Transmilenio, nuevamente blanco de ataques por parte de habitantes de calle

Los desmanes, que según la comunidad habían sido advertidos por los mismos habitantes de calle, provocaron daños para el sistema que ascienden a $9 millones.

El Espectador

Vuelve y juega. Las estaciones de Transmilenio del centro de Bogotá, particularmente las ubicadas en inmediaciones al barrio San Bernardo, son nuevamente blanco de desmanes y ataques por parte de habitantes de calle. En la madrugada de este miércoles, varios de ellos –armados con palos y piedras– la emprendieron contra vehículos particulares y la infraestructura del sistema.

Los hechos se registraron en las estaciones Bicentenario, sobre la Troncal de la Carrera Décima, y Hospital, sobre la Caracas, hasta donde llegaron decenas de habitantes de calle que destruyeron vidrios y parte de las instalaciones del sistema, en daños que –según la Administración Distrital– ascienden a $9 millones.

La turba atacó además a vehículos particulares que se movilizaban por el sector y pese a la intervención de la Policía, varios automotores resultaron afectados. “Venía transitando la Avenida Caracas de norte-sur cuando de un momento a otro me impactó una piedra en el panorámico, se veían muchos indigentes, salieron y me estallaron el vidrio”, narró un taxista afectado a Blu Radio.

De acuerdo con los residentes y comerciantes del sector –quienes han tenido que lidiar con la problemática– desde tempranas horas de la mañana del martes los habitantes de calle habían amenazado con tomarse el sector y protagonizar desmanes, alerta que, dicen, no fue atendida de forma oportuna por las autoridades.

No es la primera vez que los habitantes de calle protagonizan desmanes en el centro de Bogotá. A lo largo del mes de agosto y en al menos cuatro oportunidades, las personas que hasta hace tres meses se encontraban en el Bronx se oponen a que la Policía intervenga los sectores de La Estanzuela, Ricaurte y San Bernardo. (Lea: Vuelve y juega: habitantes de calle protagonizaron desmanes en Bogotá)

En tales sectores se ha identificado consumo y distribución de estupefacientes, sumado a la proliferación de organizaciones delincuenciales dedicadas no solo a estas actividades, sino al hurto y la extorsión. Particularmente, las autoridades están tras la pista de mafias relacionadas con los denominados ‘sayayines’.

Según los comerciantes, las personas que viven en la calle duermen frente a sus establecimientos, hacen sus necesidades fisiológicas allí y embadurnan muros, vidrios y puertas con excrementos. También se volvió lugar de trastos y basura. Por estas razones, dicen, cayeron sus ventas.

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