¿Qué tanto se mantiene el fervor?

Los católicos siguen siendo mayoría, pero otros movimientos toman fuerza.

Archivo - El EspectadorLos católicos son el grupo religioso predominante en la ciudad.

Los años 40 vieron nacer el barrio San Blas, en el sur de Bogotá, con habitantes que llegaban de otros municipios del país. Cuando era un treintañero, la parte alta y la baja estaban tan diferenciadas que los habitantes decidieron dividirlo, respectivamente, en San Blas I y San Blas II, y lo lograron el 18 de marzo de 1987. La razón es que arriba querían contar con la autonomía necesaria para gestionar y acceder a las ayudas que generalmente solo alcanzaban a beneficiar a los de abajo. Algo han logrado, pero entre las añoranzas que mantienen en San Blas II está un templo al que puedan acudir a misa. Sus vecinos cuentan, al menos, con una capilla en la que caben cerca de 20 fieles.

Henry Castro, líder comunal de San Blas II, cuenta que desde hace un año la comunidad convino hacer lo posible por construir el templo, y el terreno lo hallaron en noviembre, en la calle 21 sur con carrera 10C Este. Hasta ahora, para celebraciones como las de esta semana, tienen varias opciones fuera del barrio: el templo del Divino Niño, en el barrio Granada, a tres barrios o 15 minutos de recorrido; el de San Cristóbal, a cuatro barrios y 20 minutos; o el del 20 de Julio, a 10 barrios.

Cuando levanten su iglesia, esta se sumará a los cerca de 360 templos católicos que hay en Bogotá, de acuerdo con el padre Efraín Gallego, asesor de comunicaciones de la Arquidiócesis. Hace 11 años había registrados 343, según una investigación de William Beltrán, profesor de la Universidad Nacional que ha estudiado el fenómeno religioso en Colombia. En ese entonces, Beltrán consideró que se trataba de “un número considerablemente bajo” si se comparaban con “los 919 lugares de culto de los movimientos cristianos no católicos” analizados en su estudio.

Al año, además, se ordenan en la ciudad entre 8 y 10 sacerdotes (hay 540), pero “se necesitarían 15 o 20 para atender la feligresía en Bogotá”, agrega el padre Gallego. “Siempre serán insuficientes”. Estas cifras contrastan con el fervor que se nota en iniciativas como las de la comunidad de San Blas II. Pero es difícil afirmar con precisión si la devoción católica se mantiene en un país conocido por su consagración al Sagrado Corazón. Las multitudinarias procesiones a Monserrate, por ejemplo, a donde subieron cerca de 24.000 feligreses el pasado Domingo de Ramos, parecen indicar que la fe sigue intacta.

El DANE carece de estudios al respecto, pero el profesor Beltrán publicó en 2010 un libro con los resultados de una encuesta realizada en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Maicao, Bucaramanga, Barrancabermeja y varios municipios del Urabá. El 70,9% de los encuestados se seguía considerando católico, grupo al que secundaban los protestantes (16,7%) y los ateos y agnósticos (4,7%).

Los distintos análisis de Beltrán concluyen que mientras los nuevos grupos religiosos tienden a aumentar, los católicos no suelen practicar su fe a diario, sino que la demuestran y la concentran en ritos como los bautismos, funerales y matrimonios o en celebraciones como las de Semana Santa. Esto, agrega, se debe a que la Iglesia ha dejado vacíos que han llenado otros movimientos. El sacerdote Gallego responde: “Los vacíos son más de personas que no han escudriñado bien en la Iglesia católica y no han hecho profundamente su encuentro con Jesucristo”.

Un templo como el que quieren en el barrio San Blas II parece encarnar esa posibilidad de cultivar la fe a diario y, sobre todo, cerca de la casa de sus habitantes. Ha pasado mucho tiempo y tocará esperar aún más: a eso de las 3:00 de la mañana del pasado 28 de marzo, sábado, un fuerte aguacero desestabilizó el terreno donde comenzaban a edificarlo con el liderazgo del padre Il de Araújo. 190 personas debieron evacuar sus casas por el derrumbe y al sacerdote le tocó asumir buena parte de la responsabilidad, ayudándoles con arriendos temporales y víveres. Pero Henry, el líder comunal, dice que seguirán adelante, que siguen soñando con el templo y que le han dicho al padre: “no se vaya a echar de pa’trás por estas adversidades, continúe con el proyecto”. Allí la fe sigue intacta.

 

Temas relacionados