Hostigamiento escolar

Tecnologías que ayudan a combatir el “bullying” en Bogotá

Una aplicación que permite hacer denuncias desde el anonimato y un sistema de alertas del Distrito para reportar presuntos casos de afectación a la convivencia escolar son algunas herramientas para reducir el “bullying”.

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El acoso escolar es una problemática seria. Según la Unesco, su impacto puede tener significativos efectos en la salud mental, calidad de vida y rendimiento académico de los niños. Se estima que quienes son acosados son casi tres veces más propensos a sentirse extraños en la escuela, sus resultados académicos son peores y las probabilidades de abandonar la educación formal, después de la secundaria, son más altas.

“Uno va al colegio a tomar herramientas para salir adelante. No puede ser que en el mismo colegio se les quite a los niños la confianza, algo que incluso puede llegar a definir el éxito en la vida”, menciona Sebastián Sevillanos, directivo de Netducational, organización que usa la tecnología para mitigar el bullying en colegios o el “hostigamiento escolar”, término más acorde al español.

Según Isabel Fernandes, directora de Participación y Relaciones Interinstitucionales de la Secretaría de Educación de Bogotá, este comportamiento es una forma de violencia que se caracteriza por ser intencional y repetitiva. Si un estudiante, por ejemplo, insulta a otro una sola vez, eso no se cataloga como hostigamiento sino como agresión verbal.

“La palabra bullying se ha vuelto común. Ya cualquier broma se considera como tal”, explica Fernandes, al argumentar que, según el decreto 1965 de 2013, existen varias situaciones que afectan la convivencia escolar, las cuales se catalogan en tres tipos.

En primer lugar están los conflictos esporádicos, que no generan daños en la salud ni en el cuerpo; en segundo lugar, el acoso escolar (bullying) y el ciberacoso (ciberbullying) y, por último, las que constituyen presuntos delitos contra la libertad, integridad y formación sexual de la persona.

Lo anterior describe una espiral de violencia que, según organizaciones como la OCDE, debe ser combatida por agentes importantes en la educación de los menores, como escuelas y padres, para evitar las afectaciones que pueden generar.

En 2013, se creó en Colombia el Sistema Nacional de Convivencia Escolar, como herramienta para prevenir y mitigar la violencia en los colegios. En Bogotá, para seguir esta línea, se creó el Comité de Convivencia Escolar, que no es más que un equipo de trabajo, presidido por la Secretaría de Educación, en el que participan el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la Fiscalía y los colegios, entre otros actores.

Parte de los mecanismos de este comité para abordar la violencia escolar es el Sistema de Alertas, una herramienta tecnológica que permite a los colegios reportar las presuntas situaciones que afectan la convivencia para activar los protocolos de atención, como el acompañamiento del ICBF e investigaciones adelantadas por la Fiscalía, entre otras actuaciones.

Cifras aportadas por Fernandes detallan que actualmente 385 colegios oficiales y otros 1.808 privados pueden ingresar y reportar presuntas actuaciones que afectan la convivencia. Esta directiva es enfática en el uso de la palabra “presunción”, ya que, como ocurre con cualquier denuncia, se requiere un debido proceso para determinar la responsabilidad de un acusado.

Es así como, desde enero de 2016 a julio de 2019, este sistema recibe unos 500 presuntos casos anuales en promedio. El número de reportes es más grande, ya que un caso puede significar varios reportes de hechos que afectan la convivencia escolar. El consolidado de este sistema también ha permitido visualizar el panorama de hostigamiento escolar que tiene la capital.

Las cifras muestran que los más afectados son los menores de 11 a 16 años, con más del 50 % de los casos. De estos, las niñas son las presuntas víctimas que más padecen este flagelo, con un 63 %. Los niños, por su parte, se caracterizan por su protagonismo como presuntos agresores, con un 60 %. De todas las agresiones, la verbal es la que predomina, seguida por la violencia física y el ciberbullying.

Se tiene registro, además, de que el 54 % de las agresiones suceden en el colegio, mientras que un porcentaje menor ocurre en la calle y el ciberespacio. “Los estudios indican que, por lo general, el chico que es agresor es víctima de violencia intrafamiliar”, menciona Fernandes, al indicar que muchas veces el bullying en las escuelas comienza por problemas en los hogares.

Otras alternativas

Pero el Sistema de Alertas, y toda la fuerza de trabajo humano detrás de ella, no es la única herramienta disponible en Bogotá. Desarrollos tecnológicos, como las aplicaciones presentadas por la colombiana Connecto y la aplicación española B-Resol, también juegan un papel importante. Sebastián Sevillanos, directivo de Netducational, compañía a cargo del desarrollo de Connecto, explicó que esta aplicación móvil ha permitido reducir el bullying un 50 % en los colegios que la han probado.

“Encontramos que el bullying sigue ocurriendo, porque no se denuncia. Y no se denuncia, porque quien lo hace se considera ‘el sapo’ y este corre el peligro de recibir más violencia por su actuación”, agrega Sevillanos. Es por eso que decidieron incluir en su aplicativo, que en principio fue pensado para facilitar la comunicación entre estudiantes, padres de familia y administrativos del colegio, un módulo anti-bullying mediante el cual se pueden hacer denuncias anónimas.

Estas denuncias se convierten en reportes, que llegan a manos de las directivas del colegio, para que atiendan el caso. El mero hecho de saber que hay alguien (no solo la víctima), que de manera anónima puede denunciar desde un celular, asegura Sevillanos, puede atemoriza al acosador, lo que resulta en disminución del hostigamiento. La aplicación ha sido probada en colegios privados de Colombia, México y Ecuador. Hoy buscan establecer acuerdos con instituciones oficiales.

Estos dos ejemplos muestran cómo la tecnología es apenas un paso en el largo camino que debe transitar la ciudad para combatir esta problemática en los colegios. No obstante, nada de esto servirá si no se mantienen la estrategias, como las que resalta un informe de la Unesco, que apuntan a sostener el compromiso de promover un ambiente escolar seguro; implementar sistemas efectivos para informar y monitorear la violencia y el acoso; las capacitaciones a maestros, y el apoyo y empoderamiento a los estudiantes afectados.

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Diego Ojeda /@Diegoojeda95

Bogotá

Tecnologías que ayudan a combatir el “bullying” en Bogotá

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