Un POT con enfoque de género para las mujeres de Bogotá

Organizaciones civiles y Distrito plantean la necesidad de establecer en el proyecto una mejor oferta de servicios en las localidades, de tal forma que los desplazamientos sean menores y ellas puedan minimizar las cargas del hogar, para acceder a empleos más rentables.

Las mujeres del  Consejo Consultivo de Bogotá trabajan para que el POT tenga enfoque de género. / Cristian Garavito
Las mujeres del Consejo Consultivo de Bogotá trabajan para que el POT tenga enfoque de género. / Cristian Garavito Cristian Garavito

¿Qué tiene que ver un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) con la equidad de género? Ese documento, que se renovará este año en Bogotá para definir el desarrollo urbanístico en los próximos 12 años, es asociado por la gente con normas técnicas aparentemente ajenas a discusiones como el del papel de la mujer en la sociedad. Sin embargo, como parte de las discusiones previas a su debate en el Concejo, las integrantes del Consejo Consultivo de Mujeres, un espacio donde pueden expresarse las organizaciones de género ante el Distrito, manifestaron la necesidad de que las capitalinas sean incluidas expresamente. El acceso a mayores equipamientos, su rol de cuidadoras, el trabajo no remunerado y la seguridad son algunos temas que, desde su mirada, deben ser puestos en discusión.

Para ellas, el próximo POT tendrá que contemplar un enfoque diferencial pues, según Rosalba Castiblanco, representante del Consejo Consultivo de Mujeres, ahora que existe una política pública de equidad de género, esta deberá ser integrada al ordenamiento territorial que se piensa hacer en Bogotá. (Lea: “No habrá desarrollo en Colombia sin la equidad de género”)

“Las mujeres representamos el 52 % de la población bogotana. Así que tenemos derecho a incidir en el POT. Es imposible organizar la ciudad si no se tiene en cuenta que habitamos y vivimos de una forma diferente a los hombres. En el antiguo Plan, elaborado en el 2000, nuestra mirada fue nula. Como resultado de eso, la desigualdad entre géneros se siguió incrementando al no atender nuestras necesidades, situación que queremos cambiar en el nuevo documento”, explica Castiblanco.

El acceso a mayores equipamientos es una petición crucial. Significa que puedan encontrar a menos de 15 minutos de sus casas todos los establecimientos necesarios para minimizar las cargas del hogar, que han recaído históricamente sobre sus hombros, como cuidar a niños o ancianos, hacer compras para la casa, pagar servicios, entre otras.

En las charlas que mantuvo el Consejo Consultivo con la Secretaría de la Mujer y el Consejo Territorial de Planeación se evidenció que los centros de discapacidad, ancianatos y guarderías 24 horas son los equipamientos que más requieren las mujeres para poder estar en el territorio en igualdad de condiciones a los hombres. (Lea:Hombres vs. mujeres en Bogotá: ¿quién gana menos?)

Mónica Sánchez, representante de la Dirección de Derechos y Diseño de Políticas de la Secretaría de la Mujer, explica que en un estudio realizado por la entidad concluyeron “que el 86 % de las personas encargadas del cuidado de los niños, abuelos o discapacitados son mujeres, lo cual trae consecuencias en el uso de su tiempo y en el desempeño de su profesión u oficio, debido a que la mayoría termina sacrificando su trabajo por quedarse atendiendo las necesidades del hogar”.

También agrega que esa labor de cuidadoras, además de no generarles ingresos económicos, las expone, en muchos casos, a la violencia psicológica o física que ejercen algunos hombres sobre ellas cuando asumen los compromisos monetarios de la familia. Por eso considera que en el POT no solo son necesarios los equipamientos, sino convertir las localidades en pequeñas ciudades donde haya ofertas laborales que disminuyan los desplazamientos.

Sin duda, la incorporación de las mujeres al mercado laboral exige una organización diferente del tiempo, en tanto implica hacer compatible la vida familiar con el trabajo dentro o fuera de la casa. En ese sentido, las distancias a los puestos de trabajo, los horarios y los medios para movilizarse inciden en sus decisiones personales y, por ejemplo, las lleva a elegir oficios de medio tiempo. Eso, a su vez, afecta su remuneración.

Si el POT, entonces, replantea la forma como está organizada la ciudad en estos aspectos, sería más probable que las mujeres dejaran de ganar 15 % menos que los hombres en trabajos de igual responsabilidad, como mencionan las estadísticas del DANE de 2016.

Asimismo, si se organizaran microciudades en cada localidad, ellas ya no tendrían que desplazarse grandes distancias para ir a trabajar, en especial aquellas que viven en la periferia del sur y laboran en el norte de Bogotá. Sus recorridos, que suelen ser poligonales, es decir, implican múltiples paradas (la tienda, la guardería, la peluquería y, finalmente, la casa), serían más cortos al tener esos servicios cerca de su hogar. El tiempo de desplazamiento podrían emplearlo mejor en su oficio o con la familia.

Sin embargo, no solo los equipamientos y el valor del tiempo preocupan al Consejo Consultivo. La seguridad es otro factor que debe ser pensado en el POT con distinción de género, ya que los riesgos de las mujeres en el espacio público son diferentes a los que enfrentan los hombres. De acuerdo con la Secretaría de la Mujer, el miedo a la violencia se convierte en limitación espacial y motivo de exclusión para las mujeres, que evitan salir a determinadas horas o circular por ciertos lugares con el fin de disminuir riesgos.

Las mujeres en Bogotá sufren distintas violencias, tanto en el ámbito privado como en el público: son robadas en mayor proporción que los varones a la salida del trabajo y entre semana; son acosadas e intimidadas en sus trayectos cotidianos y en el transporte público”, señala Sánchez. De ahí que la oferta de servicios y su distribución en el territorio requieren diseñarse con base en información actualizada y diferenciada por sexo, con el fin de responder a la demanda real de atención y prevención, así como de acceso a la justicia.

Ante esas múltiples necesidades, queda claro que, de integrarse la perspectiva de género en el POT, el Distrito asumirá un gran reto: repensar la forma en que está organizada la ciudad para hacer su territorio más equitativo. La decisión de hacerlo es del alcalde Enrique Peñalosa, aunque el Consejo Territorial de Planeación, a cargo de revisar el documento final, puede insistir en la incorporación de los puntos que más afectan a las mujeres.