Un incómodo monstruo de cemento

La planta de cemento La Siberia dejó de funcionar en 1999.

La planta de cemento La Siberia está ubicada en la vía Chingaza, a 10 km de Bogotá. Fue cerrada en 1999. / Cortesía Darío Fernando Isaza

Los tres hornos de la fábrica La Siberia se apagaron en 1999. Fue una de las plantas de cemento más grandes del país y permaneció intacta cuando Cemex, la multinacional que la compró en 1996, dejó de utilizarla porque, simplemente, la maquinaria era obsoleta. Hoy, algunos ciudadanos que transitan por la vía Bogotá-Chingaza se preguntan por qué este monstruo de cemento sigue allí, luego de 14 años de inactividad.

Existe un plan para cambiar el paisaje: “La planta no está abandonada. Desde que terminamos operaciones hemos realizado un desmonte paulatino. Se han explorado posibilidades de desarrollo urbano en estos predios. En este momento estamos haciendo todos los estudios de la mano con entidades gubernamentales”, explica Laura Milena García, coordinadora de proyectos inmobiliarios de Cemex.

De las 347 hectáreas que tiene La Siberia, Cemex planea construir viviendas en las 200 que, según ellos, son urbanizables. “Hay 147 hectáreas de reserva forestal y estamos actuando de acuerdo con el Ministerio de Medio Ambiente. El desmantelamiento de la planta no representa ningún riesgo ambiental. No hay ningún tipo de residuos ni de afectación en la reserva”, dice García.

Sin embargo, este proyecto, como lo admite la multinacional, también se ha visto afectado por la resolución 076 de 1977, que creó la Reserva Forestal Protectora de la Cuenca Alta del Río Bogotá, la cual afecta toda área que esté por encima de los 2.650 metros de altura , es decir, 245.147 hectáreas donde hoy se encuentran 44 municipios. Esta norma comenzó a aplicarse en 2011. Y mientras el Ministerio de Medio Ambiente guarda silencio, proyectos como el de Cemex quedarán estancados. De hecho, este año la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) ha emitido 44 sanciones por construir dentro de la reserva y ha invalidado las licencias de construcción entregadas por las alcaldías municipales.

La planta de cemento La Siberia comenzó a operar en 1929, con un horno Polysius que producía cerca de 150 toneladas de cemento al día. En 1927 Cementos Samper escogió un terreno en las inmediaciones de La Calera, muy cerca del Parque Natural Chingaza, que en ese entonces no existía legalmente. De hecho, dentro de lo que hoy hace parte de la reserva natural de Chingaza, la empresa tenía una mina que durante el siglo XX fue conocida como Palacio. En ese entonces el cemento no era el material de construcción predilecto y, sin embargo, al pasar los años La Siberia se fue expandiendo hasta producir cerca de mil toneladas diarias. Fue por esta planta que el municipio de Usaquén dejó de ser visto como una zona adornada con casas de adobe.

Cuando Cemex compró la compañía Cementos Samper también heredó la mina Palacio. No era poco lo que estaba negociando: la mina Palacio fue uno de los principales centros de producción de piedra caliza durante los últimos 50 años en la ciudad. En el proyecto se cruzó un obstáculo: la minería estaba afectando el ecosistema del Parque Natural Chingaza, constituido en 1977. A Cemex no le quedó otra opción que donar 2.400 hectáreas de terreno al parque.

No ha sido fácil, sin embargo, recuperar las zonas que la planta destruyó. De acuerdo con Carlos Lora, director territorial de Parques Nacionales Naturales, “la donación fue firmada hace un mes porque fue necesario ajustar todos los papeles y los detalles de los linderos. La mina Palacio funcionó a cielo abierto desde 1920 en una zona de páramo y generó afectación en la cobertura vegetal, remoción de tierra y problemas hidrológicos en las quebradas. Fue necesario hacer reestructuración vegetal, sembrar en algunas zonas. Ellos (Cemex) han ayudado a encauzar las aguas y a retirar completamente la infraestructura”.

Frente a la reciente aplicación de la resolución que protege la cuenca alta del río Bogotá, Lora también considera que es necesario revisar la resolución: “Pese a que existe desde 1977, nunca se implementó y nunca se dijo que era una zona de reserva en la que no podían construirse pueblos enteros. La norma ahora parece como restrictiva. Si bien hay zonas de importancia ambiental que quedan protegidas, debe haber una política de restauración. Si no se replantea, vienen conflictos muy grandes”.

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