Por un modelo mixto de aseo en Bogotá

Óscar Parra prefiere que en la licitación de las basuras compitan los privados, pero se reserve una zona para el operador público. Se sacude de las críticas por el estado de los camiones.

Óscar Parra, gerente de Aguas de Bogotá. / Cortesía Aguas de Bogotá

El esquema de aseo que implantó el alcalde Gustavo Petro cumplió dos años y medio. Es una de sus grandes banderas, pues a pesar de que no logró sacar a los operadores privados, como pretendía, sí metió en el negocio a la empresa pública Aguas de Bogotá, filial del Acueducto. Y ahí va, entre críticas por el aparente mal estado de los camiones con los que recoge las basuras y un plan de transformación que, según explica su gerente, Óscar Parra, contempla incluso hasta el cambio de nombre.

Llegó a la empresa en febrero de 2014. ¿Cómo la encontró?

Con una flota deteriorada. Para repararla decreté un plan de contingencia para contratar talleres externos. Estábamos en Ley de Garantías. Era el peor de los mundos. Había problemas financieros y a final de 2014 preveíamos un déficit de $12.000 millones, pero aplicamos un plan de ahorro y logramos $13.900 millones de ahorro ese año, contratando más barato, como el combustible; comenzamos a reencauchar llantas y ahorramos $2.000 millones.

¿Eso no implicó pérdida de calidad?

No. Las llantas reencauchadas funcionan como nuevas. Es una práctica normal en el sector de aseo. También ajusté los cargos administrativos: no necesitaba nueve gerencias y reduje a cinco. Controlé costos de mano de obra.

Pero los sindicatos han hecho múltiples peticiones.

Su aspiración era tener el régimen laboral del Acueducto, pero eso, sencillamente, era quebrar las dos empresas. Llegamos a un buen acuerdo: a los operarios se les paga 12% por encima del salario mínimo. Fuimos responsables y hay paz laboral.

¿Y cómo están las finanzas hoy?

Hay equilibrio. Al cierre de 2014 tuvimos una utilidad de $1.776 millones. Crecimos el 5% en ingresos y solo 2% en costos de operación. Cualquier empresario diría que hay eficiencia.

Es posible que un nuevo alcalde intente cambiar el modelo de aseo que aplicó el alcalde desde 2012.

En Bogotá hay un proyecto público de aseo, más para bien que para mal. Aguas de Bogotá cada día es más eficiente y con un componente de inclusión social impresionante: 56% de operarios son desmovilizados, afros, indígenas, habitantes de calle. Sería contraproducente regresarse. Los bogotanos deben valorar este activo. Además, la Corte Constitucional dijo que no se puede aplicar el esquema anterior. Cualquiera que llegue debe garantizar la inclusión de los recicladores. Y saber que 42% de los operadores de aseo del país son públicos. Si no, ¿por qué Medellín sí y Bogotá no?

Medellín tiene el músculo de EPM.

Claro, y ¿por qué no podemos hacer algo como EPM? De hecho, EPM también tuvo crisis y nos ha pedido ayuda.

Pero el Distrito ha asumido cargas presupuestales muy altas.

Aguas de Bogotá vive de la tarifa, no de cargas presupuestales adicionales. Para iniciar el negocio sí se hicieron inversiones.

Que las asumió el Acueducto, como $80.000 millones en camiones.

Esos vehículos se los estamos pagando al Acueducto. Hay un fondo de reposición al que giramos mes a mes y tiene más de $20.000 millones.

Hay trabajadores que dicen que esos camiones están en mal estado.

La Superintendencia de Servicios Públicos nos hizo dos visitas después de los escándalos de prensa y concluyó que, donde operamos, el servicio de aseo se presta en condiciones normales y con la flota suficiente.

Pero el servicio podría estar prestándose con camiones a los que les han hecho remiendos mecánicos, como denuncian unos trabajadores.

Cada cual ve el mundo como quiere. El 4 de junio dejamos los talleres externos, porque queríamos autonomía y tener taller propio. Ese cambio dio lugar a los comentarios de que había mucho camión en la base, porque los trabajadores no veían antes tantos carros en mantenimiento. Tenemos, obviamente, camiones dañados que hay que arreglar. Trabajamos 365 días en dos turnos. El índice de rotación es normal. Lo grave sería tener la mitad de la flota parada, como alguien dijo, pero tengo el 5,7% en reparación y otro 5,2% en mantenimiento. No puedo negar que hay cosas por mejorar, pero no estoy haciendo malas prácticas, y si las hay, son de trabajadores desobedientes.

Sigue pendiente la licitación de las basuras. ¿Aguas deberá competir o el Distrito le garantizará su zona?

La tendencia de lo que se ha discutido es que exista un modelo mixto, donde Aguas se quede en el 52% y se licite el resto. La otra alternativa es que participemos en la licitación, para lo que tocaría aliarnos con empresas de mayor experiencia. Correríamos el riesgo de no ser seleccionados.

¿De qué depende

De una decisión política del alcalde Gustavo Petro.

Por lo pronto, ¿a qué le apunta?

Si bien somos filial del Acueducto, asumiremos todas las responsabilidades de un prestador del servicio, algo muy importante en nuestra transformación.

¿En qué consiste la transformación?

Ser prestador de servicios significa gestionar las quejas, peticiones y reclamos y, para eso, tener software y oficinas de atención al usuario. Tener un capital de trabajo suficiente. Lo clave es una capitalización, que se aprobó hace año y medio, y hacer unos estudios y pedir unos permisos. Seremos más autónomos y autosuficientes. Incluso, se ha discutido cambiar de nombre para relanzar Aguas de Bogotá como un prestador especializado.

 

¿Está conectado con la visión del alcalde o han tenido diferencias?

Últimamente se ha hablado de la licitación que adelantará el Acueducto para poner contenedores de basura. Hace un año yo era hincha de adelantar este proceso, pero a estas alturas pensaría primero en hacer un piloto. Sería menos ambicioso, porque definitivamente no hay tiempo.