a buscar la manera de eliminar este sentimiento.

“La ruptura de una relación sentimental, maltrato en casa, padres y entorno escolar que presiona a los niños, por ejemplo con el rendimiento académico, estrés familiar, bullying, discriminación y sentir que no pertenecen a ningún lugar es lo que hace que piensen que deberían desaparecer”, puntualizó.

Complementando algunas de los factores de riesgo, la psicóloga Nasly Fernández, especialista en psicología infantil, de adolescencia y de familia, dice que, tal vez, uno de los factores mas importantes para analizar es el núcleo familiar del menor.

“Hay que observar qué dificultades se presentan, si los papás se la pasan trabajando y el niño se la pasa solo; si hay dificultades económicas, que de hecho se ha visto que esto es un factor muy importante; si los papás son desinteresados o negligentes, o por el contrario, son muy autoritarios y todo el tiempo están presionándolo”.

El aislamiento: ¿escape o problema?

Teniendo en cuenta que, evitando la propagación del COVID-19 con aislamiento y encierro, la salud mental de los ciudadanos se ha visto deteriorada de manera significativa. De hecho, en Bogotá, este fue uno de los argumentos expuestos por la alcaldesa Claudia López para retomar de manera progresiva a las actividades cotidianas en agosto. Respecto a la influencia que ha tenido el aislamiento de menores de su entorno social y académico con el suicidio, las dos expertas tienen diferentes puntos.

Nasly Fernández asegura que el encierro ha sido un factor de escape para los niños, que no se sienten parte de una sociedad y su refugio es encerrarse en su habitación. Carolina Botero cree que con la cuarentena se incrementaron los conflictos familiares y a su vez, se agudizaron los problemas de salud mental como depresión y ansiedad, que finalmente desencadenan en la decisión de quitarse la vida.

“Algunos niños ven un apoyo social en sus amigos y parejas. Al no verlos con tanto frecuencia, deben incrementarse las conductas de apoyo familiar, las manifestaciones de amor y evitar de esa manera los pensamientos negativos”, dijo Botero.

Por otro lado, dicen, existe una relación de género en el modo instrumental del suicidio. Por esta razón, asegura que los hombres adolescentes, por ejemplo, tienden a morir más al usar métodos más violentos y contundentes en comparación de las mujeres que intentan quitarse la vida, con elementos que tienen gran probabilidad de no funcionar.

Signos de alerta

Para ambas profesionales, la clave para evitar este tipo de situaciones en menores es la atención, que los niños y adolescentes se sientan valiosos en sus entornos familiares y que eviten permitirles aislarse del todo. Estos son algunos de los signos de alarma en conductas suicidas para la psicóloga Fernández:

-Estado de ánimo bajo.

-Repentina pérdida de interés o placer de actividades cotidianas.

-Dificultades en la alimentación o en el sueño. Puede ser que el niño coma mucho o por el contrario, coma muy poco. Que tenga dificultades para conciliar el sueño o que duerma todo el día y se le dificulte levantarse de la cama.

-Si se torna un poco más lento o si por el contrario está agitado todo el tiempo.

-Disminución de peso o aumento excesivo de talla.

-Consumo repentino de alcohol y sustancias psicoactivas.

-Si en su reporte verbal dice que no tiene valor o tiene una percepción negativa de sí mismo y sentimientos de culpa o fracaso.

-Si son menores que se aíslan y niegan la conducta, como los que se ponen audífonos todo el tiempo y no comparten en reuniones familiares.

-Llanto constante o hacen despedidas insinuantes como en cartas o mensajes en redes sociales.

Por su parte, Botero explica que en el caso de menores de siete años, todavía no hay una conciencia real de la muerte. Por esta razón, pueden hacer algo en su contra sin pensar que es un daño irreversible. Por esto, el acompañamiento debe ser inagotable y mantener a los menores alejados de elementos con los que puedan autolesionarse.

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