Todos los caminos conducen a La Romana

El restaurante italiano La Romana, fundado por César Ianini en 1964, mantiene la tradición italiana de la familia en las tres sedes que tiene en Bogotá. En ellas conserva intactas su decoración y su carta de platos caseros, que sabe apreciar la clientela fiel.

/ Foto: Cortesía Directo Bogotá

En 1935, Antonio Ianini llegó a Bogotá proveniente de Italia a trabajar con un primo dueño del Restaurante Internacional, ubicado en la calle 13 con carrera 7ª. Décadas después, en 1964, su hijo César fundó La Romana, que llegó a tener cinco sucursales, de las que actualmente quedan tres. “Mi hijo comenzó en el negocio hace diez años, así que va a haber Romana para rato”, comenta César Ianini, refiriéndose a cómo su hijo Héctor le heredará el restaurante, con lo que ya serían tres generaciones dedicadas al negocio.

El restaurante de la avenida Jiménez sobresale por su fachada roja, sobre la que cuelga un letrero grande con letras doradas que dice: “La Romana. Desde 1964”. Entrar es teletransportarse a la década de los sesenta. Las sillas y las paredes son de madera, y el piso, como ajedrez de baldosas blancas y negras. Al fondo se ven varios espejos que le dan amplitud al lugar. Cada mesa está decorada con una margarita roja, que contrasta con la base de mármol negro; de igual forma, se observan individuales con una fotografía antigua del restaurante en la cual todavía transitan carros particulares por la avenida Jiménez.

La Romana recoge la tradición culinaria italiana con distintos tipos de pastas, pizzas, sopas, entre otros platos. “En esa época todo era novedad, y no existía la costumbre de comer pasta. En 1935, en Bogotá había varias colonias extranjeras, por lo que la comida del restaurante era de origen europeo”, comenta César Ianini. Antes de La Romana llegó San Marcos, en 1943, cuyos fundadores fueron Carlo y Barbarina Ianini. Aunque no son parientes, ella, que tiene más de 90 años, ha sido cercana a César, quien nació en Maratea (Italia), el mismo pueblo de su padre.

Otras sedes de La Romana

La primera sede del restaurante es la que actualmente queda en la calle 13 con carrera 6ª. “Se ubicó en unas casas republicanas. Eran dos casas y era un restaurante muy grande”, dice César. En 1974 fundaron Salerno en la carrera 7ª con calle 19, que sigue funcionando. Por último, apareció La Bodega Moderna, en la carrera 13 con calle 54. También hubo otro que se llamó Sorrento y quedaba en la Plazoleta del Rosario (antes Pasaje Santafé). Los primeros restaurantes se ubicaron en el centro de Bogotá, donde estaban los principales bancos y empresas de la ciudad. “Luego el norte era Chapinero, el límite de la ciudad, y por eso nos vinimos para la calle 54”.

Todos los restaurantes tenían razones sociales diferentes porque eran de distintos socios, aunque conservaban el estilo de la decoración y la misma carta. “Con el tiempo les fui comprando a los socios y se unificaron todos con el nombre de La Romana. Esa unificación tiene como siete años. Aunque en el caso de Salerno, todavía le conservo el nombre”. El señor Ianini comenta que la unificación no fue fácil, ya que la clientela se molestó porque pensó que lo habían vendido a personas ajenas. Actualmente, La Romana cuenta con cien empleados, entre los que se encuentran meseras, cocineros, panaderos y personal administrativo. Y es que todas las sedes venden, además, panes, salsas y pastas frescas marca La Romana para que el comensal pueda llevarse un pedacito del restaurante a su casa.

El toque de la canasta

El menú muestra una amplia variedad de pastas y pizzas, cuyo precio oscila entre $20.000 y $35.000, pero el plato más vendido es la lasaña. Cabe resaltar, que hay menús para el desayuno, el almuerzo y, como decimos en Bogotá, las onces. Después de las 4:00 de la tarde, se aprecia en la mayoría de las mesas algo particular: una canasta de colaciones en miniatura envuelta en un papel plateado marcado con el nombre del restaurante, donde se asoman un croissant del largo de un dedo índice, un corazón de hojaldre, una galleta polvorosa de azúcar

redonda, una achira, un palitroque, una mantecada de 4 por 4 centímetros y una tostada de mantequilla; para untar se ven dos trozos de mantequilla y una mermelada de frutos rojos. No puede faltar el chocolate como bebida acompañante o, para otros gustos, el té. Ellos los llaman “chocolate completo” o “té completo”. César Ianini, el propietario, cuanta la historia de su incorporación en el menú:

“En una época alcancé a sentir la presión de la competencia y no hallaba qué cosa poner en el horario de la tarde, porque estando en el centro hay vida todo el día; entonces había que sortear las horas de la mañana y las horas de la tarde; tocaba servir onces. Así que un día fui a Chocontá y en un restaurante de la plaza, que ya no está, me sirvieron una canasta de panes monstruosamente grande con una taza de chocolate monstruosamente grande, y me llamó mucho la atención; compré de esos panes, reduje todo a colaciones y empecé a vender los completos. Entonces a la gente le gustó y seguí ofreciéndolos”.

De la copa a la botella de vino

Toda la comida que sirven es elaborada por ellos mismos con ingredientes frescos y naturales, lo cual le da un sabor característico, además de que no lleva ningún tipo de conservante y se hace de forma artesanal. La fábrica se encuentra en la sede de la carrera 13 con calle 54, donde se amasa y prepara cada pan, pasta y pizza que se ofrece en los tres restaurantes. La gente que frecuenta La Romana varía desde estudiantes universitarios y trabajadores de oficina hasta adultos mayores que no pierden la ocasión para sentirse como en el siglo pasado. Con tantos años de funcionamiento, hay una anécdota que llama la atención:

“A mí se me ocurrió, recién empecé con La Romana de la Jiménez, regalarles a todas las niñas que iban, que en esa época eran secretarias de los bancos en su mayoría, una copa de vino; era una cortesía, y en esa época era casi una ofensa mandarle a una mujer un trago, entonces muchas se sonrojaban, otras no sabían qué hacer, pero con el tiempo les fue gustando y decían: “Camine pa’La Romana”. Luego eso trascendió, y pusimos las botellas de vino en las mesas. A mí se me ocurrió y gustó mucho. Ahora todo es distinto, la clientela, la gente que hay en el centro es población flotante; esto se desocupa los viernes. El sábado y el domingo ya es clientela totalmente distinta y se ven algunos turistas”, dice César Ianini.

Los empleados de La Romana comentan que el restaurante ubicado en la avenida Jiménez con sexta es frecuentado por muchos senadores y empleados del Senado, debido a su cercanía, pero entre todos destacan a los exsecuestrados Sigifredo López y Alan Jara, clientes fijos de esa sucursal. De igual forma, por la cercanía con las oficinas del canal CityTv, es muy común ver presentadores, periodistas y figuras de la farándula. También han visitado el lugar el gerente del Banco de la República, Juan José Echavarría, y el cantante de música romántica y tropical Galy Galiano. Por otro lado, muchos de los empleados llevan más de 20 años trabajando, incluso, hay varios que ya se han pensionado.

*Este artículo fue publicado en la Revista Directo Bogotá, de la Pontificia Universidad Javeriana