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“No sabía que fui víctima de la trata de personas”

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Aunque la mayoría de las víctimas son explotadas sexualmente, en la ciudad se han identificado casos de servidumbre y matrimonio servil, como lo que ocurrió con Verónica Garrido quien aún intenta encontrar la tranquilidad junto a su hijo.

El hombre perfecto para Verónica apareció por redes sociales. Era un suizo, radicado en Argentina y conocido de uno de sus primos, que le envió una solicitud de amistad a Facebook. Como todo, comenzó con conversaciones esporádicas y aunque él coqueteaba, ella no le puso mucho cuidado, pero con el paso del tiempo los chats se convirtieron en llamadas diarias en las que se contaban todo lo que pasaba.

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Verónica Garrido es caleña y en ese entonces estaba terminando su carrera de ingeniería. Como pronto terminaría su tesis, el suizo decidió viajar a conocerla a mediados de 2017. “Conectamos inmediatamente y la intimidad fue algo muy lindo y especial. Compartimos un mes juntos y hasta viajamos a San Andrés. Fue el hombre más amoroso, respetuoso y caballeroso que jamás había conocido en mi vida”, dice la mujer.

Así se formalizó su noviazgo y todo comenzó a andar rápido pues, en diciembre, él la llevó a Argentina para que conociera a sus padres y tal fue el encanto, que ella aceptó irse a vivir con él apenas se graduara, con la esperanza de conseguir trabajo allá y además continuar con sus estudios de posgrado.

Hubo señales. Él la obligó a irse de Colombia antes de su ceremonia de grado y aunque ella creía que iba a vivir juntos en su apartamento, la llevó a un barrio aislado y solitario, en Mendoza, donde la mayoría de las casas eran de verano. Los primeros meses siguió siendo amoroso, pero tan pronto Verónica quedó embarazada, él se volvió irritable y la empezó a tratar mal.

Al primer signo de maltrato físico, Verónica hizo su maleta y se fue, pero no encontró sus papeles ni su pasaporte, porque él los había escondido para que ella no lo dejara. Alcanzó a llegar hasta un hostal donde su suegra la encontró y volvió porque él le prometió llorando que no volvería a pasar. A partir de allí todo fue peor.

Al maltrato psicológico tanto de su pareja como de sus suegros, se le sumó el físico, del que Verónica recuerda con detalle algunas situaciones en las que además de lanzarle cosas, intentó ahorcarla o humillarla por su aspecto físico y nacionalidad. “Además, me tocaba limpiar las cabañas que él tiene al lado del restaurante suizo de sus padres, no me pagaban una EPS, yo no tenía un permiso de trabajo y de vez en cuando me daba algo de dinero que me quitaban, alegando que la comida y el techo no era gratis”.

Cuando el bebé nació lo registraron solo con el apellido del padre y Verónica tuvo que seguir trabajando como empleada de las cabañas hasta que recibió ayuda de una tía que evidenció las circunstancias. Lo que hicieron, según cuenta, fue convencer al suizo de que Verónica tenía que volver a Colombia a ver a su madre que supuestamente estaba muy enferma. Él le dio el permiso para salir con el bebé por un mes, pero ella no volvió. Por temor, no llegó a Cali sino a Bogotá, donde se radicó esperando que no la encontraran, pero no fue así.

“Pensaba que estando en Colombia todo iba a ser más fácil y la verdad es que no tuve como denunciar. Fui al consulado y a la Fiscalía, pero no me prestaron atención porque era un tema de maltrato familiar y los hechos habían ocurrido allá y no procedían acá. De la Secretaría de la Mujer me conectaron con Secretaría de Gobierno, donde se abrió una puerta de derechos humanos y ayuda psicológica por parte de la Cruz Roja, que ha sido vital para manejar el terror en el que vivo, porque antes no sabía que fui víctima de la trata de personas”, indica Garrido.

Para Gilberto Zuleta, coordinador del proyecto contra la Trata de Personas y el Tráfico Ilícito de Migrantes de UNODC, este es un delito muy complejo en el que no solamente se presenta explotación sexual, ya que en casos como este hay tanto violencia doméstica como un matrimonio servil, es decir que conviven ambos delitos. “Es importante reconocer estos hechos que no son comunes y romper la naturalización de muchas prácticas, por ejemplo, con la servidumbre doméstica o la mendicidad ajena o las condiciones abusivas en contextos laborales, en especial en las zonas rurales”.

En muchos de estos casos se cree que porque a las víctimas se les están dando techo y alimentación ya se cumplen con todas las garantías laborales, por lo que comienzan a descontarles estos gastos del salario o les impiden renunciar hasta que terminen de pagar algún daño hecho. En el caso de los migrantes, hay altas vulnerabilidades, sobretodo a ser víctimas de trabajos forzados ya que ante sus necesidades se aprovechan y les suelen darles cualquier cosa como pago.

Y es que, a pesar de que más de la mitad de los casos de trata de personas son por explotación sexual, dentro de este delito también se encuentra la explotación laboral, la servidumbre que se da en similares circunstancias, pero por deuda o costumbre; la mendicidad ajena, que se hace para beneficio de un tercero; el reclutamiento forzado, y la explotación reproductiva y extractiva, en los casos de embarazos forzados, el

alquiler obligado de los vientres, o la extracción y tráfico de órganos.

En Bogotá, de acuerdo con el secretario de Gobierno, Luis Ernesto Gómez, en los últimos años se ha fortalecido la ruta de atención a las víctimas de trata de personas y a su núcleo familiar más cercano, dado que muchas llegan con diversas afectaciones a nivel físico, mental y socioeconómico. Asimismo, se ofrecen los mismos servicios a los migrantes y se adelantan acciones para restablecer sus derechos, pues esta es una prioridad que se ha presentado en los últimos años, ya que tan solo el año pasado, 10 de las víctimas eran extranjeras.

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