Tras las pistas que dejó Sergio

Una sentencia del Tribunal de Cundinamarca, que reconoció que Sergio Urrego sí fue discriminado; un homenaje en Youtube, y nuevas denuncias contra este plantel educativo narradas por una profesora se conocieron esta semana.

Alba Reyes denunció en El Espectador el pasado 7 de septiembre la discriminación que sufrió su hijo. / Gustavo Torrijos

Un homenaje. El viernes en Youtube se publicó el video “Homenaje a Sergio Urrego”. Lo grabaron Cristina Uribe y Paola Zuluaga, el 12 de septiembre, durante el plantón que hicieron familiares, amigos y ciudadanos para protestar por la discriminación homofóbica que vivió este joven de 16 años antes de quitarse la vida, el pasado 4 de agosto. La canción de fondo es Goodbye cruel world, de Pink Floyd, lo último que posteó Sergio en redes sociales. “Por los derechos de nuestros niños, porque no quiero que a nadie más le pase lo que a mi hijo. Sergio, lucharé por tu causa hasta el final”, dijo ese día Alba Reyes, su madre, y a la fecha no ha faltado un segundo a su palabra.

Una sentencia. Esta semana, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca resolvió la tutela que Alba Reyes, con la asesoría jurídica de Colombia Diversa, instauró para proteger la memoria de su hijo y para sentar un precedente legal que impida que cualquier colegio, justificado en la autonomía educativa, discrimine a sus estudiantes por pensar y sentir distinto. El fallo fue resuelto por una sala de tres magistrados: Sandra Lisset Ibarra, Carmen Alicia Rengifo y José María Armenta, este último fue el ponente del caso y reconoció la discriminación que sufrió Sergio por las directivas de su colegio.

Incluso, dio a conocer una carta que la rectora Amanda Azucena Castillo envió a la Comisaría de Familia de Engativá. “Nuestro estudiante Sergio Urrego no ha recibido una adecuada orientación sexual de sus padres, evidentemente tiene plena libertad de consultar internet, libros, videos, películas, todo tipo de material pornográfico, perjudicial, no apto para su edad, desviando su orientación sexual, declarándose bisexual públicamente”, dice la misiva que terminó en un proceso por abandono contra la madre de Sergio, dos semanas antes de que el joven se suicidará.

El tribunal tuteló cuatro derechos: el buen nombre, la dignidad, la intimidad y la honra familiar, pero se quedó corto, cortísimo, a la hora de ordenar medidas para su reparación. Tanto que una de las magistradas salvó su voto y la otra lo aclaró. La primera, Rengifo, dijo que al menos se debió ordenar al colegio que realizara un acto de perdón póstumo a Sergio Urrego y su familia, e Ibarra, en su aclaración, creyó que la providencia debió pedirle a la Secretaría de Educación de Cundinamarca el diseño e implementación de políticas públicas de educación para que esta historia no se repita.

La decisión solo le ordenó a la rectora Castillo que previniera a los directivos y profesores del colegio para que en adelante respeten el derecho a la intimidad y buen nombre de los estudiantes, sin caer en actos discriminatorios, así como exhortó a las autoridades del sector educativo a que adecúen los reglamentos y manuales estudiantiles a las nuevas realidades sociales y jurídicas, donde discriminar es un delito. Alba Reyes celebró que el fallo advirtiera la discriminación que sufrió su hijo. Estaba contenta como quien se sorprende con un acto de justicia donde estos triunfos son raros y escasos. Sin embargo, decidió apelar la decisión para que sea el Consejo de Estado, en segunda instancia, se pronuncie a fondo y ordene al menos tres desagravios: el grado póstumo de Sergio para dignificar su memoria, el reconocimiento público de la responsabilidad del colegio y la modificación del manual de convivencia del plantel.

Un correo electrónico. Mientras el alto tribunal se pronuncia, las denuncias sobre el Gimnasio Castillo Campestre crecen. Esta vez fueron enviadas por una profesora que hoy trabaja en este colegio y pidió reservar su identidad mientras avanzan las investigaciones, que, al parecer, han desencadenado nuevas arbitrariedades de la rectora Castillo y sus familiares. “Usted no se imagina la presión que han ejercido sobre la directora del grupo al que perteneció Sergio Urrego, miss Diana Castelblanco. La Fiscalía debería tomar su declaración y la de todos los profesores”.

Y continúa: “A ella le quitaron parte de su sueldo, el llamado ‘bono de desempeño’, por no haber hecho anotaciones negativas en la bitácora de Sergio para justificar su homofobia. Esta presión es de parte de la rectora Azucena y su hermana Constanza Castillo. Miss Diana respondió que Sergio no podía tener anotaciones negativas, ya que su comportamiento en general era muy bueno. Esa profesora ha derramado lágrimas de sangre con lo que ha pasado. Hemos visto como varias veces, minutos antes de la hora de salida, la han citado en rectoría para presionarla y seguir culpándola de todo. A nosotros nos reiteran que no podemos hablar con nadie sobre la situación ni hacer declaraciones, ya que esto nos puede traer perjuicios legales. Por eso mis compañeras y yo hemos tenido miedo de hablar”.

En cuatro páginas, esta profesora detalló supuestos descuentos arbitrarios a los docentes, cobros poco claros a los padres de familia, comida al parecer sin medidas de salubridad, falsa publicidad y ausencia de profesores en el Gimnasio Castillo Campestre. De acuerdo con ella, hace algunos meses, cuando Sergio aún vivía, el colegio recibió tres visitas de la Secretaría de Educación, pero la rectora invitó a los funcionarios a su oficina y, a punta de atenciones, evitó que se investigaran estas denuncias de las que las directivas dijeron no querer hablar.

Mientras la situación terminan por aclararla las autoridades penales y administrativas, las palabras que puso Sergio Urrego en su Facebook siguen vigentes: “Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas”.

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@Natal1aH

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Natalia Herrera Durán

Bogotá

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