El paro evidenció la división del sector

Taxistas: con menos poder de convocatoria

Los amarillos pretendían colapsar la ciudad, como hicieron hace unos años, pero no lograron sumar ni la mitad del apoyo esperado y tuvieron que recurrir a la violencia, a las vías de hecho y a los planes tortuga. ¿Qué pasó? Análisis.

Los organizadores de la marcha esperaban contar con 18.000 taxistas, pero apenas asistieron unos 2.000. / Mauricio Alvarado

Hace años, cuando los taxistas anunciaban paro, había preocupación. Las autoridades tenían claro que la “furia amarilla” podía colapsar la movilidad. Por eso, cuando sus líderes convocaron en las últimas semanas a una protesta contra las aplicaciones (apps) que prestan servicio de transporte público en carros particulares, los ciudadanos se preparaban para lo peor.

No obstante, pese a que hubo desmanes y algunos ciudadanos sufrieron problemas para movilizarse, la jornada puso en evidencia que poco queda de la unión que caracterizó a este gremio. De casi 100.000 taxistas registrados en la ciudad, los organizadores esperaban que salieran al menos 18.000. Sin embargo, no acudieron más de 2.000.

El paro dejó tres cosas claras. Primero, que el gremio está dividido entre quienes quieren seguir bloqueando la entrada de la tecnología y quienes buscan aprovecharla para repotenciar su labor. Segundo, que los taxistas ya no tienen el mismo poder de convocatoria para bloquear la ciudad. Y tercero, que los usuarios difícilmente cambiarán su parecer sobre las razones que los llevaron a migrar a apps como Uber, Cabify, Beat o Picap.

Estos elementos contrastan con lo que fue el gremio hasta hace unos años, cuando era el todopoderoso en la movilidad capitalina. Fueron los años dorados del taxismo, en los que bastaba un llamado por radioteléfonos para que decenas de taxistas se unieran a respaldar una causa común. Fue también la época en la que los amarillos se deban licencias como decidir qué servicios prestar o buscar formas para alterar la tarifa.

La situación empezó a cambiar hace seis años, cuando arribaron las primeras plataformas de transporte al país, pues estas prometían no solo un servicio más cercano al usuario sino una tarifa más baja. Así, este modelo que dice basarse en la economía colaborativa y la intermediación tecnológica entre conductores y usuarios (a pesar de prestar un servicio de manera ilegal), empezó a cooptar a los pasajeros, que antes solo tenían los taxis como opción.

Lo que fue una solución para miles de ciudadanos se convirtió en un dolor de cabeza para los taxistas, que muy rápidamente notaron un desbalance entre sus ingresos y los que percibían los conductores que migraron a las APP. Por ejemplo, ellos no cumplen con los 14 requisitos exigidos por las autoridades para prestar el servicio público. Solo les basta tener un teléfono inteligente, un plan de datos y un vehículo particular. Es este desequilibrio, que en dinero ronda los $8 millones al mes, el que tiene a los taxistas exigiendo regulación.

Durante el paro, cientos de ciudadanos fueron testigos de cómo los amarillos obligaron a muchos de sus colegas a hacer parte de la movilización. También los vieron tratando de pescar carros que prestan el servicio mediante apps, a los que igualmente intentaron agredir. Desórdenes que contrastan con el hecho de que cada vez son más los taxistas que usan la tecnología e incluso reconocen que les sirven tanto a los taxistas como a los ilegales. El paro fue un revés inesperado para el gremio, que se dio cuenta de que su poder ha mermado y que poco a poco debe adaptarse a las nuevas formas de prestar el servicio de transporte.

Pormenores del paro

Suba. Con menos de 100 taxistas arrancó la movilización en el Éxito de Suba. Allí hubo bloqueos en los carriles de Transmilenio, que vaticinaron el colapso sobre la avenida. La jornada estuvo permeada por ataques vandálicos a taxis que pasaban por la zona y que no se sumaron a la marcha. Hubo disturbios entre los manifestantes y policías antimotines, quienes terminaron disolviendo la protesta.

Usaquén. Hacia las 6:00 a.m. empezó un plantón con un reducido número de taxistas, frente al Portal del Norte. Ante la baja asistencia, un grupo de ellos se volcó sobre la autopista Norte para detener a los vehículos amarillos que estaban circulando y obligaron a sus colegas a unirse a la marcha. Hacia las 9:40 a.m. comenzaron a marchar con acompañamiento de la Policía, y en la calle 100 se disolvió.

Kennedy. La jornada comenzó con más policías que taxistas. Junto a las grúas y uniformados, alrededor de 50 manifestantes se agruparon frente al estadio de Techo, desde donde salieron a las 9:15 a.m. Las protestas avanzaron por la calle 13 con carrera 38, desde donde los taxistas se tomaron dos carriles. Este grupo llegó hasta la Secretaría de Movilidad, donde se tomaron todo el carril sur.

Tunjuelito. Este fue uno de los puntos donde se presentaron disturbios. Desde temprano, varios de los taxistas llegaron a la zona con sus carros. En el transcurso de la marcha atacaron a otros compañeros, rompiendo vidrios y bajando pasajeros. Asimismo, pincharon las llantas de un SITP, mientras que a su paso por la avenida NQS adelantaron un plan tortuga, sobre tres de los cuatro carriles en sentido sur-norte.

Engativá. Al igual que en otros puntos de la ciudad, la manifestación comenzó con pocos taxistas. A las 7:30 a.m., en la terminal Tuyo, cerca de 100 personas iniciaron la marcha, que no estuvo exenta de desmanes y bloqueos sobre la calle 80. La protesta continuó con normalidad. A su paso por la calle 26 se unieron con los manifestantes que llegaron desde otros puntos de la ciudad.

Las otras ciudades que se sumaron al paro

Una de las evidencias de la disminución del poder de convocatoria del gremio de taxistas es que, a pesar de que el llamado a paro fue a nivel nacional, solo se sumaron los taxistas de Cali, Medellín y Bucaramanga. Como en la capital, los taxistas de Cali salieron desde varios puntos. Allí se permitió que la marcha estuviera acompañada por los taxis, por lo que hubo complicaciones de movilidad antes del mediodía. Además, varios manifestantes se encadenaron en la entrada de la sede de la Secretaría de Movilidad. En la capital antioqueña hubo presencia de unos 500 taxistas, también a bordo de sus vehículos, lo que generó cierres de vías principales y la suspensión de parte del sistema Metroplús. En Bucaramanga, aunque no salieron más de 100 taxistas, hubo complicaciones de movilidad debido a que parquearon sus carros en vías y principales e hicieron cadenas humanas.

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Redacción Bogotá - [email protected]

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Taxistas: con menos poder de convocatoria

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